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La silenciosa en el desierto

mayo 25, 2016

“…cuídate de la silenciosa en el desierto”
Alejandra Pizarnik

Los jueves a la noche me acuerdo de Rosh Hanikrá. Me preparo un café y lo tomo a sorbos en mi balcón mientras sueño que un día volveré allí.

Rosh Hanikrá es un nombre que le puse al silencio. No es que me siento y pienso en el lugar físico, en ese paisaje impresionante frente al Mediterráneo. Lo que hago es sentarme  y recordar  que  una vez en Rosh Hanikrá estuve en silencio.

Hace más de veinte años viajé a Israel con un grupo de jóvenes. El día al que me refiero accedimos a la cima de Rosh Hanikrá con el cable carril y después de recorrer las grutas, decidimos bajar a pie.

Algunos del grupo nos adelantamos y comenzamos el descenso. Bajamos casi corriendo por caminos sinuosos. En un momento yo me cansé y decidí caminar más lento. Antes de darme cuenta, los amigos con quienes venía habían desaparecido de mi vista. Me encontré sola en el medio de la montaña. Decidí descansar y esperar a la parte del grupo que había quedado rezagada.

Me senté en una piedra frente al precipicio, frente al mar, frente al desierto. En ese momento se abrió un abismo en mi cabeza. Escuché el silencio. Un silencio infinito. Un silencio eterno. Cerré los ojos y por primera vez en mi vida supe cómo era estar tranquila.

Tranquila nunca más volví a estar. Yo hago y hago, nunca me detengo. Organizo y planeo hasta cuando duermo. Llego a los jueves a la noche cansada, aturdida. Mis semanas están repletas de ruido, de prisa y  de imprevistos y lo único que quiero los los jueves es volver a Rosh Hanikrá. Creo que lo necesito es tranquilidad y silencio.

Ayer viajé otra vez en grupo. A último momento decidí inscribirme en un viaje que incluía en su itinerario el kever de Rabbi Shimon Bar Iojai y yo tenía muchas ganas de hacer tefilá allá, así que a las seis de la mañana preparé un bolso y subí a un autobús repleto de mujeres a quienes no conocía.

Antes de llegar al kever visitamos el monte Merón. Como el grupo era muy diverso (desde niñas a abuelas), consideraron que sería apropiado hacer el recorrido de descenso y no de subida. El autobús nos dejó en la cima y bajo una llovizna intermitente comenzamos a caminar.

Al ir avanzando me di cuenta de que tenía una oportunidad única. El paisaje era hipnótico, el aire de Merón está cargado de sentido y yo me emocioné frente al mundo que Hakadosh Baruj Hu nos regaló.

Se me ocurrió que si me organizaba bien, podía quedarme sola en algún tramo para revivir Rosh Hanikrá.

Supuse que si me adelantaba e iba con quienes apuraban el paso, podía irme deteniendo y aprovechar el espacio de soledad que se producía hasta la llegada del grupo que caminaba más lento.

Lo intenté una, dos, tres veces, pero apenas empezaba a  percibir las chispas de Rosh Hanikrá; llegaba el grupo que venía detrás.

Por culpa de la lluvia algunas mujeres tenían problemas en el recorrido. El suelo estaba embarrado y las piedras resbaladizas. Muchas no tenían el calzado adecuado. El descenso era más complicado de lo esperado.

A la distancia vi a una joven ayudando a una señora mayor en un tramo especialmente peligroso. La llevaba de la mano y le ofrecía apoyo. Detrás vi que otra de mis compañeras de viaje también tenía dificultades. Me acerqué y le ofrecí mi mano para ayudarla a bajar una piedra especialmente alta y resbaladiza. Me agradeció; yo sonreí y aceleré nuevamente mi paso.

En un momento miré para atrás, para comprobar si ya me había alejado lo suficiente de las intrusas que impedían mi momento de inspiración y desde lejos me di cuenta de que el camino le seguía resultando difícil a la señora a quien había ayudado. También vi que las otras dos personas seguían de la mano.

Para mí no es fácil renunciar a un momento de tranquilidad. Sufro en el ruido y el desconcierto. No me gusta el bullicio de mi casa cuando entran y salen las amigas de mi hija. No me gusta tener que dejar de escribir porque imprevistamente alguien me necesita. No me gusta que me interrumpan cuando estoy leyendo ni que suene el teléfono cuando estoy durmiendo.

Ayer en el monte Merón pensé en algunas mujeres. En mi amiga  médica que eligió no sentarse en un consultorio tranquila a recetar analgésicos y en cambio fundó una organización para ayudar a hispanos con necesidades médicas en Israel. En mi amiga Mexicana que no se sentó tranquila a comer quesadillas con guacamole, sino que organiza almuerzos en los colegios para los hijos de familias de bajos recursos. En mi amiga psicóloga, que no se quedó tranquila siendo una excelente madre y se atreve a meterse dentro de lo más turbio y triste para salvar niños en riesgo.

Ayer en el monte Merón volví sobre mis pasos. Le ofrecí mi mano a una extraña y renuncié a la oportunidad única de encontrar algo que vivo buscando.

Mañana es jueves, sé que voy a estar cansada, pero voy a esforzarme para agradecer el ruido que hay en mi vida y decirle a Hashem que cada vez que me necesite estoy dispuesta a renunciar a la idea de la silenciosa en el desierto.

IMG_4311

Vista de las alturas del Golán desde el monte Merón.

 

 

18 comentarios leave one →
  1. Karina Pincever permalink
    mayo 25, 2016 3:06 pm

    Graaaaaaaaaciiiiiaaaaaas Valeeeeee !!!!!

    Por tocar mi esencia con tus palabras.

    Te quiero Amiga!
    K

    Enviado desde mi iPad

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    • mayo 25, 2016 3:09 pm

      Que todos se enteren que sos mi amiga “la piscóloga que no se queda tranquila”. Orgullosa de ser tu amiga.

      Me gusta

  2. Simon Lerner permalink
    mayo 25, 2016 3:11 pm

    Qué lindo relato

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  3. Rivka permalink
    mayo 25, 2016 4:27 pm

    Sublime! Gracias por compartir

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  4. Aldana permalink
    mayo 25, 2016 6:36 pm

    Inspirador, gracias!

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  5. mayo 25, 2016 9:28 pm

    En el año 1991 estuve en Israel con el plan Tapuz. Me acuerdo que un día fuimos a un lugar de montañas de varios colores, nunca supe cual es el nombre del lugar pero estando ahí en lo alto senti algo muy fuerte, supe que esa imagen no se me borraría de la mente y que tenía un mensaje guardado para mi, algo sobre Hashem y sobre la tierra de Israel…
    Yo tengo una amiga diseñadora que podría haberse quedado en Argentina, cómoda, trabajando para alguna prestigiosa agencia de publicidad pero eligió emigrar en busca de lo mejor para su familia.
    Emocionante amiga!!

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    • mayo 26, 2016 4:47 pm

      Caro, caro: “Algo sobre Hashem” ¿me regalas la frase para título de mi próximo libro? es muy genial.

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  6. Gaby Wajnman permalink
    mayo 26, 2016 4:40 pm

    Hermoso lo escrito , el mensaje, y la foto!!!! Nos muestra un lugar único y especial!!!

    Enviado desde mi iPhone

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    • mayo 26, 2016 4:48 pm

      Gracias Gaby. Lástima que la foto no llega a mostrar lo que se siente en ese lugar…

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  7. ithiel permalink
    mayo 26, 2016 6:07 pm

    Bellos momentos que no se repiten…..cada uno tiene lo suyo.

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    • mayo 27, 2016 9:42 am

      Sí, bellos momentos que habría que dejar de intentar repetir para no perdernos los presentes.

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  8. leah bendahan permalink
    mayo 27, 2016 9:34 am

    Hay que ver lo que te dio de si el paseo!!! Esta genial,me encanto.y tu habilidad para sacarle el jugo a todo!! Leah

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  9. coty permalink
    junio 1, 2016 3:20 am

    me encanto! como siempre…. me viene de anillo al dedo. comparto enormemente esa búsqueda de tranquilidad y soledad “temporal” por esas fracciones de segundo al dia…..y a la vez, se que baruj hashem tenemos días llenos de solicitudes de multiples indoles…..y que justamente, hacer mas de lo que podemos o deseamos, es lo q nos hace crecer y evidenciar el potencial divino que tenemos dentro. gracias judi. besos

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  10. Andre esther adina permalink
    junio 4, 2016 7:44 pm

    Estuve en Rabbi Shimon el viernes donde te recorde y escribo este comentario desde Tzfat, mirando el monte Meron. La calma de hacer el bien es mas grande que cualquier silencio y cansancio, ese es el verdadero rosh hanikra. Lo que nos da fuerza es el querer y necesitar ese aire de desierto, y elegir dar una mano, recibir la tora. Somos a través de nuestras elecciones, a veces vemos que rosh hanikra esta justo a los pies del sinai y entonces abrimos las manos. Cuando no lo vemos nos ayuda recordarlo y leer un post como el tuyo. Gracias vale!

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