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Día 3: Empezamos por el final

septiembre 5, 2016

Ayer  me bombardearon con preguntas acerca de este desafío grupal. Las más recurrentes fueron ¿Qué hay que hacer? ¿Cómo llego a Iom Kipur preparada? ¿Tengo que hacer todo lo que vos digas? ¿Qué pasa si un día no puedo hacer el desafío? ¿Con esto me aseguro un buen decreto? Esas son las respuestas respectivas: No tengo idea. Qué se yo. No. Nada. Ni en chiste.

Para organizarnos un poco aclaremos algunas cosas:

  1.  Este desafío no reemplaza cualquier otro trabajo de Elul que acostumbren realizar. No reemplaza los shiurim, las kavalot, las lecturas y mucho menos las tefilot. Lo llamamos desafío pero lo podríamos haber llamado juego. No soy rabanit -no hace falta que lo aclare- y tengo muchos menos conocimientos y capacidades que la mayoría de ustedes, así que desde aquí sólo intentaré que nos movilicemos un poco, que salgamos de nuestra zona de confort y nos esforcemos por acercarnos a Hashem.
  2.  Puede participar quien quiera y de la manera que prefiera (aceptar los desafíos que le interesen e ignorar el resto o hacer cada una de las propuestas al mismo ritmo que yo; pueden compartir sus experiencias con los demás o participar en silencio). Todo vale. Lo único imprescindible es ser sincero con uno mismo, reconocer el nivel en el que cada uno se encuentre y actuar en concordancia. Lo único importante es avanzar y recordar que cualquier progreso, por más pequeño que sea, es significativo y eterno.
  3.  Para que nuestros esfuerzos queden registrados aconsejo designar un cuaderno para anotar las experiencias diarias. Pueden ser textos largos o frases sueltas, eso  no importa, pero al finalizar nos va a servir tener en la mano un comprobante y recordatorio de lo que  hemos hecho.
  4. Están invitados a compartir sus experiencias en los comentarios. También pueden proponer  ideas, subir o linkear material interesante o directamente escribir artículos. Cada uno puede elegir la manera en la que va a participar (punto dos), pero les recuerdo que Hashem al sellar nuestro decreto en Kipur tiene en cuenta si somos personas necesarias para el mundo. Me gusta pensar que inspirar un cambio positivo en otros, dar ánimos o ser un ejemplo de conducta entran dentro de esa categoría. No se pierdan esa oportunidad.
  5.  Creo que no hace falta que lo diga, pero como estamos en un lugar público prefiero aclararlo: Cualquier comentario deberá estar libre de lashon hará. Si la experiencia que queremos compartir implica a otras personas, evitaremos usar nombres verdaderos (fulana y mengana siempre funcionan) o dar datos que puedan ser identificatorios. Acá nos concentraremos en nuestro trabajo personal y no en el que creemos que deberían hacer los otros.
  6. La tristeza, la culpa y los malos pensamientos no nos ayudan a acercarnos a nuestro Creador, ya lo sabemos. Sin embargo tenemos que saber diferenciarlos del esfuerzo emocional y espiritual (a veces también físico) que implica la teshuvá. Hay que saber que el ietzer hará va a venir a por todas contra nosotros y hay que estar atentos para identificarlo.

Ahora sí, basta de tanto preámbulo. Empezamos.

Día 3: Limpieza de agenda

¿Ustedes son de los que comen lo más rico del plato al principio o lo reservan para el final? Yo voy comiendo primero todo lo que me gusta menos (el borde del pan, la clara del huevo) y me reservo para lo último lo que más me gusta. Ya sé que así termino comiendo lo más rico sin hambre, pero en el plato, así como en la vida, prefiero empezar por lo más difícil y quedarme tranquila que ya está hecho.

Así que hagamos de cuenta que hoy es erev Iom Kipur. Tenemos la sopa de pollo en el fuego y el mantel blanco sobre la mesa. Estamos listos o eso creemos, porque de golpe pasa por nuestra cabeza, como una nube negra, un nombre y un llamado que no hemos hecho.

Nos dedicamos los días previos a Kipur a pedir perdón al prójimo. Sabemos que en lo que respecta a mitzvot bein adam lejaveró seremos perdonados por Hashem sólo si antes hemos sido perdonados por la persona contra la que cometimos la ofensa, pero algunas veces hacemos sólo llamados insulsos, como para sentir que salimos de jová -perdón por cualquier cosa que te pudiera haber hecho- decimos al pasar, y cambiamos de tema rápido.

Muchas veces no nos atrevemos a hacer “aquel” llamado. Si empezamos a prepararnos desde hoy, este año quizá sí nos animemos antes de terminar sentados en la sucá reprochándonos por no haberlo hecho.

El problema es que a veces ni siquiera uno mismo sabe lo que siente, lo que piensa, lo que lleva dentro.

El otro día salí temprano de casa. La mañana estaba soleada pero fresca y mi hija se deslizaba por una barranca con su monopatín. Me senté en un banco, aburrida y comencé a bajar uno a uno por los contactos de mi teléfono.

No sé si habrá sido por el silencio de la mañana o por la tranquilidad del instante, pero en ese momento descubrí pensamientos que no sabía que tenía. No soy una persona rencorosa y en general me cuido de guardar resentimientos, sin embargo frente a cada nombre que aparecía en la pantalla de mi teléfono, a mí se me presentaba un mal sentimiento: esta no me devolvió el libro que le presté, la peluquera me atendió mal aquella vez, la hija de esta otra rompió el vidrio de mi ventana.

Me quedé horrorizada. ¿Estos son los pensamientos que tengo acerca de las personas con quienes me relaciono? Me creo Heidi y al final soy la señorita Rottenmeier.

En ese mismo instante se me ocurrió un ejercicio como antídoto que también será nuestro primer desafío:

Habrá que bajar por cada contacto de nuestro teléfono o cada nombre de nuestra agenda y registrar en nuestra cabeza el primer pensamiento que se nos presente acerca de esa persona. Si la apreciación no fue positiva, escribiremos al lado del nombre tres cualidades positivas de esa persona (o cosas por las que le estamos agradecidas). La idea es que esos nuevos pensamientos reemplacen al negativo y podamos ver la nekudá tová sobre todo.

El ejercicio se puede poner un poco más difícil si llegamos al nombre de alguien con quien hayamos tenido un alejamiento. En este caso aparte de las tres cualidades positivas de la persona podríamos considerar hacer un llamado de acercamiento, que no tiene por qué implicar disculpas si no son pertinentes. Ustedes saben a qué me refiero. A la amiga a la cual dejamos de llamar porque un día decidimos que era demasiado posesiva, aburrida o enigmática.

Todavía más difícil será si aparece el nombre de alguien a quien sabemos que le hemos hecho daño. Si sé que lastimé los sentimientos de un familiar, tengo que tener el coraje de levantar el teléfono y disculparme. Si sé que me comporté mal con un cliente, tengo que tener la valentía de recocerlo y resarcirlo. Ese será un llamado que requerirá valentía, pero con el que nos ganaremos unos cuantos puntos para el día del juicio.

Si nos toca llegar a un nombre  de alguien que nos ofendió o nos lastimó a nosotros, también escribiremos tres cualidades buenas pero a eso le sumaremos el esfuerzo de perdonarlo en nuestro corazón aunque no nos haya pedido perdón. No es nuestra obligación perdonar a quien no ha hecho teshuvá por sus actos, sin embargo es una midá de jasidut que podemos trabajar.

Todo esto dentro de lo normal. Estamos hablando de relaciones sanas. Cada ejercicio es una generalización, no puedo entrar en los detalles de casos extremos. Allí entran ustedes con su sensibilidad, sinceridad y sentido común para saber dónde están parados. Nadie debería intentar reconciliarse con un abusador o está obligado a perdonar una deuda económica. Para guiarnos en casos extraordinarios tenemos las halajot. Cualquier duda consulten con su rabino.

En fin (o en principio), el objetivo de este desafío es limpiarnos de malos sentimientos vanos y quedar con una agenda y una cabeza más limpia. Espero sus comentarios a medida que lo vayan haciendo. Lo pueden ir haciendo de a poco o todo de golpe, como ustedes prefieran. Tenemos tiempo.

Quedan 37 días.

telefono

 

 

 

8 comentarios leave one →
  1. yanina permalink
    septiembre 5, 2016 10:35 am

    Primero yo creo debemos apreciar y reconocer lo que valemos y el valor de los que nos rodean

    Jodesh Tov!

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  2. Amalia permalink
    septiembre 5, 2016 5:21 pm

    ¡ Uuuuuuuffffff ! ¡ Menudo comienzo ! … Este juego es para gente valiente: ¡ me apunto ! 😎😱

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    • septiembre 6, 2016 6:12 pm

      Me gusta tu comentario porque hace notar que te lo tomás en serio. ¡Adelante mis valientes!

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  3. Coty permalink
    septiembre 6, 2016 5:57 pm

    Muy bueno! Me sentí en cierto modo haciendo elul y limpieza de pesaj al mismo tiempo….. Cuando hice el ejercicio descubrí que en realidad la gente hacia quien puedo sentir algo no tan bonito, son gente maravillosa con cualidades para admirar y que en realidad no tengo suficientes motivos para justificar ese sentimiento. Hace años aprendí, por experiencia propia, que pedir por las personas hacia quien uno siente algo negativo k sucedió una mala experiencia, es el mejor antídoto para el, en definitiva, sinat jinam, y lo que acerca los corazones.
    Gracias a este reto logre expulsar k al menos definir las molestias que siento hacia algunas personas, y pedir hoy en mi tefila por ellas para que tengan shana tova umeborejet y hashem los bendiga con todo lo mejor.

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    • septiembre 6, 2016 6:18 pm

      Coty, te quiero confesar que cuando releí los artículos de hace tres años y veía tus comentarios pensaba “pero yo debería haber dicho lo que dijo Coty”. Veo que la historia se repetirá este año.

      Lo que decís es exacto y lamento no haberlo incluido en el trabajo. Espero que todas lleguen a leerlo, porque es esencial lo que decís acerca de pedir en la tefilá.

      Beso y shkoiaj

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      • Coty permalink
        septiembre 6, 2016 6:56 pm

        Noooo
        Tus post y comentarios son insustuitibles!! Dices lo que justamente tienes que decir!! Y baruj hashem por eso

        Además… El reto es grupal verdad?? Los comentarios son de todo nuestro grupo y para el grupo
        Besos a todas

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  4. ithiel permalink
    septiembre 12, 2016 9:36 pm

    Aquí voy Judi…dije que aunque este año entré tarde, espero alcanzarlas y seguir intentándolo.
    Descubrí que las personas con quienes tuve alguna situación desagradable, tienen mucho más obras positivas que yo. Y para el colmo de mi vergüenza, una de ellas vino a mi casa para pedirme que la perdonara por lo que me había hecho. Nos dimos un fuerte y sincero abrazo y ahora todos los días viene a preguntar por el estado de salud de mi mamá.

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