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Una aguja en un pajar

mayo 14, 2015
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Esta historia la conté hace un tiempo y la voy a volver a contar hoy porque es una de las cosas más extrañas que me pasó:

Hace cinco años quería material para un post, por lo que en una salida les propuse a unas amigas hacer un cadáver exquisito para poder relatarlo. La idea era comprobar que al mismo tiempo de una charla banal, en otro nivel se desarrolla una conversación paralela más interesante de descifrar o algún otro delirio surrealista. En el post hubiese acudido a un chiste mediocre para señalar lo disparatado de nuestro producto final, como que después de la línea “me tengo que cortar las uñas” escribieron “porque me rasca donde no me pica”, hubiese reproducido coincidencias sugerentes como: “las mujeres no somos superficiales” y a continuación “solo díganme qué color de rouge se usa”  y seguramente hubiese agregado como conclusión una frase moralista parecida a un slogan político, de las que usaba en aquella época.

Pero antes de esto, solo un rato antes, cuando me senté a escribir y apenas empezaba a describir cómo mis amigas rechazaron la propuesta de comprar un globo de helio para distorsionar nuestras voces, alegando que me había faltado mucha Hebraica, yo me imaginé cantando con voz finita el hit de “Las Ardillitas”.

Como supuse que no muchos iban a recordar ese éxito, ni la existencia de un grupo tan improbable, busqué en el mar profundo de Internet una imagen de ese disco.

Hasta acá llegué con mi idea original, porque bastaron tres clicks para darme cuenta de que algo extraño estaba sucediendo. La primer imagen que se abrió sólo me dio la tranquilidad de que nadie iba a poder desmentir la existencia de semejante vinilo:

La segunda imagen me trajo recuerdos de los discos que giraban en mi tocadiscos Winco:

La tercera imagen me hizo caer de la silla:

Allí, en venta en Mercado Libre, emergiendo de un universo infinito e imposible, apareció el disco que había sido mío. El original. Reconocí la letra, reconocí la firma que practicaba con obsesión infantil. Valeria Lerner escrito por todos lados. De golpe era Hashem quien estaba jugando al cadáver exquisito conmigo. El  mensaje todavía hoy no lo puedo descifrar. De lo único que estoy segura es que en cualquier nivel que se desarrolle esta historia y por más que un desconocido lo tenga en su poder, la dueña de ese disco sigo siendo yo.

2 comentarios leave one →
  1. Simón permalink
    mayo 17, 2015 7:01 pm

    Que bueno lo de la firma , que es reflejo de la personalidad que comenzabas a afirmar
    De cualquier manera nadie podrá negar que tenga quién lo tenga este disco es tuyo

    Ya que hablas de cadáveres , pienso que los único que terminan en eso y nada más en su paso por la vida son aquellos que con su muerte física , no dejan nada

    Tu comentario perdurará en el tiempo , y seguramente alguien dentro de mucho tiempo podrá llegar a preguntar que serán estas ardillitas ?
    Esto no le cambiará la vida a nadie , pero tienen valor como concepto y la capacidad de saber transmitir

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  2. ithiel permalink
    mayo 19, 2015 2:21 pm

    Judi, qué bellas palabras de verdad te ha dicho Simon.
    Guauuu….. es increíble….estoy escribiendo luego de haber hecho algo que me correspondía el día de hoy. Leí el post, el comentario de Simón y me dije: ¿qué más puedo agregar? Y……¿me creerán si les digo que estoy escuchando una canción “moderna” que incluye el estribillo de…”Las ardillitas” ( cortesía de un restaurant ).
    Intentemos juntos descifrar el mensaje, porque yo no creo en las casualidades.

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