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Día 6: Un retazo de teshuvá

septiembre 8, 2016

Hoy me desperté con una idea genial para este proyecto. Mientras me lavaba los dientes, en mi cabeza no paraban de surgir frases ingeniosas, conceptos profundos, ocurrencias divertidas. Escribí ese artículo en mi pensamiento mientras preparé las viandas, vestí a mi hija, la llevé al gan. Una hora y media después aquí estoy, sentada frente al teclado, dispuesta a escribir. Ese grandioso artículo no me lo acuerdo.

Ahí viene mi ietzer hará, discúlpenme un momento:

-Te dije que era difícil. Una propuesta y un artículo por día es demasiado, no deberías haberte comprometido –dice él.
-Claro –le contesto.
-Deberías abandonarlo –insiste.

Perdonen la interrupción, es que yo escucho todo lo que dice mi ietzer hará. Cuando tuve que decidir si encarar o no este proyecto me dijo –mi ietzer es muy astuto- que volvería a cometer el mismo error que hace tres años, cuando hice aquel otro desafío que según él no me sirvió para nada.

Para persuadirme, el ietzer hará utiliza siempre la misma técnica: toma algunos hechos reales pero los interpreta como le da la gana. En ese caso, primero me convenció de  que como cada día tendría que dedicarme a escribir y pensar los desafíos, al final no tendría tiempo de cumplirlos. El segundo argumento que utilizó, el más tajante y definitivo, fue recordarme que en el Iom Kipur de hace tres años, a pesar de haber creído que había llegado preparada, se me había decretado el peor año de mi vida.

Tenía razón, era irrefutable su teoría. Aquellos desafíos no habían servido para nada. Si aquella vez, a pesar de mis esfuerzos se me había decretado una enfermedad que me dejó sólo a unos centímetros de la muerte, no valía la pena –hasta podía llegar a ser peligroso- volver a intentarlo.

Sara Yoheved Rigler en su cuento “Los judíos a quienes odio” (en el libro Heaven Prints) relata que a una amiga se le ocurrió una idea fantástica para promover ajdut: organizó una fiesta de cumpleaños y cada invitada se tuvo que disfrazar del prototipo de judío a quien más “odiaba” y dar un discurso desde ese lugar defendiendo su postura.

Sara Yoheved Rigler cuenta su experiencia personal -no revelaré aquí de quién se disfrazó-  y asegura que el ejercicio fue transformador. Pudo ver las cosas desde otra perspectiva, y ahora si bien no justifica esa postura, se sacó de encima el odio que la invadía y reconoció que quienes la postulan no lo hacen desde un lugar de maldad. Dice allí que tal como se aprende de la reprimenda que Bruria le hace a Rabbi Meir: se debe odiar la transgresión pero no al transgresor.

Me voy a inspirar en esa enseñanza para la propuesta del desafío del día: Vamos a sacarnos un poco de “odio” de adentro. No lo haremos con personas ni con grupos sino con algún acontecimiento de nuestro pasado frente al cual tengamos un sentimiento conflictivo.

El ejercicio de hoy vendría a ser como unos binoculares para mirar con más precisión un acontecimiento malinterpretado del  pasado. Si tenemos mucha suerte serán Rayos X que nos mostrarán el plan Divino que se encontraba detrás.

El ietzer hará son las historias que nos contamos. Es ese cuento que repetimos usando siempre las mismas frases. Hoy vamos a reconsiderar  alguna historia que el ietzer nos cuenta mientras nos hace un nudo en la garganta. Vamos a intentar modificarla o por lo menos entenderla desde otro lado.

Yo ya he probado este ejercicio y me ha dado buenos resultados. Gracias a eso estoy aquí con esta propuesta. Como ya conté, mi ietzer no pierde oportunidad para remarcar que  los pequeños esfuerzos por mejorarme no sirven para nada. Saca la carta ganadora y me recuerda que hace tres Elules yo no logré nada proponiéndome mínimos cambios y  hasta me amenaza recordándome que aquella vez por poco muero.

Mi metabolismo espiritual debe ser lento, porque tardé bastante en digerir esa historia pero después de haber hecho este ejercicio puedo ver  las cosas desde otra perspectiva, descubrir el engaño del mal insitinto y entender que si hoy sigo viva fue gracias a lo poco -casi nada- que durante aquel Elul había hecho.

Hoy estoy segura de que aquel desafío salvó mi  vida. La mínima teshuvá de esa época fue lo me protegió de un decreto peor.

Que dentro de 34 días nuestra teshuvá sea aceptada y que todos seamos inscriptos y sellados en el libro de la vida.

 

4 comentarios leave one →
  1. leah bendahan permalink
    septiembre 8, 2016 1:05 pm

    Judi debo ser un poco torpe pero no entendí muy bien en q consiste la prueba de hoy…

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    • septiembre 8, 2016 2:42 pm

      Leah, no sos vos, soy yo.

      Seguramente lo expliqué todo mal. Lo intento nuevamente: Se trata de reconsiderar algún hecho de nuestro pasado que nos moleste, nos duela y ver si lo podemos enmarcar de otra forma.

      Se parecería a buscar lo bueno dentro de lo que consideramos malo. No es exacto eso, pero se acerca..

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  2. leah bendaha permalink
    septiembre 9, 2016 3:59 am

    Ok,voy a ello.gracias

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  3. ithiel permalink
    septiembre 12, 2016 11:55 pm

    Judi, no sé si en verdad Hashem me ama o es más su atributo de misericordia par mí porque en mi pasado reciente acabo de ver con esos binoculares y la perspectiva definitivamente fue muy diferente a la creí haber visto en aquél suceso.
    Toda raba!

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