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Encuentro con mujeres notables

abril 30, 2015

Hoy hice cosas que me resultan difíciles: salir de mi casa, tomar un tren a la ciudad vieja, poner cara de señora religiosa y sentarme a charlar con un puñado de mujeres notables.

Una vez por año se organiza un evento de kiruv en donde mujeres latinoamericanas se encuentran con mujeres religiosas israelíes. Cada año me invitan y cada año digo que no. Hasta hoy.

Tengo reparos en considerarme inspiración. Soy una religiosa defectuosa que por un lado no sirve de ejemplo para nadie y por el otro se niega a disimularlo. Soy como esas narigonas que no sólo no se preocupan por ocultar su perfil sino que se cortan el flequillo, orgullosas de resaltarlo.

Para empeorar las cosas, toda esta situación reavivaba una antigua guerra imaginaria que mantengo en mi cabeza (y de la que oponente ni se entera): Yo contra el kiruv.

En una de las cosas en las que el kiruv y yo estamos en desacuerdo es en la idea de la posibilidad de dar grandes saltos, de poder cambiar de un día para el otro. Me molestan los flechazos de cupido hacia las mitzvot porque para mí sólo producen nuevos religiosos que no saben como administrar una riqueza adquirida abruptamente. He visto muchas veces cómo esa fascinación con la Torá termina con un corazón roto.

En cambio estoy convencida de que así como los corredores profesionales recomiendan acumular quince kilómetros lentos por cada kilómetro rápido, lo mismo se aplica al avance espiritual. El precalentamiento, la elongación y la aceleración progresiva son esenciales. La teshuvá es un largo y sinuoso proceso en donde se deben evitar a toda costa los golpes de efecto. Un lento camino de enamoramiento.

Por eso me preocupaba qué iba a decirles a estas señoras que –sospecho- no viajaron miles de kilómetros solo para divertirse, sino en busca de la verdad, el sentido de la vida o un ascenso espiritual. Me preocupaba porque quizá esperaban salir de ese encuentro con una receta que no tengo. Que no existe.

No voy a negar que me gusta decir barbaridades. Ahora mismo estoy disfrutando por anticipado de los juicios desvergonzados que estoy a punto de enumerar, pero en general esas cosas las digo entre amigas, o en este blog que leemos cuatro, por eso me asusté cuando me descubrí diciéndoles impertinencias parecidas a lo siguiente:

-No se dejen engañar, señoras, todos los males del mundo también existen en el Olam Hatorá.

-No crean que se puede saber quién es religioso basándose en su apariencia.

-Es muy posible que hayan llegado hasta aquí con ideas equivocadas.

-La vida con Torá no resuelve los problemas.

-Los reyes son los padres.

¿Ven que tenía razón en preocuparme? Todo lo que dije fue un desastre. Mi bocaza se abrió y no había manera de detenerla. Bla bla bla bla bla.

No soy buena para el kiruv, ya lo ven. Y soy una religiosa defectuosa, lo dije hace unos cuantos renglones, pero como el otro día tuve un momento de debilidad  y acepté la invitación, hoy tuve que hacer cosas que me resultan difíciles: salir de mi casa, tomar un tren a la ciudad vieja, poner cara de señora religiosa y sentarme a charlar con un puñado de mujeres notables.

Lo más asombroso fue que a esas fantásticas mujeres con quienes me encontré hoy, todo eso pareció gustarles.

5 comentarios leave one →
  1. karina permalink
    abril 30, 2015 8:56 pm

    La frescura y la sinceridad siempre gustan.El ingenio también y juntos es difícil encontrarlos

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  2. ithiel permalink
    abril 30, 2015 11:18 pm

    ¿Qué le vamos a hacer Judi?….así te queremos! Aun cuando no quieras aceptar que inspiras y eres ejemplo, también te amamos!
    Advertiste con verdad a esas personas.
    Hasta hoy yo no he podido hacer algo parecido porque también he visto la euforia y el “desamor” de la gente pasado un tiempo y eso: me asusta!

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  3. Ariana permalink
    mayo 1, 2015 8:52 am

    Yo no sé si sos una “religiosa defectuosa”. Pero sin lugar a dudas sos la baalat teshuvá más perfecta que conozco!!!!!
    A mi no me parece que haya una única manera de hacer kiruv que sea adecuada para todo el mundo (tanto para el kiruveador como para el kiruveado). La Torá tiene setenta caras y cada uno tiene su manera de llegar a ella y de presentarla. La Torá es perfecta, pero el ser humano no lo es, y por eso la sociedad “religiosa” no representa la eprfección que nosotros hubiésemos deseado.
    También aprendí que el verdadero kiruv lo hace Hashem. Uno puede programar mucho lo que va a decir y d epronto termina diciendo exactamente lo contrario. Entonces piensa que arruinó todo y después de un tiempo descubre que precisamente por esa “tontería” que dijo alguien decidió revisar y cambiar su vida.
    Al margen… Cada vez que miro la bolsa que me diste te lleno de brajot!!!! (Y eso que todavía no tuve tiempo de sentarme a leer….)
    Shabat Shalom!!!

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  4. sonita permalink
    mayo 1, 2015 12:01 pm

    entre nos, hiciste bien. Más vale que se den cuenta ahora y tomen su decisión basándose en la cruda realidad y no en un ribui or que después inevitablemente se hace añicos… alguien tenía que decir la verdad, cheeee!!!!

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