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Día 12: Money money

septiembre 14, 2016

Me recibí de perito mercantil en uno de los mejores colegios de Argentina pero uso los dedos para sumar siete más cinco.  Aclaro por si algún contador público se agarra la cabeza después de leer este artículo.

No sé nada de economía, ni de finanzas pero en algún momento de mi vida intenté llevar las cuentas de mi casa de forma organizada; tal como aprendí en el colegio hacía dos columnas: una del “debe”  y otra del “haber” y anotaba los ingresos en la primera y los egresos en la segunda.

Siempre me molestó la incongruencia de que en la columna del “debe” se anoten los ingresos. Por más que entiendo que se la denomina así por “débito” para mí “debe” es lo que yo debo y no lo que tengo.

Hoy veo detrás de esa molestia un mensaje oculto: hay un “deber” con nuestras posesiones. La palabra tzedaká viene de “tzedek”, justicia. Tenemos una obligación moral con lo que Hashem nos entrega. Somos sus administradores y el valor de un bien material está dado por el uso que le damos.

¿Cómo usamos lo que tenemos? Ser materialista tiene más que ver con la manera de relacionarse con las cosas que con tenerlas o no tenerlas. La vida espiritual y la riqueza no son excluyentes.

No hay que preguntar tanto cuánto cuesta algo. Mejor preguntar cuánto vale. Cien pesos dados una persona en necesidad tienen un valor inmensurable.

El problema no es cuánto tenemos sino cuánto de eso se necesitamos para sentirnos exitosos. O felices. O realizados. Cuánto nos identificamos con nuestras posesiones. Cuántas carencias creemos resolver con ocho pares de zapatos.

Hace tres años propuse este desafío. Hoy lo repito.

Hay un ejercicio en el libro “Battle Plans”  de la rabanit Tziporah Heller y Sara Yoheved Rigler que ayuda a encaminar el tema del dinero (plan 25: Elige espiritualidad sobre materialismo)

1. Definir tu objetivo en la vida. Ese objetivo tiene que ser espiritual e involucrar a tu alma y tu relación con Hashem. Tiene que ser algo eterno y trascendente, algo que siga teniendo valor aún cuando tus posesiones, tu familia y tu cuerpo haya desaparecido de esta tierra. Escríbelo.

2. Admite que no te puedes mover en dos direcciones opuestas. Tienes que elegir entre comprometerte para el progreso espiritual o comprometerte con el progreso material.

3. Elige.

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  1. Amalia permalink
    septiembre 14, 2016 4:38 pm

    Aaandaaaa !!! Perito mercantil, como Mercedes Sosa !!!!
    Uf ! La vida de una persona rica que quiera buscar la espiritualidad, debe ser una tarea tan difícil, que no sé si yo sabría vivirla como corresponde… La verdad es que me he preguntado muchas veces, si sabría gestionar con justicia el exceso de riqueza… y digo “exceso”, porque el hecho de no tener que preocuparnos por qué comeremos cada día, ya es un lujazo… ¿no?

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