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Piedra libre

septiembre 3, 2012
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Estoy leyendo el libro “Life is Now” en donde el rab Pliskin expone que en el momento de nacer Hashem nos entrega cuatro bendiciones, cuatro herramientas que deberemos utilizar para llegar a cumplir nuestra misión en el mundo. Son cuatro instrumentos que, aunque los olvidemos, están en todas las neshamot esperando el momento de ser liberados.

Coraje

En el colegio nos hacemos llamar “Grupo 5”. Somos amigas desde tercer grado y nos gusta hacer todo juntas. Nos reunimos a la tarde para preparar el trabajo de ciencias o para estudiar los ríos de Europa. Hacemos fiestas de pijamas en la casa de Mariana y Silvina nos enseña los acordes de “En mi cuarto” en la guitarra. Cuando terminamos la primaria, ellas cuatro deciden ir a un colegio de monjas y aunque estoy acostumbrada a que me pasen de largo cuando se entregan regalitos de navidad, me siento un poco abandonada. Nos seguimos viendo en el club, pero no es lo mismo. Paso algunos fines de semana tratando de convencerme de que las cosas no han cambiado, pero ya no participo de las charlas. Hablan de la hermana Coralia y de la profesora de catequesis. Siento que no encajo. Después de un tiempo le pido a mi papá que me haga socia de Hebraica y un viernes me acompaña hasta la puerta. No entiendo la actividad ¿Judío argentino o argentino judío? Yo ni sé ubicar Israel en un mapa. Usan palabras que no conozco: peulá, madrijá, javerim. Nadie me habla. Escucho que alguien comenta que no parezco de la cole. A la salida se van a tomar algo a “Imperio” pero no me invitan. Paso la semana angustiada, con miedo a enfrentarme otra vez a esa gente que me resulta extraña . El viernes me falta coraje para ir. Me quedo en casa. Si tan solo me hubiesen avisado que había una reserva de coraje guardada en mí.

Amor

Los jueves voy a un taller literario. Tomo el 15 y me bajo en Luis María Campos. Hace un tiempo iba al taller de Dalmiro, y dentro de un año voy a ir al de Abelardo, pero este es el mejor de todos, no por el coordinador, sino por la gente. A mí me llevó Paula, aunque ella dejó de ir a la segunda clase. En el grupo está Diego. Diego va a ganar premios literarios y publicar libros. Es poeta “poeta”. Para mí es como Pizarnik, como Girondo. Maneja el idioma como un cocinero usa el cuchillo. Me ayuda a corregir mis textos. Tacha, tacha y tacha. Nunca deja la palabra “amor”. Tiene una postura clara: esa palabra está vacía. Es cursi. Es mersa. Yo le creo, pero no sé si por hacerme la rebelde o la graciosa escribo una poesía donde escondo muchas veces esa palabra. “No es tan mala si no suena a mortaja o a morir. A morgue o a moralista. Aunque sea la morondanga, la morisqueta, puede dejar la moraleja, que amor no aleja lo que tenés que decir. No empieces a morder, porque te vas a comer la morada”. En el taller todos se ríen de mi rebeldía insulsa, pero nadie vuelve a usar esa palabra en un texto. Muchos años después me voy a asombrar de recordar esos versos. También voy a darme cuenta de que el amor me siguió pareciendo cursi. Elegí esconderlo en pequeños gestos hasta convertirlo en un amor imperceptible, disimulado. Nunca supe que era una bendición lo que me estaba perdiendo.

Serenidad

El día va a ser difícil, mejor que me vaya preparando. Tengo que entregar un trabajo a las doce, hacer las compras, limpiar y después llevar a los chicos al dentista. No paro. Soy una persona grande, y una persona grande corre de un lado para otro. Tomarse un té a media tarde no es para mí. No va conmigo la vida budista. A las tres ya estoy cansada. Y a la cinco, nerviosa. Los chicos se están atrasando. Vamos a perder el turno del dentista. Con lo que cuesta conseguir otro. Llegan y los apuro. Vamos, vamos, vamos. Tomar la leche, lavarse los dientes, todo rápido. Me quieren contar algo y les digo que ahora no hay tiempo. Sentada en la parada del colectivo muevo mucho la pierna. Siempre hago eso cuando quiero apurar las cosas. Y miro el reloj, mientras mis hijos me están hablando. No les presto mucha atención. Estoy pensando cosas importantes. El jueves vence la tarjeta. Pero algo de lo que dicen capta mi interés. Me están diciendo que alguien tuvo un accidente.  Ahora sí presto atención. Que a la hermana de Shimi la atropellaron, que hay que hacer tefilá, me cuentan.  Ya no me importa el turno. Lo que me parecía importante hasta hace unos minutos, dejó de serlo. Se desvaneció. Las cosas comienzan a suceder como en cámara lenta. El mundo se detiene y yo me quedo mirando las motas de polvo iluminadas por el sol. Las prioridades se van reacomodando. Ese silencio está cargado de sentido, me habla. Me doy cuenta de que lo que ocurre en el caos es lo trivial. Lo importante se puede percibir sólo en la calma. Para eso se nos entregó la serenidad, que está allí, esperando ser utilizada.

Alegría

Alegría. El nombre es lo que me debe haber impulsado. El espectáculo sale caro, y tengo que viajar a Tel Aviv de noche, pero no me importa. Quiero volver con algo de esa alegría de circo a mi departamento de tres ambientes. Sé de antemano que no la voy a encontrar allí, pero ya tengo la entrada. Me olvido que la butaca es incómoda  apenas aparece un payaso en el escenario. Lo que pasa allí no es de este mundo. Gente que vuela. Que se suspende en el aire y flota. Que arma y desarma su cuerpo. Por momentos no entiendo lo que veo. Creo que mis sentidos me están engañando. Ellos y yo no somos de la misma especie, me digo. Pasan los minutos y el asombro deja lugar a la admiración. Quiero hacer como ellos y no dejarme definir por los límites. Ahí debe estar la alegría. En la equilibrista que da una, dos, tres vueltas en el aire. Que saluda mientras yo la aplaudo de pie. A quien le disminuye el pulso cardíaco mientras yo busco la salida. Que se desmaquilla en un camarín del subsuelo mientras yo le doy un beso a mis hijos dormidos. Le cuento a mi marido que quiero dominar mis midot como la contorsionista domina su cuerpo. Me contesta que voy a tener que entrenar todo el día, todos los días. Que eso sólo se consigue con esfuerzo. Yo sé que se puede hacer. Nos dieron las herramientas. Tenemos el amor, el coraje, la serenidad y la alegría. No se necesita nada más para conseguirlo.

15 comentarios leave one →
  1. Ihitel permalink
    septiembre 3, 2012 6:06 pm

    Me haces pensar Judi….. en que si me pusiera a analizar los eventos de mis vida en que como a ti, me faltó hacer uso de esas herramientas de las que habla el rab Pliskin sería muy bueno en estos días de reflexión y más.
    Ahora mismo estoy batallando con una situación que por falta de coraje para enfrentarla como debiera, estoy sufriendo las consecuencias. Pero B”H hoy me he propuesto un cambio para poder hacer uso precisamente de esas cuatro herramientas que están al alcance de todos.
    Todá rabá Judi por tu bello post.

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    • septiembre 4, 2012 5:18 am

      Ihitel, lo interesante es que esas cualidades están instaladas en nosotros, sólo hay que “actualizarlas” y al desarrollarlas cada una se fortalece con la otra… por ejemplo, nada trae más alegría que tener el coraje de enfrentar un miedo y superarlo. Un beso

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  2. septiembre 3, 2012 7:06 pm

    El Cirque du Soleil… que alegria!! Hermoso post ^_^

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    • septiembre 4, 2012 5:24 am

      ¡Emi! ¡Espectacular el Cirque du Soleil! ¿los viste alguna vez? mamash son de otro mundo.

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      • septiembre 4, 2012 8:44 pm

        Son increibles… estoy esperando el dia para verlos en vivo… nunca pude verlos de cerca, se te debe poner la piel de gallina de lo fantasticos que son.

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        • septiembre 5, 2012 7:59 am

          Tal cual, se te pone la piel de gallina. Si bien estamos todo el tiempo recibiendo estímulos audiovisuales, nos desacostumbramos a ver las cosas en vivo… la energía que desprenden es impresionante.

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    • septiembre 4, 2012 5:40 am

      agrego… Emi, a vos no se te escapa una ¿no? 😀

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  3. leah bendahan permalink
    septiembre 4, 2012 12:02 pm

    GRACIAS,ME ENCANTO ,ME TIENES REFLEXIONANDO TODO EL DIA, DE VERDAD MIL GRACIAS ESTOY UN POCO EMOCIONADA. LEAH

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    • septiembre 5, 2012 7:55 am

      Leah: Justo ayer leía unos tips para bloggers en donde decía que antes de publicar un post había que tener en claro qué es lo que uno pretendía. Preguntaban ¿qué es lo primero que querés que haga la persona después de leer? Mi respuesta fue “que se quede pensando”, así que… ¡gracias!

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  4. Anónimo permalink
    septiembre 7, 2012 7:32 pm

    Si pongo anónimo no tiene gracia, no?
    Pero no tengo el coraje.
    Lo que quiero decirte, Judi, es que cuando te leo pienso: “quiero ser tu amiga!!”
    jaja
    Hashem te dio la virtud de expresar por escrito cosas muy bellas, y con muchos post se me llenan los ojos de lágrimas, y ni hablar que me quedo pensando.
    Gracias!

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  5. septiembre 8, 2012 6:25 pm

    ¡Pero anónima! ya lo dijo el rab Pliskin, el coraje nos fue entregado al momento de nacer así que la próxima, usalo y animate 😀

    ¡Y Con gusto podemos ser amigas! muchas amistades comenzaron aquí, en los comentarios. Eso si, tengo que avisarte que en la “vida real” soy mucho menos interesante y bastante más aburrida…

    un beso y shavua tov

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  6. Perla Pnina permalink
    septiembre 8, 2012 10:08 pm

    BS”D
    excelente como siempre Judi, aqui va otra confirmacion de que tus post nos dejan reflexionando sobre cada tema que planteas.
    Buscando lapiz y papel para anotar las 4 palabras clave, decidi que mejor era memorizarlas como para tenerlas a mano en una parada de autobus, el dentista o donde quiera que me encuentre la vida.
    Y me di cuenta que: coraje, amor, serenidad y alegria, forman con sus iniciales la palabra CASA…
    Casa es bait, el adentro y definitivamente estas 4 son herramientas internas.
    El Coraje, muchas veces esta en simplemente reconocer lo que me pasa, sin actuar. Si eso que me pasa no me gusta tanto que me pase, puedo contenerme a mi misma con esa clase de Amor revestido de comprension. Entonces encontrar la Serenidad para armar una tefila a mi medida pidiendole ayuda al aba shebashamaim mientras le cuento acerca de mi gran anhelo por recuperar la Alegria y descubriendo para mi tesoro cuales son los verdaderos motivos que me la impiden…
    A veces simplemente puede estar bien no querer seguir jugando a ser dios y resolverlo todo… la paciencia es una grande entre las midot.
    Bueno, ein od milevado, quizas la escena que requiere mi puesta en marcha de herramientas no es otra cosa que HaShem esperando que le cante: piedra libre para todos mi companeros!
    Shana toba, metuka u meborejet para todo el mundo!

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    • septiembre 9, 2012 10:50 am

      Perla Pnina: ¡pero vos fuiste mucho más allá! no te quedaste sólo pensando sino que desarrollaste la idea. 😀
      Me encantó ¡en-can-tó! lo que decís acerca del coraje. Es verdad, muchas veces el coraje es simplemente animarse a reconocer lo que nos pasa.
      Y también me guardo tu regla memo técnica para que en un momento de necesidad me ayude a recordar cuáles son las herramientas que puedo usar.
      besote y ¡¡¡ktivá ve jatimá tová!!!

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