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Feliz día del qué me pongo

marzo 8, 2016

Son las cuatro de la mañana. Ayer planté geranios y melisas en el balcón. También hice cosas menos poéticas, como trabajar, limpiar un placard, meter tres tandas en el lavarropas y preparar hamburguesas para la cena. Pero eso mejor no decirlo, son cosas sin glamour que me hacen quedar como una mujer desventurada. Una mujer debe saber maquillar su cara y su vida para parecer interesante.

Ayer hice todo eso y a la noche fui a un bar mitzva. Cansada y con las uñas sucias por la tierra, me esmeré para arreglarme. No sé qué era más importante; si ocultar mis frustraciones o evitar que piensen que soy una dejada, pero pasé un buen rato frente al espejo tratando de disimular las manchas del sol con una base que me costó un ojo de la cara.

Creo que también trataba de borrar las ojeras que me dejó la semana que pasé de médico en médico. Durante esos días me revisaron, pidieron estudios, los repitieron. Entré en pánico mientras el técnico que me hacía el ultrasonido ponía caras imposibles de interpretar. Temblé esperando los resultados.

Me encontraron solo unas pequeñas piedras en la vesícula.

Disculpen que interrumpa el ritmo del texto con un dato tan preciso, pero me veo obligada a hacerlo para que no se queden con la intriga de mi estado de salud y así poder continuar con el relato sin tener que distraernos con consejos para eliminar aquellos cálculos. Aparte porque mi papá lee el blog y no quiero preocuparlo.

Tengo que volver a lo mío porque tengo poco tiempo, lo que quiero decir lo tengo que decir rápido, antes de que se cierre la ventana de la oportunidad. Por eso me desperté a mitad de la noche, para aprovechar el espacio de ensueño y resurrección que se abre entre la espera del Apocalipsis y los días en los que seguramente volveré a caer en la intrascendencia de la preocupación por los tres kilos de angustia que aumenté.

Es en este lugar en el que estoy parada hoy gracias al susto, en este puente entre la tragedia y la nada es en donde con mucha suerte y de vez en cuando las prioridades se reacomodan. Yo en este lugar hoy no dejo de recordar una historia:

Tenía trece años y un compañero de colegio me invitó a su bar mitzva. Los otros compañeros invitados llegaron tarde, por lo que al llegar no conocía a nadie. En esa época yo no tenía resuelto el tema de estar en una fiesta sola. Hoy ya sé que da lo mismo porque de todas maneras estamos siempre solos, pero en esa época me sentí mal y traté de pasar inadvertida, en un rincón.

Un grupo de chicas se destacaba por ruidoso y extravagante. Estratégicamente ubicadas cerca de la entrada, cada invitada que llegaba a la fiesta debía pasar a su lado. Ellas las inspeccionaban sin disimulo, señalando el atuendo o el peinado. El resultado siempre era el mismo: risas exageradas.

Una de esas chicas, quien sin duda era la líder del grupo de Hebraica, de golpe dejó de sonreír: en la entrada apareció una rubia que llevaba el mismo vestido que ella. Parece que en algunos círculos eso es una ofensa imperdonable. No sé si mi imaginación me engaña, pero creo que en ese momento hasta la música se detuvo.

El resto del grupo, que hasta el momento se había limitado a rendirle pleitesía a su líder, se formó como un ejército para la batalla y se acercó a la recién llegada.

No sé qué se habrán dicho, pero la discusión terminó cuando la rubia salió del salón.

-Fue a cambiarse de vestido -dijo mi compañera Paola, que aunque recién llegaba ya estaba al tanto de la situación.

Creo que aquellas chicas, aquella fiesta, aquella discusión por un vestido repetido, sólo sucedieron para que yo treinta años después, una madrugada recuerde la historia y tome nota mental de decirle a mi hija dentro de un rato, o dentro de unos años que nunca, pero nunca se deje confundir: Ella no es un vestido.

Hoy el mundo celebra el día de la mujer y yo no sé qué festejan. Supongo que el día del qué me pongo, porque con eso se identifican.

La obsesión absurda por el aspecto físico fue impuesta por los mismos a quienes quieren igualar en sueldo. Las feministas llevan décadas luchando para conseguir la igualdad y terminaron simplemente con otro mandato impuesto.

Compraron la idea equivocada de que verse bien equivale a estar bien, así que corren a comprar una blusa apenas se sienten un poquito deprimidas. Silencian el síntoma, pero no resuelven nada.

No somos nuestro aspecto físico y nuestro alma lo sabe. Poner tanto énfasis en un lugar equivocado nos hace perder el tiempo y la dirección. Una mujer inteligente que se saca una selfie en el espejo del ascensor ¿qué está festejando hoy? ¿que gasta horas y plata en uñas decoradas?

Como no sabemos quiénes somos realmente, nos inventamos una imagen y nos transformamos en una anécdota. Triste, porque seríamos más interesantes sin esforzarnos en aparentar nada.

Tenemos obligación de cuidar nuestro cuerpo (es halajá) y también hay normativas específicas acerca de la apariencia (no hablo de tzeniut, sino de la prohibición de vestir una ropa sucia o presentarse en público con mala cara, por ejemplo). Pero todo eso es para que podamos aparecer, no para que nos escondamos.

No sé ustedes, pero yo no quiero gastar mi paso por esta tierra aprendiendo el ahumado de ojos porque lo exige la moda. No me imagino que mi alma necesite un par de zapatos nuevos porque estos que tengo ya los usé en dos fiestas. En cambio sí me la imagino esforzándose por bajar alguna chispa Divina al mundo mientras el cuerpo se le interpone porque tiene que ir a la peluquería.

Usemos nuestro tiempo de manera inteligente. Vinimos a traer luz al mundo pero sin darnos cuenta nos dejamos encandilar por luces efímeras que no son nuestras. Nos desviamos, nos distraemos.

No sé qué es lo que tienen que hacer ustedes, cada una tiene un plan personal y yo apenas puedo sospechar el mío. Solo créanme esto: lo único importante es descubrir para qué nos han entregado la vida e ir detrás de eso.

Dejemos de preocuparnos por lo que parecemos. Se los pido, se los ruego. Empecemos a bajar el listón de la exigencia física.

Espero que en esta fecha, el año que viene, podamos festejar que no nos hacemos más las  interesantes sino que logramos genuinamente serlo. Tratemos de mostrarnos impecables, pero apegadas a nuestra esencia. Después de todo es lo único que nos va a salvar del bochorno, porque vestidos, podrán venir repetidos, pero neshamot, Hashem hizo una sola de cada estilo.

 

 

6 comentarios leave one →
  1. ithiel permalink
    marzo 8, 2016 5:31 pm

    Judi: Feliz día del ser tú, Feliz día del ser yo y Feliz día del ser ustedes.

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  2. ruth shira permalink
    marzo 8, 2016 7:00 pm

    te pasaste de bueno!

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  3. marzo 8, 2016 8:28 pm

    mencantó mencantó mencantó!

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  4. coty carciente permalink
    marzo 9, 2016 2:21 am

    excelente! ojala y tuviesemos de adolescentes la claridad para ver todo esto….y no adolescer tanto!! pero verlo ya adultas es tambien una gran ventaja…..siendo q no todas las personas se dan cuenta nunca en su vida!! sheker hajen vehebel hayofi…isha irat hashem hi tithalal
    jodesh adar tov a todas!! con mucha simja desde venezuela con mucho calor

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  5. Brandla permalink
    marzo 9, 2016 2:51 pm

    Me gusto mucho!!

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