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Antes, durante y después de Uman

noviembre 20, 2014
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Antes de Uman me pregunto qué locura estoy a punto de cometer. Vivo a unos minutos del kotel y en más de una década solo he ido una docena de veces. Me desconcentra la turista que saca fotos mientras hago shmoná esré. Vivo a media hora de kever Rajel y nunca fui por miedo a un piedrazo o a una bomba casera árabe.

Antes de Uman, un domingo de noviembre decido tomar un avión a Ucrania para visitar kivrei tzadikim. Ucrania me queda lejos. Rebbe Najman me queda más lejos aún. Es raro que mi corazón litaí haya decidido ir por ese camino. Para él la cosa es simple: hay un Dios que ordena y un hombre que cumple. No se necesita ningún sentimiento exaltado. Punto.

Antes de Uman, hablando de Rebbe Najman soy como Darwin defendiendo el creacionismo. Y creo que esa es la verdadera razón por la que voy. No voy para volver vanagloriándome de un se los dije. Todo lo contrario. Voy con humildad, para sacudirme los prejuicios. Para demostrarme a mí misma que mi compromiso con la verdad es auténtico. Que estoy dispuesta a escuchar y cambiar de opinión si lo creo necesario. Voy para darle crédito a mis queridas amigas de breslov a quienes les creo aunque no lo vea. Así voy, contra todos los pronósticos. Permitiéndole un giro a mi personaje. Como si Sancho Panza de golpe hubiese decidido luchar con todas sus fuerzas contra los molinos de viento como si fuesen gigantes.

Y antes de Uman si que eran gigantes mis molinos de viento.

Porque dicen rebbe Najman y un poco me estremezco. Dicen rabeinu y pienso sólo en Moshé rabeinu.

Todo eso antes.

Durante Uman estoy muy callada. No por timidez ni por desgano, sino por estar ocupada luchando contra los molinos de viento adoradores de lo concreto y sus gigantes teorías de lo absurdo de estar viajando en un bus a medianoche por los pueblos fantasma de Ucrania.

Durante Uman estoy muy callada y también esperanzada.

Espero muchas cosas. La lista es larga. Regar mis campos con un poco de alegría, quizá. Espero también –a lo mejor ingenuamente- algún tipo de iluminación. Y seguro que pido ver claro y entender. Eso siempre quiero.

Por sobre todo espero emuná. Emuman, podría llamarla. Espero la clase de emuná simple que tenía de niña, cuando le hablaba a Dios con la seguridad de que me estaba escuchando. Y no me daba vergüenza.

Durante Uman escucho las promesas. Es verdad que nadie firma el recibo de una ieshuá garantizada, pero contar las ieshuot ajenas es una promesa implícita. Que al empleado del amigo de un primo que volvió de Uman la enfermedad le desapareció totalmente, los doctores no lo podían creer. Que a la tía de Dinamarca le nacieron mellizos después de treinta años de casada, fue un milagro. La soltera que se casó. La peluquera que bajó dieciocho kilos sin hacer dieta. Milagros. Te cuentan milagros. Y durante Uman uno les cree porque quiere que Hashem le mande la ieshuá que uno necesita.

Durante Uman hago todo lo que hay que hacer. Cada  kever ofrece una puerta y una llave para la conexión. Yo las uso todas. Shir ha shirim en Berdichev, Tehilim, frente al Baal Shem Tov o frente a rebe Natan. Tikún ha klalí frente a Rebbe Najman. La lista de nombres una y otra vez. Caminar al tziun a las tres de la mañana por calles oscuras y frías. Tzedaká y más tzedaká. Viajar de noche por rutas empedradas, desiertas.

Bailo y canto. No sé si entiendo la dimensión de bailar alrededor de una tumba. Lo vivo como un pequeño chiste del universo y lo acepto. Acepto todo, abrazo todo. Guardo muy bien la mirada sarcástica, la desecho para aprovechar cada minuto y me esfuezo por no malgastar cinco días y un fangote de guita tomándome todo en solfa.

Durante Uman hago lo contrario a un retiro espiritual. No me retiro de nada. O aparezco allí o no aparezco más me digo. Emprendo una verdadera misión umanitaria.

Durante Uman también me preparo para el después. Sé que me espera  la temporalidad absorbente. Me esperan las camisas blancas desteñidas porque las lavaron junto a los pantalones negros. Sé que después de Uman todo es muy concreto, hasta las esferas espirituales se materializan.

Durante Uman me recuerdo lo importante que sería que no haya ni un antes ni un después sino un ahora constante. Que lo que pasa en Uman no quede en Uman, me aconsejo. Pero no sé.

Y sigo sin saber. Después quizá no haya nada más que esto que cuento aquí. El después de Uman todavía no llegó. Por ahora hay un reloj de arena girando en mi neshamá que dice please wait, loading in process.

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Tziun de Rabi Itjak de Berdichev. Foto: Alexandra Zimmermann.

Tziun de Rabi Itjak de Berdichev. Foto: Alexandra Zimmermann.

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Cementerio judío de Berdichev

Cementerio judío de Berdichev

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Foto: Alexandra Zimmermann

Cartel en Uman. Foto: Alexandra Zimmermann

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IMG_1386

Tziun del Baal Shem Tov

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IMG_1449

Parque Sofía. Uman.

4 comentarios leave one →
  1. Judith permalink
    noviembre 20, 2014 3:24 pm

    Querida Judi
    Lo que te va a tocar la neshama y darte la alegria y la profundidad en el cumplimiento de la Tora y las mitzvot no es precisamente Uman, es el jasidut. Abrile la cabeza, el corazon y el alma al jasidut, bien llamado pnimiut ha Tora, para que tu EMUNA se fortalezca encontrando sentido y “guesmakt” a todo lo que hacemos y sea todo mi toj ahavat Hashem!
    Suerte!!!

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  2. ithiel permalink
    noviembre 27, 2014 7:53 pm

    Mi amiga Judi
    Qué afortunada eres y cuánto te ama Hashem.
    Me has llevado a ese viaje y aun cuando no sé si tu intención ha sido simplemente compartirnos tu experiencia y sentimientos, créeme que has contribuido a elevar hoy mi esperanza y con ello mi propia emunah.
    Al igual que tú, cada día que transcurre me convenzo más que lo único importante es ese ahora constante.
    Muchas gracias.

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  3. noviembre 28, 2014 12:55 am

    “…o aparezco allí o no aparezco más, me digo…”
    Y aquí no hay nada más que decir.

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  4. daniela rossi rabin permalink
    junio 10, 2016 1:07 am

    Que genia Judi. Lloré de la risa. Gracias!

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