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Ricardo y yo

octubre 1, 2014
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Todos nos cruzamos con personas que nos han marcado en la vida. Personas que nos enseñaron lecciones con su comportamiento sin ni siquiera darse cuenta. Puede haber sido una compañera de colegio incondicional, una tía que inventaba excusas para llevarte de vacaciones cuando tus padres no podían o un vecino intolerante que te corría con la escoba cuando pasabas por su puerta en bicicleta. Para bien o para mal, algunas personas dejan su huella en nuestra memoria y aunque ellos no se acuerden de uno, uno no puede olvidarlos.

Yo me acuerdo de Ricardo.

Ricardo y yo estudiábamos redacción publicitaria. Por esa descortesía de los profesores de formar grupos de trabajo el primer día de clase, cuando todavía nadie se conoce y no se pueden descubrir afinidades, él y yo quedamos juntos –más otro cinco compañeros- para los trabajos prácticos del año.

Al principio, en las reuniones que hacíamos en casa de Paula, Ricardo sutilmente descalificaba mis ideas para reemplazarlas por las suyas. Con el correr de los meses yo ya ni siquiera merecía su delicadeza. Me criticaba sin disimulo, reprobaba cada una de mis propuestas de trabajo y se ocupó de representar con mímica frente a toda la clase el accidente que tuve una noche cuando se quebró la pata de mi silla y caí de boca al piso de la pizzería.

A mitad de año teníamos un examen importante –todo lo importante que puede ser un examencito de un cursito de redaccioncita publicitarita-. En veinte minutos había que desarrollar la idea de un comercial para un producto imaginario del que se nos informaba a último  momento. A mí me tocó  un objeto inexistente: una máquina de escribir silenciosa

Ahora les voy a dar unos segundos para recuperarse de la impresión que les dio que esta historia haya sucedido cuando todavía se usaban máquinas de escribir.

Continuo.

Inspirándome en mi nefasta experiencia en el colegio secundario, para el examen inventé un comercial en donde se veía a un alumno uniformado llegando a un aula gigante, repleta de estudiantes sentados en gradas, al estilo inglés. Mientras el profesor -a quien describí como una intersección de mi antiguo profesor de caligrafía y un dictador latinoamericano- llamaba uno a uno a los alumnos, mi protagonista terminaba su trabajo en su máquina de escribir silenciosa. La cámara alternaba entre el dedo del profesor bajando por la lista de nombres y los dedos del alumno tipeando sigilosamente. Finalmente, llegado su turno, se veía a mi héroe entregando sonriente su trabajo y una voz en off que decía: “Máquinas de escribir Secret. Una secretaria que guarda tu secreto”.

Los resultados del examen se entregaron dos semanas después, en privado. Al igual que en mi comercial, los profesores nos llamaban por orden alfabético. Cada uno de mis compañeros salía de la sala de reunión encorvado y con la cabeza gacha. Nuestros amables profesores de pronto se habían convertido en tiranos a quienes nada les conformaba y solo entregaban malas calificaciones. Dos, tres y cuatro. No más que eso para nadie. Ricardo recibió un cuatro.

Llegado mi turno me senté desesperanzada frente a los profesores. Noté cierto desconcierto en sus miradas. Ahora sé que era porque no me ubicaban, estaban intentando recordar alguna participación mía en clase, pero en ese momento yo lo interpreté como un mal presagio. Uno de los profesores me preguntó qué nota consideraba merecer. Sin dudar dije que tres. Ellos afirmaron con la cabeza, sonrieron y me entregaron mi examen calificado con nueve entre signos de admiración.

Sé que ahora están esperando la saga que reivindica a los oprimidos. La moraleja aleccionadora que proclama que el bien gana sobre el mal. Pero ese post se hubiese llamado “vencedores vencidos” y no es este. Este post se llama “el más asombrado por mi nota no fue Ricardo, la más asombrada fui yo”.

No es casualidad que haya recordado esta historia antes de Iom Kipur, cuando estoy a punto de ser juzgada. Esto es lo que aprendí del desagradable Ricardo (a esta altura ya sospecharán que no usé su verdadero nombre): que a pesar de haber recibido un cuatro, él se consideraba destinado a la grandeza, así que siguió adelante y fundó una de las agencias de publicidad más exitosa y moderna de Argentina. Yo, a pesar de haber sacado un nueve, nunca me convencí de tener talento para la publicidad y me dejé intimidar por un compañero maleducado. A los pocos mesees dejé el curso y hoy escribo un blog  desde la mesa de la cocina.

Entonces ahora sí viene la moraleja aleccionadora: Hay que entender que estar vivo ya es haber aprobado. No es tan determinante si es con un cinco o con un ocho, lo que importa es lo que uno hace a partir de eso. Hay que aceptar el compromiso de llevar a cabo lo que tenemos que hacer con el regalo de la vida. Si no nos creemos merecedores de la grandeza que Hashem nos tiene reservada, la desperdiciamos. Y si hay algo que no se puede perdonar, es eso. Más allá de lo que piense Ricardo.

15 comentarios leave one →
  1. octubre 1, 2014 3:04 pm

    Entre nos… al final Ricardo ruben te hizo un favor.

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  2. octubre 1, 2014 3:12 pm

    Vaya uno a saber… el misterio se develará a los 120 años.

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  3. octubre 1, 2014 3:21 pm

    Una cosa: Bh que se te apareció de adolescente y con la forma de Ricardo, porque cuando el discurso viene de los padres es mucho más difícil poder separar, aunque sea el mismo trabajo.
    Otra: a veces escucho a los chicos hablando ciertas cosas del juicio, las averot, el miedo etc que me preocupa. Sin duda lo que tienen que escuchar, y sobre todo de nosotros, los padres, es: “estar vivo ya es haber aprobado”. Así cuando se crucen con algún Ricardito y sus opiniones, van estar más seguros de dónde están parados, quiénes son y Quién los sostiene.

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  4. octubre 1, 2014 3:28 pm

    Buenísimo tus puntos. Baruj Hashem que sos mi amiga y venís a agregar sentido a lo que escribo.

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  5. ESTHER PINCO permalink
    octubre 1, 2014 5:47 pm

    COMO SIEMPRE . BUENISSIMO!

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  6. Simón Lerner permalink
    octubre 3, 2014 12:09 am

    Querida hija
    Me emocionó tu relato
    Habla un padre orgulloso y creo que todos los que te lean me comprenderán
    Pero quiero agregar algo más
    Nunca me enteré de la situación´que relatas , realmente muy molesta,, máximo cuando sucede a una edad tan temprana,
    Lo callaste y seguramente lo sufriste en silencio ,con gran entereza
    Seguro que no querías preocupar a tus padres
    Eras una niña y actuaste como una adulta
    Es muy noble que puedas perdonar , a quién quizá no lo merezca
    Este personaje seguro que podrá haber llegado a ser muy ser muy importante
    Lo que dudo es que tenga la tranquilidad espiritual , que se reflejan en tus dichos
    No hay duda , en que eres hermosa en todos los sentidos
    También que tienes una família , que seguramente seguirá tu conducta y nobles pensamientos
    Tú papá

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  7. Ricardo permalink
    octubre 3, 2014 6:43 am

    Lo siento.
    Ricardo.

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    • octubre 3, 2014 11:45 am

      juaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!! sos un genio! directo al sefer hajaim.

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    • octubre 3, 2014 11:50 am

      Adoro a todas mis lectoras, pero a esta en especial… Ricarda, te mando un beso

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      • Ricardo permalink
        octubre 4, 2014 6:58 pm

        por mas que lo intente, veo que jamas pasaré por anónima…
        januca sameaj! 🙂

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  8. johanna permalink
    octubre 5, 2014 10:57 am

    te felicito judi! pudiste describir tal cual a esa fuerza que cada uno tiene adentro que nos impulsa a creer que no podemos, que no vamos a llegar, que somos malas que es la fuerza del pensamiento negativo que tiene la persona o ietzer hara o llamala Ricardito….pero hay mas…esa fuerza es tan poderosa que nos hace entrar en una escena imaginaria en que no solo nosotras mismas pensamos asi, sino que las otras personas tambien … “nos reprueban y nos critican” y la mayoria de las veces es solo nuestra imaginacion o lo exageramos saliendo totalmente de la realidad sin poder salir de nuestras 4 paredes de pensamiento equivocado.
    por eso creo que si Hashem nos da vida y nos deja 1 anio mas es para que TRABAJEMOS y sobre todo en ese punto de ver lo bueno y positivo de nosotras, eso que hashem nos regalo especialmente a cada una , y asi los vamos a poder tambien aplicar en los demas y vamos a poder juzgarlos para bien…
    QUE TENGAMOS BS”D UN EXCELENTE ANIO LLENO DE ALEGRIAS POR DENTRO Y POR FUERA
    te quiero mucho hermanita

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  9. sonita permalink
    octubre 7, 2014 8:43 pm

    genial, Judy! Y con el papá que tenés, no debería sorprendernos! 🙂
    que tengas un año lleno de realizaciones!

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  10. ithiel permalink
    octubre 10, 2014 5:32 pm

    Pues como veo que dejaron el final para mi……no me resta más que agradecer públicamente a todos los Ricardos que han contribuido de una u otra forma en nuestro crecimiento espiritual.

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