Skip to content

El perfume

mayo 7, 2013
tags:
by

“Es la geografía del cerebro la responsable de que un olor familiar pueda despertar tan vívidos recuerdos de lo ocurrido tiempo atrás, incluso en la primera infancia, y producir con ellos esa mezcla de felicidad y tristeza que llamamos nostalgia.”

Grimoldi

Generalmente era un plan de fin de semana. Sábado me imagino. Desde lejos podía ver el cartel con los globos en una avenida que bien podría ser Santa Fe.  Me encantaba sobre todo el olor a cuero nuevo, a zapato lustrado. Sentarme en los sillones de cuerina a esperar que alguien nos atienda mientras pasaba la vista tratando de imaginarme las opciones entre las cuáles iba a tener que elegir. Todavía era la edad en que mi mamá seleccionaba y a lo sumo yo podía decir si me gustaba o si me apretaba. A ver parate, caminá, te aprieta, a ver dónde te llega el dedo, seguro que no te apreta, caminá. Y por último el ¿te gusta? Que generalmente era un si, a esas guillerminas blancas con doble botón para una fiesta que yo no sabía todavía que iba a tener y tampoco sabía que era para esas pocas ocasiones especiales, que iba a poder usarlas. Me las puse en la nariz para olerlas fuerte antes de dárselas al vendedor. Sin saberlo, me quería acordar. Pero la máxima felicidad no era sólo que me llevaba zapatos nuevos, sino la caja de lata, brillante, con los globos de colores, que iba a ser sólo mia. Y la bolsita de plástico duro con soguita que cargué durante todo el camino de vuelta, soñando con los tesoros que podría guardar en ese cofre, que finalmente fue al placard, junto con el papel de seda y el olor a cuero, para esperar como yo, el reencuentro.

Sopa de pollo

La casa de mi abuela en once me recuerda muchas cosas: los cuentos de mi tía berta en la cocina, la canasta de mimbre con las cosas de costura que me escondía para poder mirar durante horas, la alfombra del comedor que sólo se pisaba en pesaj, la biblioteca del cuarto de mi abuelo…, pero sobre todo el aroma a sopa de pollo. Ya la empezaba a oler cuando subía por el ascensor o por la escalera. No se si era porque en esa época la mayoría de los pisos eran de ieudim, y ese aroma era tan común como ahora es el del ajo de la cocina coreana, o porque nuestro olfato es selectivo y nuestra memoria también. Tal vez mi abuela sólo hacía sopa para pesaj, pero para mi la casa de mi abuela y cada rincón tienen esa impronta que yo trato de repetir cada vez que puedo.

Chicles importados

Si hay algo de lo que tengo experiencia es en juntar cositas. Siempre me gustaron las cositas y fueron y son la lista de cosas que me llevaría a una isla desierta. Obviamente que no me servirían para nada allá y tampoco me sirven acá, pero son importantes para mi. En la primaria tenía una caja, que se llamaba la caja sorpresa que era el cofre en el que guardábamos con mis amigas todo lo valioso: papeles de carta, gomas con formita y sabores, lápices con firuletes, figuritas con brillantina, stikers de todo tipo…Y nos juntábamos en los recreos en el baño para mirar y contar lo que teníamos. Me acuerdo de Gisela como la millonaria, no se si lo era, pero fue la única que para aquella época viajaba a Miami y tenía habitación para ella sola (nosotros teníamos pieza y para todos). Pero para mi, tenía ese título, porque traía los mejores lápices, las gomitas tan perfumadas que te las querías comer y los chicles con juguito adentro o como rectángulos chatos llenos de canela. De un día para el otro viajó y se fue a vivir a otro país. Estados Unidos, me dijeron mis papás y alguien habló de estafas. Durante mucho tiempo nos escribimos cartas, no me acuerdo qué decían, pero sí que todas las suyas eran perfumadas y yo las guardaba con una cinta en el primer cajón. Ahora sigo teniendo una caja mágica con cosas de librería que mis hijos se maravillan cada vez que la bajo del placard y un primer cajón que no se toca y que por eso es tan lindo cuando se abre. Y entiendo a las que piensan que un lápiz con firulete no te sirve para nada en una isla, pero yo soy de las que necesito mi mundo privado para sobrevivir en cualquier lado.

Mamá

Salgo del mar. Tengo cuatro años. Cinco tal vez. Mojada, las pestañas que se me pegan, la malla llena de arena. Mucho sol por todos lados. Mi mamá está en la orilla. Ahora me alza, ahora me arropa con la salida de toalla, ahora me deja un minuto abrazada. Huelo su cuello, olor a sal pegada, a gotas en el instante en que se secan, a tibio, a me quedaría aquí, para siempre.

……………………………………………

Todos los aromas conducen a roma (Epílogo)

¿Me pueden decir para que sirve hablar de los olores? Ok Escribí algo contando recuerdos de mi niñez, ¿y? ¿Hace falta que lo conozca todo el mundo?!. ¿A alguien le importa que Gisela me mandaba cartas y yo las guardaba porque el papel de carta me gustaba?. A lo sumo alguien dirá. Si! A mi me pasaba lo mismo, yo también coleccionaba pavadas, ahora colecciono hijos. No se, será que no me siento bien, los chicos se fueron al colegio y no tengo nada mejor que hacer. Pero entonces por qué no me dedico a hacer la cena de la noche en vez de darles salchichas otra vez?! Pierdo el tiempo hablando de los olores y al final les doy salchicha, no aprendí nada! Que van a decir mis hijos dentro de treinta años…me acuerdo de la ollita con el agua hirviendo y el delicioso aroma a salchichas o a pizza, fideos, polenta, ¡que fue de los recuerdos de comida casera! Los hice puré en polvo! Pero sigo insistiendo ¿para qué? Como diría Judi: para que pensemos en qué recuerdos estamos dejando en ellos. Oi vey! El otro día justo hablé de eso en terapia, le contaba que una vez estando en lo de un familiar, prendieron la tele y veo que van a hacer zapping hasta el canal infantil, en mi mente aparece el libro del Rab Pinkus y lo que va a generar esa imagen en la neshama de mis hijos para toda su vida, corro como una loca a los gritos mientras me pregunto en ese microsegundo qué priorizo Shalom bait o generaciones destruidas, obvio, la educación de mis (ahora son mios!) hijos, seguido a una escena que empieza con mímicas, seguida de sonidos guturales para que el otro (o sea, mi marido) comprenda que no, que avoda sara! (avoda zara en el shopping) y lo remato con la hermosa imagen que quedará grabada en la neshama de los niñitos: Su madre hecha una furia, con los pelos del gato de punta, sin Discovery kids y sin Shalom bait. Una genia, lo mío son los negocios.

Y como quiero tener una excusa para subir lo de los aromas, me agarro de esto, de saber que construimos de alguna manera sus recuerdos, o por lo menos la escenografía de ellos. Aunque en realidad subo el post sólo porque me gusta, tenía ganas y punto.

17 comentarios leave one →
  1. Lisi permalink
    mayo 7, 2013 3:55 pm

    Andy, muy profundo lo que escribis, todas tenemos nuestras cositas guardadas, pero creo que los olores de nuestros hijos pasan por otro lado. El otro día me dijo mi nena, mami tus salchichas son mas ricas que las de la abuela (y eso que es la misma marca) yo entendi que bien vale dejar la comida casera de lado cada tanto,pero eso si con una sonrisa! besos…

    Me gusta

    • mayo 9, 2013 11:15 am

      Hola Lisi!!! Totalmente! Una vez la morá Clarita habló de eso, que era preferible un sanguchito de queso con sonrisa. Y entiendo que para cada uno, no hay como la comida de la mamá (si lo sabremos por nuestros maridos! :D) Besote!

      Me gusta

  2. leah bendahan permalink
    mayo 7, 2013 4:00 pm

    PUES A MI LO QUE MAS ME CONVENCE DE TODO ES QUE TE APETEZCA Y PUNTO,SEGURAMENTE TENDRIAS EL DIA NOSTALGICO ,O LO QUE SEA Y ESTO ES LO QUE TE APETECIO, ULTIMAMENTE LA VIDA SE ME ESTA PONIENDO TAN CUESTA ARRIVA Y ES TAN DIFICIL SER PERFECTA O INTENTARLO ,QUE ME DECLARO EN REBELDIA ,YO TE APOYO.LEAH

    Me gusta

    • mayo 9, 2013 11:17 am

      Leah genial lo de: Es tan difícil ser perfecta o intentarlo. Decí que ese problema no lo tenemos las que ya somos perfectas 😀

      Me gusta

  3. mayo 7, 2013 4:14 pm

    chicas yo también guardo recuerdos bh ojala nuestros hijos guarden recuerdos de los grandes rabanim que pasan por la vida de ellos marcando el camino a seguir

    Me gusta

  4. Marisa permalink
    mayo 7, 2013 5:37 pm

    Me encanta Andre, escribí lo que se te antoje, que yo o disfruto.

    Me gusta

  5. ithiel permalink
    mayo 7, 2013 5:42 pm

    Andi, te extrañé mucho. Y me da mucho gusto que escribas lo que sientes. De niña también tuve mis cofres de tesoros. Ahora no tengo espacio en casa para coleccionara nada. Pero conservo lo mejor de ellos en mi mente. Judi, Caro y tú, son afortunadas porque el tiempo que dedican en escribir yo sé que es valorado por muchas y lo agradecemos de corazón.
    Te mando un beso y un abrazo. Shavua tov!

    Me gusta

  6. Judith permalink
    mayo 7, 2013 6:41 pm

    Hermoso post. Creo que cada una sabe poner un delicado equilibrio en sus quehaceres para no subirse al caballo de la todopoderosa mujer orquesta, pero tampoco dejar de lado esas acciones que nos dan la posibilidad de llegar a nuestros hijos a través de todos los sentidos. De hecho, las mitzvot involucran todos los sentidos.
    En la tefila previa al Shema decimos דבק לבנו במצוותיך, (dabek libre ñu be mitzvoteja) que HaKadosh Baruj Hu, nos ayude a unir el corazón a la acción. Si lo hacemos con intensión y amor, vale la pena el esfuerzo!!!
    Kabalat ha Torá be Simjat u be pnimiut

    Me gusta

    • mayo 13, 2013 5:17 pm

      Judith muy lindo lo que decís de unir el corazón a la acción y llegar a nuestros hijos con todos los sentidos. Aunque ya sabemos que es así y parece sencillo, la realidad es que en el cotidiano solemos desconectar lo esencial y el único sentido que utilizamos es el sentido del deber :D.

      Me gusta

      • Judith permalink
        mayo 13, 2013 6:03 pm

        El sentido del deber, podríamos unirlo al de responsabilidad. Una amiga me enseñó que responsabilidad es “responder con habilidad”… Este Shavuot, “habilidosamente” compré una riquísima chesse cake, unos deliciosos cubanitos y cumplí ampliamente comí deber!!!!
        Jag sameaj a todas

        Me gusta

  7. Miriam Bruckman permalink
    mayo 7, 2013 10:03 pm

    Hola Andi!!
    Mi mama era médica qepd, y en casa siempre había mucho olor a remedio, de muestras gratis. Llegue a juntar cajitas de antibióticos, y tenía muchos tacos de papel, de esos en que los médicos escriben sus garabatos.
    El olfato es el más espiritual de los sentidos. Nada era más cuidado en el Beit Hamikdash que la preparación del ketoret (incienso).
    Dice el midrash que el aroma era maravilloso y que las mujeres jamás necesitaban perfumarse.
    Viste que recordar una imagen puede ser difícil pero un aroma te transporta inmediatamente?
    Genial. Un día súper espiritual. Trata de no romper ningún plasma en el shopping.
    Besos, te extraño,
    Miriam.

    Me gusta

    • mayo 13, 2013 5:20 pm

      Miri, miri, miri. Es tan belllo tu comentariio, que no se para qué me gasté escribiendo el post. 😀
      también te extraño! cuando nos vemos? uy, estamos en vivo, corten!

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: