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Cholula

diciembre 4, 2014

En el teatro Coliseo sólo se escuchaba la voz de Spinetta. Cientos de personas permanecían en silencio, hechizadas, mientras él cantaba Al ver verás. En la mitad del tema yo grité con todas mis fuerzas “grande flaco, gracias por darme luz”.

No sé qué espíritu de debilidad se apoderó de mí ese día. Yo, que tanto me esforzaba por diferenciarme de las compañeras de colegio que iban a la puerta del canal a esperar al elenco de Clave de Sol. Yo, que no le hablé durante una semana a mi mejor amiga porque corrió a Susana por la avenida Santa Fe para pedirle un autógrafo. Yo, que abandoné el tratamiento abruptamente apenas descubrí que mi psicóloga guardada en su agenda una foto de Luisimi arrancada de una revista.

Desde chiquita aprendí que ser cholula era grasa. Berreta. Mi madre me llevaba a ver a Pipo Pescador y antes de entrar al teatro me explicaba que Pipo en realidad se llamaba Enrique Fisher y que su trabajo era pasar largas horas en un estudio de grabación buscando la entonación perfecta para vamos de paseo pi pi pi, y que eso era un trabajo como cualquier otro. Sin ir más lejos, como el de mi padre, que iba todos los días a la fábrica de camisas a discutir con proveedores para que los ejecutivos del microcentro estuviesen bien vestidos en sus reuniones de directorio. Uno y otro eran trabajos valiosos –decía mi madre- y ambos requerían esfuerzo y dedicación. Ninguno de los dos merecía que una niña de cinco años se parase en la butaca a gritar desesperada.

Así crecí. Creyendo que la manifestación de esas pasiones –en especial a los gritos– quedaba reservada para adolescentes con daddy issues que indefectiblemente terminarían convertidas en ancianas rodeadas de gatos. Yo era demasiado buena para aplaudir de pie. Ser cholula no era digno de mí.

Por eso el día que le grité a Spinetta fue una rareza en mi biografía. Para esa época ya estaba acostumbrada a contener mis fanatismos. Por ejemplo, cuando participé como extra en un video de Paez no le devolví el saludo cuando él nos recibió muy amablemente y ni siquiera pude mostrar entusiasmo en la grabación, a pesar de que mi papel exigía que yo actuase como una groupie. No es de extrañar que cortaran esa parte.

Estaba entrenada. Podría haber ganado las olimpiadas de desdeño de famosos. La vez que estuve media hora sentada junto a Maradona podría haber pasado por una extraterrestre recién llegada de Saturno, porque créanme que no se me escapó ni una mirada de reojo que delatase mi emoción. Si por casualidad yo me cruzaba con alguna celebridad, hacía de cuenta que no la reconocía. Como si viese a Bono sin anteojos.

Lo gracioso es que sin darme cuenta, por escapar de esa clase de actitud, me sumergí en otro estilo de fanatismo: la adoración de íconos extravagantes que se ubicaban en la otra punta del lugar común. Un cholulismo elitista y desagradable.

Los cholulos elitistas son niños ricos que se consideran rebeldes por no lavarse los dientes. Que estudian con Juan Doffo y te explican que su cuadros invitan a reflexionar sobre el destino humano y su paso por la tierra. Que dicen al pasar que viven en el mismo edificio que los Pauls, pero que con el único de la familia que vale la pena relacionarse es con Alan. A lo sumo Anita. Gente que creía que había diferencia entre saber quién mató a Laura Palmer y acordarse quien intentó asesinar a Andrea del Boca en Zíngara.

No recuerdo bien cómo salí de esa. Creo que fue cuando hice teshuvá y empecé a leer libros que revalorizaban otra clase de cosas. Un clavo saca a otro clavo. Si se te mete mucho en la cabeza que el ama de casa común y corriente es una heroína por decir con sus hijos shmá a la mitá cada noche, automáticamente dejás de pensar que lo que hizo Tita Merello tiene algún valor.

Así que en ese momento descubrí que los verdaderos héroes eran la gente simple, quienes no destacan en nada y no desarrollan ningún talento.

No. Mentira.

Lo único que descubrí es que ese pensamiento también es un lugar común. Una pose infeliz y nefasta de gente que cree que glorificando al linyera se equilibra el mundo, y que pone mucho esfuerzo en que nadie se destaque para que no se note su propia mediocridad.

Planchar treinta camisas en una hora puede ser una hazaña tan admirable e importante como hacer una canción hermosa, estoy de acuerdo con esa parte. La parte con la que no estoy tan de acuerdo es que quizá no.

Lo que si descubrí, con el paso del tiempo -y esto no es un chiste- es que hay gente que es digna de ser admirada y gente que no. Y que en general eso depende de si está haciendo  lo que tiene que hacer y no otra cosa. Puede ser dar una conferencia frente a doscientas personas, o arreglar una fase eléctrica que salta cuando se encienden el horno y el secarropas a la vez.

La educación que recibí en los recitales del señor Fisher todavía no me permite pararme en la butaca a aplaudir cada vez que Iemima Mizraji termina un shiur, pero por lo menos en los últimos tiempos logré algún avance, y el otro día la saludé con una sonrisa –para demostrarle mi admiración y agradecimiento- al cruzármela en un negocio, en lugar de hacer de cuenta que no la conozco y que no tiene ninguna influencia positiva en mi vida.

Las cosas no son tan fáciles. Hacer el bien no es fácil. Traer belleza al mundo no es fácil. La verdad, casi imposible.

La mía es como una historia de superación, pero a la inversa. Hoy me esfuerzo mucho por ser cholula. Quien esté cumpliendo su misión –o por lo menos lo intente- merece mi más sincero aplauso. Sea lo que sea.

Como ayer, cuando luego de  varias semanas en las que la electricidad de mi casa se cortaba intermitentemente y nadie podía solucionarlo, fui espectadora de la grandeza del electricista que con buena cara hizo un trabajo de hormiga a las once de la noche y que bien merecía ser saludado a los gritos con un grande flaco, gracias por darme luz.

11 comentarios leave one →
  1. aldana permalink
    diciembre 4, 2014 1:20 pm

    Que lindo post! Yo después de planchar siento que me deben una ovación o ser TT en twitter!!! Jeje

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    • diciembre 4, 2014 2:36 pm

      Gracias Aldana

      Veamos cuántos likes conseguís si actualizás tu estado de facebook diciendo que acabás de planchar treinta camisas en una hora. ¿te animás? 😀

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  2. adriana permalink
    diciembre 5, 2014 2:28 am

    excelente!!!! sos una genia, cómo empezás con gracias flaco por darme luz , a spinetta y terminás con la misma frase con el electricista, jaja, además me gusta la forma en que contás como pensabas cuando eras chica, y a que conclusiones llegabas., te felicito Judi, es un placer leer tus post, besos.

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  3. diciembre 5, 2014 11:42 am

    Un post de alto vuelo! Apenas leí lo de “gracias por darme luz” me acordé de una anécdota que contaban en la Rolling Stone, sobre un recital de Spinetta -zejutó inspirad aleinu-, creo que en Miami. Un fanático le gritó “¡Flaco, nutrime!”, a lo que respondió “¿Qué soy, Kellog’s?”

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    • diciembre 5, 2014 12:04 pm

      Ariel, muy linda anécdota y por sobretodo verosímil: Muy de Spinetta esa respuesta.

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  4. andre Esther adina permalink
    diciembre 9, 2014 7:02 am

    Sentada en la butaca de la sala de espera de klalit para que me chequeen los ojos, cuasi me paro para darte un abrazo sefaradi (nuestro tikun es el opuesto, creo. ..) y te agradezco tomándote por los hombros, por ver la luz, por ver, por querer ver… cuando quieras te paso un par de tecnicas de efuzión y pazion! Estamos en el lugar adecuado para eso…

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    • diciembre 16, 2014 7:14 am

      ¿En qué se diferencian un abrazo sefaradí de uno ashkenazi?
      tengo el principio del chiste pero no el remate. Seguí vos.

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  5. sonita permalink
    diciembre 15, 2014 10:06 pm

    guay… che, y yo que me ponia roja de la verguenza y de la emocion cuando me decian por la calle que era “igualita!” a la Andrea del Boca… no se con que cara hacerte frente…. vos eras “fina” y yo no sabia che qué cosa… 😛

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    • diciembre 16, 2014 7:24 am

      Qué graciosa sos. La próxima vez que te vea te grito “grande Andrea”.

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    • Ariana permalink
      diciembre 21, 2014 10:46 am

      ES cierto!!!!! Siempre pensé que me hacías acordar a alguien pero no me había dado cuenta a quién!!!!!!

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