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La aventura de pe. Chau baulera.

marzo 19, 2014
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“Por todo equipaje se debería llevar sólo el que en el caso de naufragio, se pudiera nadar con él”

Antístenes.

Este año la limpieza de Pesaj tiene que ser emocionante. Para eso hay que correr riesgos. Para mí no hay nada más arriesgado que no pensar -una experiencia interesante para alguien que puede pasar media hora considerando las consecuencias de llevar o no un paraguas un día nublado- así que por una vez seguí el impulso de hacer las cosas de manera diferente.

Decidir qué se tira y qué se guarda a veces se transforma en una declaración de principios. Separar lo que sirve de lo que sólo ocupa espacio es una proclamación de lo que fuimos, lo que somos, lo que seremos. Yo no tenía ganas de nada de eso.

Como ustedes no me dejaron tirar esos manuscritos que ocupan un montón de espacio en mi cabeza -y en mi ropero- esta vez no quise correr riesgos. No le consulté a nadie. Ni siquiera a mí misma.

Hoy me tocaba limpiar la baulera. Sé que no hay jametz ahí -por eso no la incluí en la limpieza de años anteriores- pero como ya saben, esta vez estoy yendo más allá del jametz: estoy tomando aire y liberándome de aquellas cosas materiales que no uso, que no quiero, que me ahogan. Estoy deshaciéndome de lo que no me llevaría a una isla desierta. Me estoy mudando a mi propia casa.

La baulera eran aguas profundas. No quería pensar en lo que había allí guardado. No quería perder horas analizando si valía la pena conservar una base de tablero. No quería que cada objeto me transportase a otra época y a sus recuerdos. No tenía ganas de soportar que las cosas terminen significando más de lo que en realidad significan. Entonces, me dije, nada.

Ni siquiera sabía muy bien qué había guardado en esas profundidades. Durante doce años fui empujando hacia el fondo a medida que entraba algo nuevo. Y nunca –nunca- necesité nada de lo acumulado, así que lo que decidí fue hacer una lista de lo que me acordaba que había guardado allí y conservar sólo eso.

Ese era el ejercicio: tirar todo lo que no haya entrado en la lista, sin importar qué encontrase. Sin pensar y sin emoción.

La lista que hice fue corta: me acordé que allí estaban guardadas las máscaras de gas, las tres valijas con las que llegamos a Israel y las decoraciones de la sucá. No pude recordar nada más. No es rara esa falta de memoria, porque desde que me mudé, la baulera del techo del pasillo se usó como depósito de todo lo que no se necesitaba ni se iba a necesitar.

Al empezar a sacar las cosas, descubrí que lo que no había recordado era un tsunami de cacharros que rápidamente metí en bolsas de residuos, más algunas cosas que jamás me hubiese atrevido a tirar: una lámpara de dentista, un laboratorio de revelado fotográfico casero, dos persianas americanas, cuatro bastidores y un marco de espejo ovalado.

No es difícil saber lo que hubiese sucedido si no hubiese tomado la atrevida decisión de tirar con los ojos cerrados: hubiese guardado esos bastidores que valen veinte pesos por si en algún momento me decido a pintar un cuadro. Hubiese guardado la máquina de revelado por si algún día se vuelven a usar cámaras con rollo. Hubiese guardado las persianas y el espejo, por si me decido a reciclarlos.

Gracias a esta aventura de pesaj, esta vez no tuve que pensar en nada. Sólo tuve que hacer cinco viajes a la basura para deshacerme de todo esto.

baulera

7 comentarios leave one →
  1. karina permalink
    marzo 19, 2014 8:16 pm

    Te felicito, yo tengo la baulera llena de nada (igual que los roperos), me gusto eso de mudarse a su propia casa….como disfruto tus post!!!!.
    gracias!

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  2. ithiel permalink
    marzo 20, 2014 5:42 pm

    Ayyy Judi……..yo solo suspiro pensando si algún día mi familia entenderá que la acumulación de cosas sin pensar, únicamente causan conflictos, roban tiempo y espacio.
    Me alegro mucho por ti querida amiga y espero muy pronto vivir mi gran experiencia en una aventura de pe y mudarme a mi propia casa.

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  3. ithiel permalink
    marzo 20, 2014 5:45 pm

    Oye, si nos equivocamos en votar a favor de que no te deshicieras de tus manuscritos…..slijá….je, je, je. Igual podrías vivir una aventura diferente beezrat Hashem el próximo año ¿o no?

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    • marzo 20, 2014 6:04 pm

      Ithiel, no esperes que tu familia lo entienda… vos tirá y ellos ni se van a dar cuenta.
      Mi marido se enteró de que había tirado la lámpara por la foto del post 😀

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      • ithiel permalink
        marzo 20, 2014 6:46 pm

        Ja, ja, ja, ja, ja. Definitivamente voy a tener que actuar ya…..estoy muy atrasada. Hoy me mudo de casa.

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  4. Andre permalink
    marzo 23, 2014 4:29 am

    Judi, maravillosa frase, mudarme a mi propia casa… Yo ya no vivo en mi casa, vivo en la casa de mis hijos bh!!!! Decinos la verdad: te desquitaste con la baulera porque no te dejaron tirar los escritos. Está bien. Hay que tirar, desjametzarse… Te gustó el verbo nuevo? Cómo lo dirías?
    De paso te cuento con flamante alegría que ya empecé la limpieza yupiiii!!! Ahora los próximos 20 días seré una maniática yupiiiii!!! Nadie se acerque porque le sacudo las miguitas!!!

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