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Enero

enero 19, 2017
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Te pasás enero hablando. Las chicas llegan a Israel a montones y quieren hablar. Tienen los días ocupados, clases de la mañana a la noche, pero no les alcanza, quieren más. Ir al kotel todos los días, conocer al jasid australiano, amanecer en Masada y acampar esa misma noche a orillas del Kineret aunque la temperatura esté bajo cero. En la mitad de todo eso te llaman porque quieren hablar. Sos conflictuada, ácida y directa -te dicen-, por eso quiero hacerte unas preguntas. Vos preferirías que te llamaran porque sos normal.

Vienen de a grupos y te hacen cuestionamientos que ni llegás a responder. O vienen solas y te cuentan su historia pidiéndote ayuda para descifrarla. Vos te cansás de decir que no tenés mucho para aportar, que ni siquiera podés interpretar lo tuyo, que no tenés autoridad.

Te pasás enero repitiendo la historia del vestido de novia que no querías usar, la enseñanza del ascensor de Sarah Yoheved Rigler, la anécdota de tu marido desmayado después de escuchar por primera vez la historia  del “Purim fest” de Nuremberg.

Te pasás enero diciendo cosas insólitas o incomprensibles:  te preguntan si tenés un gabinete de pelucas y contestás que no, pero que de joven escuchabas Gabinete Caligari. Te preguntan si sentís que vivís en la prehistoria y contestás que ya hay internet en el shtetl.

Te pasás enero reflejándote en ellas. Te reconocés a años luz en su sheakol avergonzado, en su falda estampada con perritos, en su búsqueda constante de parámetros. También te reconocés a minutos de distancia cuando te cuentan cómo Hashem las puso a prueba. Das consejos y te sacás la responsabilidad dejando en claro que son consejos que ni vos misma podés seguir.

Pasás enero aterrada por el miedo de decir algo incorrecto o algo que no se entienda o que se entienda mal. Algunas lloran y vos lloras con ellas. Te duele darte cuenta de que todavía compartís una pregunta y te duele también cuando la pregunta no la tenés más. Las conocés diez minutos y ya las querés. Te pasás enero con tus futuras amigas y te asombra y te alegra comprobar cómo se expandió tu corazón judío.

Te pasás enero desbordada de sentimientos. Viene la hija de una amiga de la infancia y la abrazas fuerte como para recuperar las tardes de domingo en Villa Crespo y el sabor de las masitas de su abuela. Viene la que fue a tu mismo colegio y se ríen recordando las rateadas en el entrepiso. Vienen con sus espejos de la máquina del tiempo y se quedan en tu casa mientras preparas la cena y tu hija juega con los rastis en el suelo.

Viajan más de 12000 kilómetros para encontrar respuestas. Algunas entran como Kramer al departamento de Seinfeld. A otras hay que insistirles para que pasen el umbral de la puerta. Todas llegan con su neshamá en carne viva. No saben si quieren dejar de comer jamón y queso, pero quieren una vida con sentido. Se cansaron de pintarse el pelo de violeta, ir a la marcha de “Ni una menos” y después darse cuenta de que sólo les interesa gustarle al chico de Instagram.

Te pasás enero hablando y te preguntás si tus palabras tienen sentido. Estudiás lo que Iemima Mizrahi dice de esta parashá: En Shemot las mujeres se ven forzadas a buscar sus propias soluciones: Tzipora, cuando ve que su hijo tiene ocho días y su esposo Moshé no lo circuncida, decide hacerle el brit milá ella misma para preservar la continuación del pueblo. Dice Iemima que nuestro desafío también es preservar la continuación de nuestro pueblo -no haciendo brit milá- sino construyendo con una buena milá, con buenas palabras.

Te pasás enero buscando esas buenas palabras y no las encontrás. Querrías ser sabia, inspiradora y concreta pero te sale ser cariñosa, tonta y sincera. Le pedís a Hashem que ponga calidad a tus palabras y te pasás enero hablando mientras en Jerusalem, enero pasa.

17 comentarios leave one →
  1. Vale fuica permalink
    enero 19, 2017 4:03 pm

    Excelente como siempre! Me saco el sombrero. Clap clap

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  2. enero 19, 2017 4:59 pm

    uaaaaaaaaaaaahhh!!!!! me di cuenta el otro día que sin darme cuenta volví a un sentimiento que tenía cuando te leía en “el sabor del rimón” y era: necesitar que escribas, esperar que escribas. cuando hoy a la mañana recibo el mail digo, al fin! y te leo y lloro como antes. no es que me desentiendo ni nada de eso, sólo que a veces me siento como la de pollera de perritos aunque me haya comprado hace un minuto el libro de marie condo decidida a tirarla para siempre.
    genial mi queridísima amiga

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    • enero 19, 2017 5:20 pm

      Yo sólo estoy ansiosa por escribir “febrero”. Quiero el libro de Condo, “Villa del Parque” ya me lo mandó mi papá.

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  3. Vicky S. permalink
    enero 19, 2017 9:33 pm

    Mi querida Judi. Por estos tiempos entiendo que las respuestas nunca terminan de ser finalizadas. Siempre, son dinámicas, mutan y dependen del tiempo que estamos atravesando, de las preguntas que nos estamos haciendo en ese tiempo, del pensamiento que se cruzo.

    Tal vez las viajantes piensen que allí, con el kotel de frente y en Ierushalaim empelucada, es mas fácil y todo esta resuelto. pero sin dudas, vos sos una excelente ejemplo y una clara transmisora que mostras que vivís preguntando y respondiendo, y mostras que esas preguntas son dinámicas, que un día tienen una respuesta y otro día una diferente.

    Les mostras que hay que construir puentes, entre lo uno y lo otro, lo de ayer y lo de ahora, lo que era y lo que es. pero por sobre todo…..vos sabes lo que ES…… y finalmente….siempre terminas en la verdad. Que tus palabras sigas inspirando…..

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  4. rajel simja permalink
    enero 20, 2017 7:12 am

    siempre las leo y nunca escribi. pero esta vez lo necesito, me hiciste llorar.hermoso.
    hice alia con mi familia hace 5 meses, vivimos en bnei brak y bli neder la proxima vez que vaya a ierushalaim, yo tambien quiero ir a tu casa a hablar con vos!!!! a guit shabesss 🙂

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    • enero 20, 2017 7:27 am

      Hola Rajel! Alia a Bnei Brak… otro nivel en todo sentido 😀
      Me encantaría conocerte, te paso mi tel por privado

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  5. Carina permalink
    enero 22, 2017 11:00 am

    Judy Cuantas enseñas dejas en tus palabras recuerdos las chicas llegan anciosas por buscar la solución
    Llegan con ganas de ir al kotel a mar muerto en fin. A conocer Israel
    Carina milewich

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  6. ithiel permalink
    enero 23, 2017 11:46 pm

    Querida Judi, si hay algo que me queda bien claro es que enero para nada es aburrido para vos.
    Y ya en serio….solo por lo que nos platicas podemos darnos al menos una idea de lo difícil que debe ser tomar la responsabilidad de encausar de alguna forma a otras personas en éste derej de restauración espiritual. El conflicto de saber si lo que dijiste fue correcto para éstas mujeres.
    Sí, sí…ya sabemos que nunca ha sido tu intención inspirar a nadie vale…pero qué le vas a hacer si tienes el talento. Imagínate…si hasta Andi te extraña, ¿dónde quedamos las demás?.
    Besos también para ti querida Andi.

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  7. Tamara Schoenfeld permalink
    enero 24, 2017 10:10 am

    Me encanto – sobre todo el final
    Que torbellino!
    Gracias por compartir

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    • enero 24, 2017 7:13 pm

      Gracias Tamara!! estoy segura de que tu torbellino es mucho más fuerte que el mío!! fuerza.

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  8. enero 24, 2017 12:23 pm

    Me hiciste llorar, me hiciste volver 10 años atrás cuando estaba empezando a conocer la Tora, y hoy BH no puedo creer en donde estoy. Gracias Hashem y gracias a vos por traer estos sentiminetos de vuelta.

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  9. Iara permalink
    febrero 14, 2017 11:15 am

    Me dijo mi amiga Rajel que existía este post y te digo, ES PEC TA CU LAR, este fue mi primer enero de este lado de la obra y es tal cual lo describís, tan divertido y a la vez cargado de responsabilidad, una responsabilidad que dudo que en algún momento sintamos que tenemos la capacidad de sostener, pero sí, personas desfilando en las mesas de shabat (sí, sí, las seudot son una commodity), muchos cafés en aroma, en café neeman, en mamila, etc, etc, encontrarse con las personas más inesperadas en el colectivo o el rakevet o caminando por iafo y pedir secretamente a Hashem que te ponga las palabras justas en la boca, así más o menos se pasa la cosa, pero con la cuota de humor que le pusiste, me hiciste reír y casi llorar a la vez, increíble y es tal cual. y lo de las preguntas… te duele tenerlas y te duele no tenerlas. tal cual. todo tal cual. Empiezo a entender desde otro lado lo que hablamos el otro día, tengo que darle una vuelta a la idea.
    Gracias

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