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Casa de pájaros

mayo 3, 2017
by

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La casa de pájaros está inclinada. Uso la baranda del balcón como referencia y calculo que el poste que la sostiene ya estará a unos 60 grados. Me pregunto cuánto tardará en caerse. Hace doce años estaba a 90 grados. Podría hacer la cuenta, pero no tengo ganas.

Me preocupa mucho el poste. Apenas noto que el paisaje de fondo cambia en primavera. Están cosechando y el campo queda tramado: una franja verde, una marrón. En cambio en verano la vista es monocromática.

Me apuro a pasar la lista de temas. Escucho únicamente mis canciones preferidas porque sólo me queda media hora en la piscina. Una parte de mí se iría en este preciso instante, pero me obligo a permanecer en el balcón y despedirme de la música. Después de Pesaj no podré escuchar música por un año.

A lo lejos se escucha el bullicio de las niñas que  juegan a salpicarse y de las madres que hacen malabarismos con los salvavidas. La piscina está rodeada de ventanales espejados y más allá un balcón mal protegido. Allí estoy, en la punta más alejada, frente a la casa de pájaros.

No puedo soportar la idea de que el poste se venza y la casa se caiga. Estoy desolada.

Los años en los que hacía veinte largos de crol en la piscina y luego me sentaba allí a descansar, la casa estaba erguida y los pájaros de pico naranja se resguardaban en sus paredes de madera. Después la casa comenzó a inclinarse. No recuerdo si fue el año en el que me senté allí recién salida de la sala de operaciones  o el año en que me senté allí durante un difícil posparto, pero sí recuerdo que la inclinación era cada vez más evidente y que los pájaros que llegaban eran apáticos y amarronados.

No puedo dejar que la casa se caiga.

Me pongo de pie y me asomo. No es mucha la distancia que me separa del suelo. Si me cuelgo de la baranda sólo tendría que dar un pequeño salto. Si cruzo hasta la escalera que está en la otra punta alguien podría seguirme con la mirada y preguntarme para qué bajo. Examino los pro y los contra. De ninguna manera quiero llamar la atención.

Me decido por las escalera y bajo. Sería peor si me descubren descolgándome por el balcón. Además llevo la carta de la shivá en la manga. Si me llegan a preguntar, en lugar de explicar la misteriosa e impostergable necesidad de detener la caída de la casa de pájaros, puedo decir que acabo de pasar los siete días de duelo por mi padre. Eso parece explicar todo.

En realidad no explica nada.

Las crocs se me llenan de tierra y se me pegotea la planta del pie. Me detengo al ver una lagartija y espero a que se esconda entre las piedras. Traspaso la valla y llego al poste.

Apenas lo toco, se balancea. Me pongo en cuclillas para examinar la base. Me quedo un rato así, haciéndome la ingeniera. Pongo una piedra al pie del poste. No sirve. Tendría que ser una piedra enorme para que funcionara de tope. Entonces sostengo el poste con la mano derecha y con la izquierda relleno el espacio vacío con tierra. La aplasto con el monte de la luna de mi mano. Cuando siento que la tierra está firme, suelto el poste. Se inclina con fuerza.

Compruebo que el poste quedó más inclinado.

La casa de pájaros se va a caer.

Hay cosas que pasan y no se puede hacer nada.

7 comentarios leave one →
  1. Mariela permalink
    mayo 3, 2017 5:03 pm

    Te leo hace muchos años,siempre me llegas al alma…
    Hoy también, necesite decírtelo.

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  2. Karina permalink
    mayo 3, 2017 5:34 pm

    Me siento muy cerca tuyo, mi casa de pajaros se ve mas inclinada y hace poco me di cuenta………….no creo que pueda detener su caida, tal vez prolongarla.
    Me llegas al alma…..eso te define……..la forma en que nos tocas………..

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  3. Carina milewich permalink
    mayo 4, 2017 11:13 am

    Muy lindo desde hace mucho leo extrañas en el paraíso casa día son mejores Los cuentos

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  4. delia-alfie@hotmail.com permalink
    mayo 4, 2017 4:50 pm

    ME EMOCIONO MUCHO LEER ESTE TEXTO.PIENSO ENTONCES CUANTAS COSAS PASAN QUE SON INEVITABLES PERO CUANTAS SI SE PUEDEN EVITAR SI NOS LO PROPONEMOS GRACIAS POR CADA TEXTO QOE Mndas

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  5. Matilde permalink
    mayo 5, 2017 12:56 am

    Es cierto “Hay cosas que pasan y no se puede hacer nada”
    Pero uno está ahí, eso es lo que importa

    Buen relato!!!

    ,

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  6. ithiel permalink
    mayo 12, 2017 6:26 pm

    Querida Judi…..ahora sé porqué te extrañé de una manera muy diferente a cuando dejabas de escribir por estar muy ocupada en tus deberes de esposa y madre o cuando te enfermaste de gravedad.
    Es muy difícil para mí ver diariamente la inclinación de esa casa que dio cobijo a muchas aves…aún tengo esperanza que alguien la repare y la renueve…..creo que aún podría albergar y dar más…Mi parte humana simplemente no lo acepta.
    Sé que voy a extrañar a mi ima…de hecho son nueve meses en que despierto y al escuchar su voz aún creo que es ella de regreso de ese lugar perdido al que se fue.
    Y tu vienes a recordarme que es cierto….que un día tendré que aceptar que cumplirá su ciclo de vida en ésta eretz …..y no podré hacer nada para evitarlo.

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