Skip to content

Por siempre Rafaella

abril 19, 2013
tags:
by

Hay un número de teléfono que quedó grabado en la memoria de cualquier mujer que haya nacido en los años setenta. Un número ficticio e imposible que hemos repetido frente al espejo con pasión infantil y frente a amigas, con ironía fingida. Un número que nos llevó a imitar durante horas -no sé si por admiración infinita o por pura falta de creatividad- cada movimiento de Rafaella Carrá.

Esa era la época en la que muy pocas familias tenían “televisor a color” y nadie una grabadora VHS, así que era toda una aventura tratar de captar las coreografías en la pantalla de un Noblex portátil. Los videoclips eran los mismos que usaban en la versión italiana, pero para el mercado latino simplemente superponían el audio en español, por lo que el movimiento de la boca no coincidía con la letra y era muy difícil saber el momento exacto en el que había que sacudir la cabeza en explota explota me explo.

No recuerdo si fue Mariana o si fui yo la que propuso el dúo, pero si sé que todo empezó el día que mi mamá me mandó a pedir azúcar a lo de su abuela y mientras la nona se iba por el pasillo con mi taza durax, por la puerta entreabierta pude adivinar a Mariana bailando “fiesta”. Ella no vivía en mi edificio, pero como sus padres eran divorciados y su madre trabajaba, pasaba cada tarde en la casa de sus abuelos. Al día siguiente la esperé escondida en el descanso de la escalera y al verla llegar, hice de cuenta que yo justo estaba saliendo y le dije al pasar:

-¿Querés venir a tomar la leche a mi casa? -le pregunté como una excusa para decirle lo que de verdad quería decirle- de paso te muestro cómo bailo Rafaella.

Desde ese momento, cada tarde nos juntamos a ensayar. Hoy tengo más de cuarenta años y no recuerdo haber sido tan dedicada y responsable en ninguna otra oportunidad. Bailábamos durante horas y horas que nos llevaron a ser la imitación perfecta de la rubia. Con Mariana desarrollamos una sincronía tan impresionante que si por casualidad alguna se retrasaba en algún movimiento, la otra lo presentía y lo igualaba.

Fueron días llenos de diversión. Nunca nos cansábamos. Ni siquiera parábamos cuando la nona nos tocaba la puerta para ofrecernos una chocolatada con vanillas. Rafaella se convirtió en lo más importante de nuestra vida: cada mañana, en la escuela, repasábamos mentalmente las coreografías mientras la maestra explicaba la raíz cuadrada, y los fines de semana sufríamos porque Mariana tenía que ir al zoológico con su padre.

En todo el país el pop era un boom. Las calzas de lycra tuvieron su pico histórico de venta y los institutos de italiano de la calle Lavalle llenaron su cupo por única vez. Rafaella nos tenía a todos fascinados, y por supuesto las mentes creativas no iban a dejar pasar la oportunidad de exhibir a niñas pequeñas -que ni siquiera entendían la letra de lo que cantaban- en un concurso de televisión.

Apenas me enteré de la noticia, corrí a contársela a Mariana. Por supuesto ella también se había enterado y quería contarme lo mismo. Juntas saltamos de alegría y de entusiasmo: íbamos a ganar ese concurso. Si, íbamos a ganar ese premio para viajar a Italia a conocer a Rafaella.

Una tarde, su mamá nos acompañó al estudio de televisión. Hicimos tres horas de cola junto a cientos de Rafaellitas que tarareaban “por si acaso se acaba el mundo”. Cuando llegó nuestro turno, una antipática nos informó que nadie se podía inscribir en pareja, que la competencia era individual y sin consultarnos escribió nuestros nombres en una planilla y nos entregó un número a cada una.

Volvimos caminando por la avenida Libertador, cada una con su número en la mano. Mariana no me miraba. Yo hablaba de cualquier cosa. Ninguna dejaba de pensar que dentro de una semana podíamos ver realizado nuestro sueño. Por separado.

No volvimos a ensayar juntas. Ahora competíamos y no queríamos delatar nuestros nuevos secretos. Yo mejoré algunos pasos y me compré un vestido rojo parecido al del video del teléfono gigante. No supe de Mariana en toda la semana, y aunque salía al balcón para tratar de identificar qué música se escuchaba desde la ventana del séptimo, no logré descubrir con qué canción se iba a presentar.

Pero Rafaella había perdido su encanto. De golpe me aburría, me cansaba repetir una y otra vez esos movimientos y su música empezó a parecerme ruido. Un día antes del concurso, decidí que no iba a participar. No sé cuando Mariana decidió lo mismo, pero ese martes, en lugar de enfrentarnos en un estúpido concurso de televisión, nos fuimos juntas a tomar un helado.

Con el tiempo nos dejamos crecer el pelo y las calzas plateadas quedaron hechas un bollo en el fondo del placard. Después no supe mucho más de Mariana. Alguna vez escuché que se había dedicado a la investigación científica y que tenía varios premios del CONICET. Yo no logro incorporar esa imagen suya. Tampoco lo intento. Para mí Mariana va a seguir siendo por siempre Rafaella.

13 comentarios leave one →
  1. Gegi permalink
    abril 19, 2013 12:38 pm

    hermoso.
    un beso y guit shabbes

    Me gusta

  2. LEAH BENDAHAN permalink
    abril 19, 2013 4:49 pm

    QUE LINDA Y ENTRAÑABLE ES LA AMISTAD DE LA NIÑEZ,SEGURO QUE SI OS ENCONTRASEIS DESPUES DE TANTOS AÑOS TENDRIAIS EN COMUN ALGO MAS QUE LA CARRA,OTRA VEZ ME SACASTE LA SONRISA ,GRACIAS COMO SIEMPRE,LEAH

    Me gusta

  3. coby permalink
    abril 19, 2013 7:27 pm

    o rafaela o raffaella……

    .como un amigo que decia gatoreid…..o gatorade p
    o geitoreid
    si la hacemo’ la hacemo’ bien_!!!!

    Me gusta

  4. abril 21, 2013 12:51 pm

    me encanto yo atmbien me acorde de mis amigas de la infancia ahora cada una por un camino diferente pero nunca me voy a olvidar las cosas vividas con ellas siempre las tengo en un rincon del corazon

    Me gusta

  5. abril 21, 2013 1:42 pm

    Lo primero que hice fue llamar a mi mamá y preguntarle si tenía la foto de mi hermana y yo en el balcón revoleando las cabezas en el me expló. Lamento que la tenga guardada en la baulera, porque justo había juntado coraje para subirla. Mi recuerdo entraba dentro de la categoría película clase B, pero me hiciste revisar la mirada.

    Me gusta

  6. abril 22, 2013 12:18 am

    0303456 (lo tenía que poner alguien!), que creatividad! Poner un número de teléfono en una letra de canción….
    Yo también bailaba rafaella, hoy si lo intento me desnuco…

    Me gusta

    • abril 22, 2013 5:55 am

      Estaba esperando que alguien dijese eso para gritar: ¡¡¡MAJLOKET!!!
      Yo también recordaba el número como 0303… pero luego de una exhaustiva investigación descubrí que el número que cantaba Rafaella es 5353!!!
      Escucho opiniones…

      Me gusta

      • abril 22, 2013 11:28 am

        es cinco pero para mi será eternamente 03 03

        Me gusta

        • Leila permalink
          abril 23, 2013 12:29 am

          La version original es 5353 pero se modifico para Argentina al 0303, se dice que es porque ya existia ese numero aca…. 😀

          Me gusta

  7. Nati permalink
    abril 22, 2013 1:43 am

    Hermoso el post!!! se me pianto un lagrimon… y luego al leer lo que puso Caro mori de risa jajjajaj

    Me gusta

  8. ithiel permalink
    abril 23, 2013 6:20 pm

    Questo e bello, bellísimo bambina! Es que este es un claro ejemplo del valor de la amistad. Oye Judi ¿y si buscas a Mariana y le envías tu post ?
    Me despido cantando : “mama dame 100 pesitos porque a Israel me voy…….

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: