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Helarte del convencimiento

febrero 12, 2013

Me maravilla la gente que opina con seguridad sobre las decisiones que deberían tomar los demás. Me sorprende que alguien pueda saber qué es lo mejor para el otro, cuando apenas uno llega a distinguir qué es lo correcto para sí mismo. Debo reconocer que también me estremezco frente a la sospecha de una doble intención cuando observo un intento efusivo de convencimiento, pero lo que más me asombra de todo es que la gente se empeñe en imponer ciertas ideas sin miedo a las consecuencias de sus actos.

De esa manía me curé hace mucho. Aquí va el cuento:

El mecanismo del caballo

Los domingos la mamá de Karina nos lleva a la plaza. Doblamos por Boyacá y entramos por el camino color ladrillo. Las piedritas se nos meten en los zapatos y tenemos que detenernos dos o tres veces para sacarlas. Pasamos por la fuente y la miramos con ganas. Hace calor y nos gustaría jugar en el agua, pero ni lo decimos. Ya sabemos que no nos dejan. Miramos con envidia a los chicos que están con el agua hasta las rodillas. Miramos con envidia pero ponemos cara de que no queremos meternos porque el agua está sucia. Llegamos a la calesita y la tía Marina saca boletos. Marina no es mi tía, pero la llamo tía porque es amiga de mi mamá. Karina quiere quedarse en los palos, para ver si atrapa la sortija, pero yo quiero que venga conmigo a los caballitos. A mí me gustan los caballitos. Para convencerla le miento, le digo que ese es el calesitero malo, el que dobla la muñeca justo cuando estás por atrapar la sortija. Ella sabe que no, que ese es el de rulitos que está los sábados. Le digo que los palos son aburridos, que solo tienen gracia por la sortija, pero que en el resto de la vuelta no tenés nada que hacer. Ella me dice que en el resto de la vuelta baja un pie y va dando saltos al ritmo de la calesita. Yo le digo que hacer eso la hace parecer una pava, que la vamos a pasar re bien en los caballos. Yo quiero que venga conmigo porque no me gusta ir sola y porque no quiero que se me ponga cualquiera al lado. Veo que un poco duda, así que me empeño en mi última carta: le ofrezco el caballito blanco. En realidad no es ningún sacrificio,porque a mí me gusta el otro, el que me hace acordar del caballo que montaba en Córdoba.

La próxima vuelta vamos a donde vos quieras, cierro el pacto sin darle lugar a réplica. Cuando llega nuestro turno corremos rápido para que nadie nos saque los lugares. Empieza la música y la calesita gira. El caballo de Karina sube y el mío baja. El de Karina baja, el mío sube. Marina está sentada en un banco y la saludamos cuando pasamos a su lado. En la otra mitad de la vuelta, desde donde la tía no nos ve, nos hacemos las audaces y nos paramos en el lomo del caballo. Yo estiro el cuello para ver cuándo llegamos a la parte desde donde Marina puede vernos, para volver a sentarnos. Apenas desaparecemos de su vista, nos volvemos a parar. Karina sube, yo bajo y las dos sonreímos. Estamos contentas. En la siguiente vuelta nos agarramos sólo con una mano. Y en la otra nos paramos con un pie. Ya ni nos sentamos, total Marina está distraída leyendo el diario. Ahora treparnos la barra de metal. Queremos tocar el techo dibujado con payasos. Mi caballo sube, el de Karina baja. Pero de golpe el mío sube y el otro no baja. Por unos segundos no entiendo lo que pasa ni por qué Karina está gritando. Veo sangre y a la tía corriendo. La mano de Karina quedó atrapada en el mecanismo del caballo. El calesitero deja la sortija y trae unas tenazas. Sabe exactamente lo que debe hacer. No es la primera vez que pasa. La tía envuelve la mano sangrienta con un pañuelo, levanta a Karina en brazos y camina rápido hacia la avenida. Yo las sigo sin saber qué hacer. Suben a un taxi y la tía asómandose por la ventanilla me dice que me vaya a casa. Yo nunca volví sola de la plaza. Lloro las tres cuadras. Me hubiese gustado que Karina esta vez atrapase la sortija.

15 comentarios leave one →
  1. febrero 12, 2013 12:53 pm

    Judi: Si vos la convenciste y ella se dejo convencer, y despues se agarro la mano, es justamente eso lo que tenia que pasar y no otra cosa.Aunque nos duela y no lo entendamos
    O no?

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  2. febrero 12, 2013 1:39 pm

    Obviooooo, Ale. Pero te digo una cosa, no en base a este post, que es un cuentito ilustrativo de la nada, sino en respuesta general a lo que planteas: Ya sabemos que todo lo que pasa es lo que tiene que pasar, pero uno tiene la opción de elegir ser el shaliaj. Pongamos el ejemplo de una persona que tiene que morir asesinada. Uno puede elegir ser o no ser el asesino. Hay responsabilidad y hay consecuencia de los actos.

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  3. shuly permalink
    febrero 12, 2013 4:13 pm

    Ay vos si q sos una verdadera judia lLA CULPA JUDIA!
    M parece q vos la convenciste pero en ningun momento la obligaste y mucho menos de hacer las piruetas esa fue su desicion.
    Estoy de acuerdo con lo q decis de la gente q opina se mete sugiere etc pero esta en nosotros decidir q hacer o no;generalmente escuchamos y hacemos lo que realmente nosotros queriamos hacer desde un principioy a veces nuestro comportasmiento un tanto infantil nos hace pensar ” si esta no nos hubiese dicho……..”.pero realmente es asi o nosotros decidimos?
    beso grande excelente como siempre

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    • febrero 12, 2013 7:20 pm

      Shulitaaaa ¿como estás?
      Totalmente de acuerdo con lo que decís, más vale que las decisiones son personales. Igual, ya sabés… no hay que poner obstáculo frente a un ciego.

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  4. hay huevo? permalink
    febrero 12, 2013 6:36 pm

    aghhhhhh!!!! estoy de acuerdo con shuly! la culpa judia!! sos polaca encima? esas son las peores…
    es un post duro. por un lado, como vos decis, esta el tema de la responsabilidad que uno tiene. por otro, en este caso especialmente, la manipulacion infantil no puede juzgarse. pero claro, hoy ya no somos nenas, aunque nos comportemos como tales. y aun asi, seguimos manipulando inconcientemente para nuestro bienestar. incluso que cada iom kipur pedimos perdon por los malos consejos que damos. y la culpa? otra avera.
    yo igual no soy quien para decir nada. soy carnada facil para la culpa. pero bue. tampoco tengo culpa de ser polaca, no?

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    • febrero 12, 2013 7:46 pm

      “Seguimos manipulando inconscientemente para nuestro bienestar” JUAAAAAAAAAAAAAAAAA
      ¿Te acordás de este post? justo habla de lo que estás diciendo: http://elsabordelrimon.blogspot.co.il/2008/12/dame-tu-opinin.html
      Te mando un beso, polaca

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      • Todo un Succeso! permalink
        febrero 12, 2013 8:28 pm

        Jajajaja!! bo, te reiste por lo de “inconcientemente”? 🙂 leyendo el post q me linkeaste, me impresiono como cambio tu estilo de escribir!!!
        te mando otro beso a vos, XXX 🙂 y larga los alfajores, q los huelo desde aca 🙂

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  5. hay huevo? permalink
    febrero 12, 2013 7:39 pm

    che, q pasa con andy y caro q hace pila no las veo x aca?

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  6. ithiel permalink
    febrero 12, 2013 10:13 pm

    Judi, esta historia está muy buena para contarla a los niños. B”H nosotros somos un pueblo que sí escarmenta en cabeza ajena. Al final de narrarla me imagino haciendo algunas preguntas a los chicos como : “y si jaz ve shalom además hubiese ocurrido…..o “hay que pensar antes de actuar?”. Ahhhh y por supuesto, decir que las niñas aprendieron muy bien la lección ( bueno, yo espero que Karina lo haya hecho también, je,je,je ). Besos.

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  7. carina milewich permalink
    febrero 13, 2013 12:40 am

    gracias judi me gusto esta historia un poco triste pero nos deja pensar

    carina milewich

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