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Escenas en un centro comercial

mayo 26, 2013

Vas y te probás un vestido. Después otro y otro más. Uno es ajustado, el otro corto, el otro feo. Ese en el perchero se ve bien, pero a vos te queda mal. Y aquel otro no es muy lindo, pero quizá el corte te siente mejor. El corte es todo, mami. Corte princesa. Corte imperio. Cortes altaneros. ¿Cuál era el que hace flaca? Que te haga flaca, eso es lo más importante. Ya te probaste diez, quince y no te gusta ninguno. Toda ropa de marca. Mejor dicho, ropa que marca todo. Lo tzanua. Ahora parece que están de moda el encaje y las lentejuelas. Andá a encontrar algo distinto. No te dejan salida, o vas con ropa vieja o vas con el uniforme establecido. Vas cediendo de a poco, lo que en el primer negocio te parecía deplorable en el cuarto lo vas considerando. Ya ni sabés qué te gusta y qué no. Las vendedoras te confunden, ellas te dicen que todo te queda bien. Te abren el probador cuando todavía no terminaste de vestirte, te presionan “¿y? ¿te lo llevás?”. Lo vas a pensar, les contestas. Lo vas a pensar. Vas a gastar tus preciosas neuronas pensando en un vestido de gasa con volados. Te mirás en los espejos y desconfías de lo que ves. Más de una vez han puesto un espejo que estiliza para entusiasmar a las contadoras de calorías como vos. Estás cansada, desaliñada, querés volver y ponerte tu ropa de entrecasa. Pero seguís adelante, como un buen soldado que no abandona la batalla. Ya te probaste mil vestidos. Te ponés y te sacás prendas que ya se han puesto otras mujeres y sus gérmenes. Cada vez con miedo a que no te entren, a romper el cierre o la costura y tener que pagarlo. Quedás todas enredada. Te acordás del cuento de Cortazar, el del pulóver, y no te hace gracia. La peluca se te desacomoda cada vez más. Estás despeinada. Y machucada por los golpes que te das en los probadores minúsculos. Harta pasas la ropa de los percheros con desprecio. No te gusta nada. Te sentís tan confundida que reservás una túnica azul con detalles en violeta. Puede ser, te decís, con tal de terminar esta odisea. Seguís dando vueltas por el shopping resignada. Empezás a perderte ¿esté sector ya lo hice? Salís de los negocios y no te acordás de qué lado viniste. Te desesperás. Si no encontrás nada hoy vas a tener que salir mañana. Se te llenan los ojos de lágrimas con solo imaginártelo. Te sentís idiota al darte musar a vos misma. -Comprá cualquier cosa, no se puede ser tan superficial, un vestido no significa nada. Comprate algo sencillo que te haga sentir “vos”. Ya desde el vamos eso no va a ser posible. Un vestido de fiesta no te representa para nada. Para vos “vestido de fiesta” es un oxímoron. Como decir “actuar con naturalidad” . Vas a disfrazate de madre respetable y listo, querida. Representá el papel con su respectivo vestuario. Pero tampoco podés hacerte pasar por algo que no sos. Gnevat daat. Al final un vestido te está enfrentando a búsquedas existenciales. Te da bronca tanta energía malgastada. Buscás con la mirada a alguien que esté pasando por lo mismo. Todas parecen contentas. Les gusta comprar. Van orgullosas con sus bolsas de Zara, de Mango, de Gap. Vos querés gritar que basta. Que este es el olam hasheker. Vas a tener tu día de furia. Vas a hacer la revolución. Basta de querer parecer Angelina en la alfombra roja. Basta de cirugías y de cremas antiarrugas. Basta de que exista la profesión “asesor de imagen”. Y basta de artículos de revistas “antes y después del photoshop”. Esa es la verdadera opresión de la mujer. El consumismo nos consume será el slogan. Ya verán. Lo vas a hacer. Vas a salir de ese shopping para no volver nunca más. Bli neder. Antes te detenés un segundo. Te tendrías que probar ese vestido de la vidriera, te gusta. Parece que la revolución va a esperar para otro día. Pagás en tres cuotas. Sin interés.

14 comentarios leave one →
  1. Judith permalink
    mayo 26, 2013 12:22 pm

    Todo un tema… Un temazo!!! Yo estoy en NY, vine para el casamiento de mi sobrino en Flatbush y el tema de comprar ropa me está enfermando desde que subí al avión en Ezeiza. Tengo tanta fobia, que no me animo a salir de compras… Judi, a todo lo que maravillosamente describís.. falta de talles, de color apropiado, de tela adecuada… súmale la calculadora mental para saber cuanto me va a salir en pesos y si vale la pena… y si volvemos a las modistas que nos hagan a medida?a la medida del tzniut, a la medida de la simja, a la medida de la Torá!!

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    • mayo 30, 2013 6:01 pm

      Judith… pero allá es más fácil encontrar ¿o no?. La onda modista la usé cuando vivía en Argentina…otro tema para otro post.

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  2. ithiel permalink
    mayo 26, 2013 6:20 pm

    Uyyyyyy Judi! Buenísimooo. Cuando de comparar ropa se trata tengo que hacer terapia previa y durante el proceso si éste se alarga….tratar de no perder la calma. Ja! Aun cuando no lo crean sí es posible. En una ocasión, recuerdo que rogué a Hashem porque el primer vestido que viera y me probara, me quedara muy bien, fuera acorde a mis recursos
    y sobre todo que no tuviera que hacerle ningún ajuste o arreglo alguno. Todavía lo conservo como si fuera un trofeo que me dijera : “sí es posible”. Pero no crean que guardo muchos de esos trofeos en el closet ¿eh?

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    • mayo 30, 2013 6:06 pm

      ja, alevai alai… yo nunca encuentro nada de entrada… siempre tengo que dar mil vueltas….

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      • ithiel permalink
        mayo 31, 2013 12:23 am

        Judi ¿Les digo cuántas malas compras hice también o ese comentario lo dejamos para otro post? je,je,je.

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  3. leah bendahan permalink
    mayo 27, 2013 6:08 pm

    REAL ,ABSOLUTAMENTE REAL Y ADEMAS CON MUY POCA SOLUCION ,QUE LE VAMOS HACER? leah

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  4. mayo 28, 2013 2:20 pm

    Ja ja ja
    Como no sentirse identificada!
    Yo por eso siempre termino en Zara (tzures) que en este país es el único lugar que se puede devolver o cambiar la prenda. Por supuesto que nunca la devuelvo y hasta que tengo tiempo de ir a cambiarla se me paso el plazo y la moda. Ahí es cuando empiezo a trabajar el enamoramiento autoimpuesto, aprendo a querer a la prenda. Y siempre recuerdo la manera en la cual nos encontramos…

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  5. tati permalink
    mayo 31, 2013 4:40 pm

    Impresionanteeeee, realmente me senti super identificada. Me encantan los post, son increíbles.las felicitooooo
    Saludos

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  6. junio 4, 2013 7:02 pm

    Judi, después de años de llorar (literalmente) por este tema tengo una sola cosa que decirte: ONOT.

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  7. johanna permalink
    junio 6, 2013 9:17 pm

    volvi amiga!!!!
    te dije que yo te acompano a comprar!!!!, si vas con una amiga es mas facil. pero anda a encontrar hoy en dia una mujer con tiempo de sobra!!!
    solo yo en estos meses de licencia
    que bien que describiste ese momento en que decidis llevarte cualquier cosa con tal de terminar!!! la verdad me senti muy identificada!! sos una genia!!!

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  8. ruth shira permalink
    junio 9, 2013 8:20 pm

    que flash!, la capacidad de ‘atrapar’,literalmente, con el relato…me fui de compras, con vos, y a pesar de que en general opto como caro, solo que en vez de zara me voy a mekimi, esta vez me fui con vos, y sufri las peripecias
    suerte que al final aunque sea por cansancio se dio!
    espectacular
    me encanta el post

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  9. Liza Neustadt permalink
    julio 16, 2013 6:02 pm

    Hola! La verdad es que ame el escrito. Me encanto!! Quiza todavia no se como es el tema de la peluca, pero aseguro que me senti identificada como el resto. Andi, se que te vas a sorprender, entre a tu pagina!!!! Te quierooo xoxo

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