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La enfermedad de los sanos

febrero 12, 2014

La semana pasada tuve cáncer. Tuve cáncer como muchas otras veces, cuando un lunar, una inflamación en la garganta o un dolor punzante en el estómago anunciaban que la enfermedad había llegado, que ya estaba aquí.

Escribo cáncer y tiemblo. Esa palabra no se dice -me advierte miss supersticiosa- eso es despertar a la bestia. Pero la bestia ya está despierta y se ha llevado también a quienes nunca se han atrevido a nombrarla. Yo simplemente la espero, como Penélope a Odiseo, tejiendo y destejiendo para ganar un poco de tiempo.

La bestia está despierta y es despiadada. Si lo sabré yo, que la he visto asesinar a mi suegra, a mi madre y retener a mi padre durante una larga temporada en su guarida colmada de sueros y jeringas.

Cáncer.

A ver qué pasa si lo nombro. A ver qué pasa si dejo de jugar a ni si, ni no, ni blanco ni cáncer. Quizá esa es la manera de espantar al miedo. Quizá así deja de formar parte de mis pesadillas. A ver si después de escribirlo vuelvo a soñar con ser aplastada por un tren o perseguida por un hombre sin cabeza, como es debido.

Además le podría avisar que mi abuela está por cumplir 100 años. Eso debería bastarle para sentar precedentes de la genética longeva de una rama de mi árbol. Pero ni siquiera eso me tranquiliza.

Una vez convencí al doctor de mi madre para que me ordenase los análisis que se le hacen a quienes ya están enfermos -los CA se llaman, y el resultado identifica células tumorales o la proteína cancerosa-. Lo convencí con lágrimas -decía antes de ofrecer datos tan específicos- porque esos análisis no se piden así de fácil.

Las obras sociales no se ocupan de la enfermedad de los sanos. Entonces tuve que conmover al doctor, con mi carnet de huérfana en la mano, para que me indicase los análisis que demostrarían que el dolor en el pecho era simple congoja.

Volviendo a la semana pasada: llevaba unos días insanamente intrascendentes cuando me descubrí el lunar asesino. Estuve enferma desde ese mismo momento hasta que me revisó el doctor de piel.

Debo admitir que no perdí el tiempo y aproveché esos tres días. Más que nada agradecí respirar, pero también tener fuerzas para coser el botón del saco que esperaba en un cajón. Le enseñé a uno de mis hijos cómo llevar el registro de sus gastos personales, a otro cuándo los spaghetti están a punto -tirándolos en los azulejos de la cocina- y calculé mentalmente si el tiempo que me quedaba alcanzaba para sacarle a mi hija los pañales para que a mi marido no le resultase tan engorroso criarla solo.

Durante esos días también me pregunté qué clase de enferma sería: ¿sería una de aquellas luchadoras que sirven de inspiración para el resto de la humanidad o me dejaría caer en la depresión y el desaliento? Me lo pregunté con espíritu científico -me interesa la conducta humana- de la misma manera en que otras veces me pregunto qué clase de persona hubiese sido durante el holocausto: ¿hubiese sido una heroína que guardaba su ración diaria de pan para dársela a los más débiles o me hubiese dejado morir ante la atrocidad de los cadáveres apilados?

Si mi pequeña vida burguesa sirviese para indicar algo, se podría especular que una personalidad como la mía quedaría del lado de los vencidos. Quien termina el día tiritando en un sillón, con una frazadita en los hombros, quejándose del cansancio por haber hamacado dos horas a la nena en la plaza no tiene mucha garra para ser quien rescata a un niño de Auschwitz.

Sin embargo otras veces me gusta imaginar que una situación extrema sacaría lo mejor de mí. Allí están los días de cáncer imaginario para comprobarlo.

Cuando estoy por morir todo se aclara. Las prioridades se reacomodan y mi vanidad se desvanece. Ya no me importa si se rompió un caño y me quedé diez horas sin agua. Estoy por morir –me digo- puedo sobrevivir mientras tanto. Cuando la ecuación es “la cuenta del banco vs. la muerte”, “el rechazo de un trabajo vs. la muerte”, la muerte gana. Siempre.

Saberse muriendo es como hacer una maleta pequeña para un viaje largo. Sólo se puede llevar lo importante. Dejo la mala sangre por las notas del colegio y me llevo un beso más de ese hijo que he traído al mundo. Dejo la tristeza por quién se olvidó de mi cumpleaños y me llevo el rato que pasé plantando un nogal.

27 comentarios leave one →
  1. hojascrudas permalink
    febrero 12, 2014 11:09 am

    nena, te metes en mi cabeza. La historia que escribes es la mia.

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  2. febrero 12, 2014 11:42 am

    No te haces una idea de lo identificada que me siento. El cancer se ha llevado ya a 3 miembros de mi familia y siento el peso de la genetica como un acoso incesante. Es increible leerte, porque en mi mente se dibujan los mismos juegos insanos recreando la enfermedad y nunca veo mi victoria.
    Hace un par de dias mi hermano me dijo que habia escuchado un shiur sobre el miedo, sobre lo que creamos con nuestros pensamientos y el poder que tienen. Asi que decidi crear solo situaciones positivas, por mas irreales que sean, son la vida que quiero. Donde no se vea el cancer de nuevo, nunca mas.

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  3. Ester permalink
    febrero 12, 2014 11:44 am

    Demasiado duro para ser real……. no tengo palabras.
    Solo mi tefila a Bore Olam para que superes a tu abuela, y que del Shamaim te den 120 años de buena vida, con salud, rodeada siempre de tus seres queridos.
    Espero que tengas la fuerza suficiente para pasar los nisionot y ganes la batalla.
    Nunca digas basta. Con simja vas a poder. Un beso grandote.

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  4. febrero 12, 2014 12:00 pm

    Conmovedor, Judi… Gracias… Aunque no te conozco personalmente, te envío un abrazo… Que tengas una larga (127 años) y buena vida, rodeada de tus seres queridos… Que cada uno de tus días sea vivido con alegría, con verdaderos najes, con buenos pensamientos y con sueños bellos que se cumplan para bien. Con cariño.

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  5. febrero 12, 2014 12:22 pm

    ¡Hola!
    Por algunos comentarios y mails que recibí tengo miedo de que no se haya entendido el post.
    Prefiero aclarar (es horrible aclarar, pero dada la sensibilidad del tema, prefiero) que hablo de una enfermedad imaginaria -esa vez como otras veces- mi cabeza me jugó una mala pasada y se armó esa historia.
    Por otro lado, veo que tampoco soy la única.
    Perdón si alarmé a alguien, igual se reciben las bendiciones con alegría. Amén.

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    • Ester permalink
      febrero 12, 2014 12:31 pm

      Baruj Hashem que fue tu imaginacion!! Sirvio para que reflexionemos. Trata de imaginar solamente en positivo, y todo va a ser mejor.
      Repito todas mis bendiciones, y que en tus 120 años de vida nos puedas seguir deleitando con tus escritos.
      Que Bore Olam te siga iluminando!

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  6. sonita permalink
    febrero 12, 2014 12:25 pm

    awesome…
    es que no me sale en castellano una palabra para describirlo.
    si supiera escribir como vos, eso sería exactamente lo que contaría, copy. al desnudarte vos nos estas desnudando a todos – ¿quién sabe si eso no es precisamente la cura para esta fobia que tenemos en común? sacarlo, expresarlo, llamarlo por su nombre… vomitarlo! ajjjjj!!! nimaaaas!!!!! sacar ese monstruo que el miedo nos fue formando adentro y liberaaaarnooosss!!! Hashemmmmm!!!

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  7. yanina permalink
    febrero 12, 2014 12:27 pm

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    Maratón Contra La Majalá, El Cancer
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  8. febrero 12, 2014 2:17 pm

    cuidado, cuidado con bailar con ese señor tan atractivo que se llama miedo…….seduce, llama, pero tambien te envuelve con una oscura y frìa capa que te enreda y puede dejarnos atrapadas en largas noches de insomnio pensando que somos vìctimas de enfermedades, de dolores ,de destinos que hasta pueden volverce reales si tanto los creemos y los creamos.Cuidado!
    Judi, pensate jòven, linda, inteligente, buena, luminosa, inspirada,hermosa, querida…..yo te quiero y no te vì nunca! y te imagino super sana y bella.

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    • febrero 12, 2014 2:46 pm

      Estrella, yo también creo que hay que pensarse en forma positiva, pero también creo que cuando los pensamientos negativos te invaden, es mucho mejor sacarlos del placard, ventilarlos. El aire los exorciza.
      Gracias por imaginarme sana y bella, tenés 50% de razón 😀

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  9. febrero 12, 2014 3:12 pm

    Hay unos “cositos” en la sangre que se llaman neuropéptidos. se forman en la sangre cuando una persona padece alguna adicción (cocaína, alcohol, etc) y sorprendentemente, estos “cositos” tambien se forman cuando una persona piensa negativamente. Ellos actuan igual que en las adicciones. Es difìcil parar el tren una vez que arrancan.Cortar el cìrculo vivioso que envenena la sangre con los neuropéptidos, es una tarea que es mejor evitar.
    Igual comprendo que a veces se necesita vomitar la porquerìa que te revuelve adentro, pero no hay que encariñarse con esa acciòn.
    Menos siendo sana y bella como Hashem te ha hecho.

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    • febrero 12, 2014 3:30 pm

      Estrella, espero que no hayas sentido mi post como un vómito. Mi intención fue (como siempre lo es) contar un cuento.
      Al escribir sé que quedo expuesta, pero creeme que mi catarsis no la hago en el blog. Nunca.

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  10. febrero 12, 2014 4:17 pm

    vos sabes Judi, que soy coache, y me encuentro muy a menudo con gente que se engancha en “bailar con la mas fea” por deporte será???…. NO, es porque tiene su encanto. No lo tomé como un vómito, ni como nada de eso,.Comprendo que tiene su gran riqueza literaria .Viste como pega este tema, y no es porque si….es porque PEGA en serio!Aproveché la oportunidad para decir que la tristeza es adictiva, y no sabes como! hay mucha gente que jamas llegaría a drogarse …pero se da con la tristeza… que ni te cuento! y el tema de crear y recrear enfermedades es un narcòtico fuertisimo.Sabes que me encanta como escribís y entiendo que es un tema a tratar ese miedo, que existe, es real. Pero tambien es cierto que creer crea…..

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    • febrero 12, 2014 5:21 pm

      Me gustó el tema… gente que se da con la tristeza. Tistólicos anónimos serían.
      Te soy sincera, no tengo en claro el tema de crear la realidad con los pensamientos, por épocas pienso una cosa, por épocas otra… por ahora me quedo pensando.
      Beso

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  11. febrero 12, 2014 4:24 pm

    Leí este post después de que me avisaran que quedaba libre de servir en la tzavá. Me puse muy contento porque fueron meses de mucho estrés, pensando que tenía que entrar y cortar varios planes por la mitad. Al leer el post me bajó un poco el buen humor porque me imaginé otra cosa, pero cuando leí otra vez el título “La enfermedad de los sanos”, entendí el sentido y me estabilicé. El problema es que, luego de leer los comentarios, ahora le tengo miedo a los neuropéptidos. Es tannn difícil cortarla con los pensamientos negativos cuando se hacen costumbre…

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  12. Gegi permalink
    febrero 12, 2014 8:59 pm

    Q Valiente!
    Q miedo decir esa palabra!!!
    Genia como siempre!!
    Q Hahsem te de vida larga y con mucha salud a ti y toda la familia hasta los 120 con muchas alegrias!!

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  13. Yeni permalink
    febrero 12, 2014 9:07 pm

    Que siempre gane nuestra sanidad mental a nuestro aburrimiento diario. Amen

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  14. Erica permalink
    febrero 13, 2014 1:16 am

    con respecto a las catástrofes pensaba algo el otro día….en general cuando estoy cansada,deprimida,desesperanzada, me doy cuenta que uso un mecanismo para activarme y conectarle con “lo bueno” que es la comparación.Es decir, pienso cosas como” yo me quejo que estoy cansada y las mujeres que no tienen ayuda y trabajan 100 horas por días?”, o ” como me doy el lujo de cansarme de hamacar a mi hijo en la plaza cuando las mujeres jóvenes que murieron y darían lo que fuera por poder hamacar a sus hijos al menos una vez mas” o ” yo me quejo que es un desastre el problema que tengo con mi hijo(porque no me hace caso) cuando hay mamas que están cuidando a sus hijos con enfermedades terminales”? siempre uso la diferencia y el horror para valorar y disfrutar lo que baruj ashem tengo.
    y esto esto lo que me preguntaba,,,porque tengo que traer a la tragedia a mi vida para valorarla? porque no puedo simplemente conectar con lo bueno sin necesidad de contrastarlo? porque de esta manera siempre esta la muerte ahí, atenta, esperando, diciéndome” disfruta de este dia porque hay gente que no lo pude hacer” entonces deduzco que de alguna manera en todo plan feliz esta mi lado oscuro presente aunque sea para decirme: otra vez será, por hoy zafaste!

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    • febrero 14, 2014 12:58 pm

      Eri. Creo que todos hacemos un poco lo mismo. Por un lado está bueno nivelar, pero por el otro, los nisionot de uno son los nisionot de uno. No sería justo para una mujer que no puede tener hijos, por ejemplo, decirle que no tiene derecho a ese sufrimiento porque hay otras mujeres que ni siquiera están casadas…
      No se si sirve el ejemplo pero ¿se entiende la idea?

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  15. febrero 13, 2014 2:19 am

    Creo que todo se resume al miedo a la muerte. Es un sentimiento que está en todos, pero no todos se animan a darle lugar, porque es incómodo, molesto, triste, inexplicable. Tan inexplicable como la vida.
    Nos deseamos 120 anios de vida, pero cómo queremos vivir esos tantos anios?
    Hacerse preguntas, tomar conciencia, morir y nacer mil veces es estar vivos, 1120 veces.

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  16. Indy Failembogen permalink
    febrero 13, 2014 2:33 am

    Judi, Te escribe una persona que por la edad, está mas cerca de un final de vejez, que de “nuestro enemigo” He vivido siempre, con el mismo temor que vos. Picazones extraños, granitos sobre la lengua, presiones en el pecho y ” abajo”, Cancer. Siempre me hacía los estudios a fin de cada año,y cuando me decían la palabra más hermosa;” NORMAL,” me daba permiso para iniciar el año nuevo sintiéndome SANA y así años tras año. Mas, le dije a mi médico; “encuentreme el cáncer” .Te entiendo, y participo del temor a ese fantasma. y se que acecha constantemente. Perro…por que lo elegimos ? Porque generalmente es fatal, y lo fatal es la muerte y ese es nuestro tema. Acaso no debemos temer quedar ciegos, o inválidos o en mi caso, perder toda la memora con el viejo alemán ..Alzehimer. No será que utilizamos ese miedo como cábala? Imagino que sos joven, asi que posponé por 5 años pensar en el tema. Yo te puedo augurar que en ese tiempo no te va a pasar, y dentro de 5…si estoy, te auguro otros 5, y asi…Te felicito por tu valentía. Ägarraste al toro por las astas. INDY Indyfail@yahoo.com.ar Argentina

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  17. Andre permalink
    febrero 17, 2014 3:01 am

    Judi: como siempre en tus posts, no siempre lo que escribís es lo que el otro lee, y eso tiene una gran riqueza: cada uno completa, o entiende, algo distinto. En mi caso hiciste que me enfrente a los dilemas fundamentales de la vida en este olam: el miedo a morir, el miedo a sufrir, la angustia ante lo inevitable, y la ansiedad ante lo desconocido.
    No sabemos cómo ni cuándo moriremos, así que jugamos a adivinar, como si pudiésemos elegir qué, cuándo, cómo nos toca. Como es imposible vivir así, en la mitad vivimos, disfrutamos, en fin, la vida misma, tratando de esconder ese temor, de taparlo. Hay situaciones límites que nos hacen recordar el inevitable final para todos: la partida de seres queridos, o tragedias repentinas. Y sin querer queriendo, llegamos a viejos, haciendole un gran oooooolleeeeeee al ietzer ha ra y a los malos pensamientos.
    Como esto es lo que leí en tu post, voy a proponerme un trabajo firme, que siento que será la llave para el resto de los años que nos quedan, que ruego a Hashem que sean muchos, muchísimos, y este trabajo es el siguiente: vivir con intensidad, apegarse a Bore Olam, alejarse de la mentira y la pelea, hacer teshuba cada dia, amar y dar. Ya sé, suena a publicidad de Coca Cola. Pero lo que voy a tratar de hacer no es vivir cada día como si fuera el último, porque eso tiene detrás una angustia terrible. Es hacer sólo lo que está en nuestras manos, y el resto dejarle a Hashem. No intentar adivinarle el jueguito, no intentar entenderlo. Entregarnos a Él. Mañana voy a probar. Después te cuento.

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