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Una habitación para vivir

julio 30, 2015

Estoy en mi oficina improvisada. Un pequeño hueco que se forma entre la cocina y la sala. No sé cuáles habrán sido las intenciones del arquitecto que planeó un recoveco parecido a una bahía, pero seguro no se imaginó que muchos años después un ama de casa lo utilizaría como la madriguera por la que se desliza Alicia.

Desde hace algún tiempo sentía la necesidad de crear un espacio para mí. Tardé en decidirme, tardé en comprar una cortina enrollable y tardé aún más en colocarla. Las excusas eran creíbles porque soy muy buena para justificar mis miserias: que una cortina arruinaría la decoración y el funcionamiento de la casa; que sería peligroso perder la percepción de lo que sucede a mi alrededor (alguno de mis hijos podría atragantarse con una uva); que justo por ese lugar pasa una viga que impediría cualquier instalación desde el techo.

Colocar esta cortina me resultó tan sospechosamente difícil que no tuve más remedio que admitir que al mismo tiempo, en un plano paralelo, se desarrollaba otro  proceso –mucho más kafkiano-, que era el de reconstruir un espacio perdido dentro de mí.

Virginia Woolf dijo una mujer necesita una habitación propia para poder escribir. Yo digo que una mujer necesita una habitación propia para poder vivir.

Muchas mujeres tienen ese espacio interno destruido o deshabitado. Han encontrado pretextos para ese descuido: los hijos, el marido, la religión (así, todo genérico). O justo en el extremo opuesto: sus carreras y una agenda apretada que no les deja tiempo para pensar. Son pocas quienes han podido superar esas ilusiones engañosas en las que el mundo nos quiere mantener atrapadas y han logrado habitar un lugar real.

Ese lugar es la habitación de la que estamos hablando. Y la construcción de esa habitación es una metáfora del trabajo que cada una debe hacer para descubrir el sentido de su vida.

Pasó otro Tishá ve Av y seguimos sin templo. No me extraña. No se puede encontrar afuera lo que se perdió adentro. Primero deberíamos construir nuestro Mikdash meat, nuestro mínimo santuario, nuestro templo único, imprescindible e íntimo.

La idea aterroriza porque a ese lugar se entra sola y despojada, de la misma manera en la que se llega al mundo, pero también es apasionante porque cuando una se acerca a quien se es en realidad y descubre qué tiene para ofrecerle al mundo, esos miedos desaparecen.

Deberíamos tomarnos el trabajo de encontrar nuestra puerta (que nunca se abre como una gran revelación, sino como pequeños atisbos que apenas alcanzan para iluminar los próximos pasos) y tendríamos que animarnos a atravesarla.

Por  ahora, lo que yo veo son tres paredes y una cortina. Sé que del otro lado me espera, vacía e infértil todavía, una habitación para vivir.

6 comentarios leave one →
  1. Judith permalink
    julio 30, 2015 4:24 pm

    Maravilloso! GRACIAS

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  2. ithiel permalink
    julio 30, 2015 4:39 pm

    Keen Judi….algo así como en las Ciudades de papel.

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    • julio 30, 2015 4:54 pm

      No tengo idea, Ithiel ¿en qué coincide?

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      • ithiel permalink
        julio 30, 2015 6:47 pm

        Te confieso…no leí el libro sin embargo vi la película y la habitación de la que hablas en metáfora me recordó al personaje de la chica Margot, quien descubre que hizo de “su habitación” algo así como una leyenda urbana que sus compañeros de escuela “interpretaban” y comentaban de diferentes maneras. Al final se da cuenta, se cansa de lo que creó, y decide alejarse para descubrir el sentido de su vida.
        A veces me gusta “fantasear” un poco imaginado en éste caso, que Margot se convirtió en una escritora talentosa.

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  3. libi permalink
    julio 31, 2015 1:14 am

    Wooowww! Im-pe-ca-ble!!….pensaba que era la única buena para justificar miserias y desaparecer….Celebro tu darte lugar!!!

    Y GRACIAS amiga x el Oi Va Voy dedicado!! Una emoción y alegría enorme recibirlo! Tan enorme q andaba con la sonrisa dibujada! Lastima que lo recibí unos días antes d 9deAv porque no lo podía evitar!!

    Love you!!!

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  4. andre Esther adina permalink
    agosto 9, 2015 9:42 pm

    Esta vez, me dejaste boquiabierta. Callada. La literatura y la ironía dejan paso a una madurez que nace con aires nuevos y perfuman mi habitación para vivir con jazmines, verdades, signos de exclamación y abrazos que no asfixian. Bravo! Gracias! Y a habitar el cuarto, donde estás, donde estoy y donde está El aguardando el encuentro de lo que es con lo que es. Esa palabra que en hebreo no existe de tanto que satura la experiencia. El silencio, el acercamiento a la presencia. Gracias

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