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Una historia para Elul

agosto 24, 2015
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En la primera escena de la película se ve a una joven bien vestida entrar al baño de un restaurante, sacar de su cartera unos guantes de látex, una esponja maravillosa y fregar meticulosamente la pileta del lugar.

Inmediatamente, por fundido a negro, aparece una placa con la leyenda “un año antes” y después se ve a esa misma joven, a quien llamaremos Priscila, limpiando su casa. De fondo se escuchan los acordes de It´s a hard knock life.

-No recuerdo ese tema –dice la productora a quien intento venderle el guión- ¿cuál era?

En realidad ninguna productora podría hacer esa pregunta, porque It´s a hard knock life es un tema archiconocido de la comedia musical Annie, pero permítanme romper el verosímil para poder contar el cuento.

-Es el tema con el que las huérfanas del asilo de Annie limpian el piso mientras bailan entre baldes y estropajos –digo yo mientras les guiño un ojo a ustedes.
-Ah, cierto –la productora aquí hace una pausa- quizá sería mejor como música de fondo Can’t stop de los Red Hot Chili Peppers, para dar una mejor idea de su obsesión con la limpieza.
-Pero esta no es una película acerca de una trastornada por la limpieza –protesto yo-. Además mi protagonista es religiosa, no combina para nada con ese tipo de música.
-¿Religiosa? hubieses empezado por ahí –objeta ella- películas con religiosos no le interesan a nadie, son aburridas.
-Pero esta historia está basada en un hecho real –le digo- y es divertida.

Entonces, Priscila limpia con el tema de Annie de fondo. Frenéticamente. La vemos bailar con la escoba, como las huerfanitas, meter un pie en el balde de agua y rociarse con el spray limpiavidrios al agarrar la botella al revés. Es un plano secuencia disparatado en donde se muestran pequeños detalles que revelan el espíritu gracioso, despistado y benigno de la protagonista.

El momento clave de esta escena es cuando siete gotas de lavandina salpican su remera negra sin que ella se de cuenta. Lo mostramos en cámara lenta, en un  primerísimo primer plano, deteniéndonos en la tela que absorbe el líquido y se decolora.

La historia sigue cuando Priscila va a trabajar, ese mismo día, con su remera manchada. Nuestra protagonista es enfermera, por lo que aquí encadenamos varias situaciones en donde se la ve atendiendo cariñosamente a niños y gente mayor.

Al atardecer se la ve caminar por las calles pintorescas de Jerusalem cuando recibe un llamado de una amiga que la invita a un shiur. Acá partimos la pantalla al medio, como cuando Harry habla por teléfono con Sally. El personaje de la amiga desborda espiritualidad.

-Una especie de Hare Krishna –se desubica la productora.
-No, su amiga es ortodoxa, usa turbante y sus líneas citan al Zohar. Dice algo así como “somos la sombra de un pájaro en vuelo” para convencerla de que la acompañe al shiur.

La acción continua cuando al cortar con su amiga, Priscila descubre en el reflejo de una vidriera las manchas de lavandina y se da cuenta de que no puede ir al shiur así. Queda pensativa por un momento y entra en una librería.

-¿Conocés el restaurante Shosh? –le pregunto a la productora.
-¿El restaurante del patio lindo y los platos decorados?
-Ese mismo –contesto-  es ahí donde transcurre la próxima escena.

Priscila pide un café, lo toma rápido y antes de irse, entra al baño. Reconocemos ese baño como el de la primera escena.  Ella saca de su cartera el  marcador negro indeleble que acababa de comprar y con precisión quirúrgica pinta cada una de las manchas de su remera, que se camuflan y desaparecen.

Se mira en el espejo y se arregla la ropa  sin prestar atención a que el marcador sigue abierto en su mano y que gracias a sus movimientos inconcientes, dibuja  cuatro líneas gruesas en la pileta.

-Acá tengo que encontrar la mejor manera de contar el susto y el desconcierto de Priscila al descubrir lo que había sucedido, sus inútiles intentos de limpiar la pileta y finalmente su huída del restaurante.

A continuación se ve un resumen de la vida de Priscila durante ese año. Flashbacks que la remiten a su involuntario acto de vandalismo y sus reiterados regresos al lugar del crimen para comprobar si las manchas habían desaparecido, hasta que por fin, una de esas veces,  se anima a confesarle todo al encargado.

-Y el encargado le dice que nunca lograron sacar las manchas y que los clientes se quejan –dice la productora.
-No –contesto yo- al encargado no le importa nada de nada. El dilema moral es solo de Priscila. Como no puede vivir con eso, consulta con su rabino.
– Ah, no, no, de ninguna manera, eso es demasiado –me dice la productora- nadie se lo va a creer ¿quién consulta eso con un rabino?
-Priscila –defiendo a mi personaje- y el rabino se lo toma en serio;  busca la respuesta en el Shuljan Aruj, en la Guemará y consulta con un posek, pero ninguno sabe qué es lo que Priscila debe hacer.
-La veo pidiendo mejilá frente a un minian en el baño del restaurante –se burla la productora.
-No llegamos a tanto, pero en este punto tenemos que contar su disposición a reparar, ofrecer una reposición económica al restaurante o algo parecido.

Priscila no duerme bien, las marcas negras de la pileta la persiguen en su conciencia, se despierta con pesadillas. Recreamos aquí uno de sus sueños como la escena de “Un Perro Andaluz” en la que cortan un ojo con una navaja, pero reemplazamos la navaja por un marcador indeleble.

A continuación un calendario vintage muestra el mes de Elul. Priscila cena con un grupo mujeres en Shosh. Es una calurosa noche de verano y parecen divertirse, aunque nuestra protagonista está un poco ausente. De repente, la cámara la sigue cuando se escabulle al baño.

Ahí volvemos a la primera escena de la película: ella saca los guantes de látex, la esponja maravillosa y limpia la pileta, pero esta vez mostramos que Priscila logra borrar las marcas.

Por último sonríe, suena We are the Champions de fondo y aparecen los créditos finales.

-Falta una conclusión –me dice la productora.
-No hay moraleja -contesto.
-Pero  la película se llama “Una historia para Elul” –insiste ella.
-Que ese proceso lo haga el público –digo yo- no es difícil relacionar esta historia con la teshuvá.
-Toda película debe dejar una enseñanza –insiste ella-  digamos que en Elul hasta las manchas indelebles se limpian fácilmente.

3 comentarios leave one →
  1. libi permalink
    agosto 24, 2015 2:00 pm

    Buenisimo!!

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  2. Ester permalink
    agosto 24, 2015 5:21 pm

    Me encanto!! lo describiste tan bien, que me parecia una pelicula realmente. Te felicito! y ojala en este Elul, todas podamos borrar las manchas que tenemos, para llegar a Rosh Hashana totalmente limpias !!

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  3. ithiel permalink
    agosto 24, 2015 5:42 pm

    Uyyyyyy Judi….”como anillo al dedo” quedó tu cuento.
    Beezrat Hashem que me rinda el tiempo.

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