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Estación

septiembre 15, 2014

Cuando pienso en mi muerte soy un homenaje al lugar común. Como a la mayoría de las madres, lo primero que se me cruza por la cabeza es qué será de los chicos sin mí. Después sigo con mi marido ¿que va ser de él sin su media naranja cada mañana para desayunar? Por último se me descontrola la fantasía de creerme irremplazable y me angustio por la vecina que se quedará sin quien le preste una taza de azúcar y del ficus que no tendrá quien lo riegue con el agua que quedó en la plancha.

Mis sentimientos también son un festival de lo previsible: me deprimo por haber malgastado horas de la estadía en mi cuerpo viendo videos de gatos atrapados en una bolsa, después me consuelo y equilibro la balanza al recordar el día en que le regalé mi compra de supermercado a la señora que pide tzedaká en Geula y por último me arrepiento, ruego y prometo reparar mis desatinos – y por favor, Diosito esta vez va en serio- dejar de comer el chocolate y después culpar a mi hija de haberlo terminado.

Queridos lectores, ya que llegaron aquí empujados por un aluvión de incongruencias, voy a aprovechar para contar lo que escuché en un shiur hace unas semanas y que por un momento me pareció que estaba dedicado a  mí.

Sabrán disculpar que últimamente mis historias transcurran en un mismo lugar, sé que estoy recurrente, pero todavía estoy dentro del torbellino y si no aprendo de lo que me pasó en mi enfermedad, no voy a aprender ni aunque venga a tomar el té a casa Eliau Hanaví trayéndome de regalo las lujot habrit.

El cuento comienza un shabat que pasé en el hospital con mi amiga Andrea leyendo las cuarenta y dos tajanot que Am Israel atraviesa en el desierto, en parasha Masei. El cuento termina en un shiur del rab Boier en el que se explica que esas cuarenta y dos tajanot son las mismas que la neshamá atraviesa para bajar a este mundo y que debe volver a pasar en sentido inverso para regresar a su origen.

Al principio del cuento lloro sin disimulo ante la coincidencia de que una de las tajanot se llame jaradá (ansiedad/pánico) después de haberme pasado esa misma semana repitiendo esa palabra a los gritos para que los enfermeros entendieran mi pánico a la intravenosa. Al principio del cuento sospecho que lo que está pasando tiene un sentido superior, pero no entiendo. No entiendo.

Semanas después, al final de cuento, el rab Boier explica que cada tajaná es una  prueba diseñada por Hashem especialmente para uno. La tajaná se puede llamar matrimonio, hijos –o falta de hijos-, parnasá, salud, amigos o miedos. Cada uno sabe por qué estación anda. Sabe si está avanzando o si está estancado como el subte de la línea A un día de lluvia. La comparación con el subte no la hizo el rab, por supuesto -al rab no le tocó el nisaión de viajar en un medio de transporte argentino-, pero lo que si dijo es que esas tajanot son oportunidades únicas para atrapar chispas divinas y esas chispas son el combustible para continuar el camino de elevación de la neshamá. Quien logra pasar una estación pasa al próximo nivel -como en un videojuego- hasta completar las cuarenta y dos estaciones.

Al terminar el shiur finjo un bostezo y me seco las lágrimas disimuladamente. Entiendo que al final del cuento -el verdadero final del verdadero cuento- voy a estar agradecida de cada estación por la que pasé.

3 comentarios leave one →
  1. septiembre 15, 2014 3:07 pm

    Las 42 estaciones. Buen titulo para un libro. Yo a veces me siento como en el día de la marmota, siempre en la misma estación..O es la misma pero mas elevadA?

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  2. septiembre 15, 2014 4:23 pm

    Andiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
    Que es la misma tajaná pero más elevada no es lo que dijo el rab, o por lo menos lo que yo entendí…
    la próxima mandame el título por privado, el tuyo es mejor 😀

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  3. ithiel permalink
    septiembre 16, 2014 6:51 pm

    Pues ya ven chicas…….que B”H todo es un gam zu le tová. Reflexionando ustedes… adicionalmente ya tienen título para un buen libro y aun cuando no sabemos en qué estación estamos, yo estoy segura que vamos por el rumbo correcto.
    Andi…te extrañamos.Shana tova chicas!.

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