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Olimpiadas ínfimas

agosto 16, 2012
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Categoría atletismo

El profesor Eduardo nos viene entrenando desde hace dos meses. Lunes y miércoles en la hora de gimnasia. Martes y jueves en la plaza de Gaona. Marca la línea de largada con tiza en la vereda. Apila colchonetas para el salto en alto. Toma el tiempo con un cronómetro plateado. Después del entrenamiento se sienta en cuclillas y nos habla como si fuésemos atletas. Nos incentiva. Quiere que hagamos un buen papel en las intercolegiales. El día de la competencia estoy nerviosa. El estadio de River me intimida. No nos dejan pisar el pasto, la cancha es para los partidos. Las pistas de atletismo están al costado. Nuestro uniforme es una chomba blanca atravesada por una cinta verde. Las madres bordaron sobre la cinta el nombre del colegio. La mía quedó un poco rara porque mi mamá escribió “Escuela de la Pampa” con letras cuadradas. Cada participante recibe un número. Lo colgamos de la espalda con un alfiler de gancho. Compito en la carrera de cien metros. Pierdo. En la pista de salto en largo calculo la distancia desde el cajón de arena. Sesenta y cuatro pasos. Soy la única que mide la distancia. No sé cómo hacen los demás para llegar al pique con el pie correcto, a mí el profesor me enseñó de esta manera. En el primer salto caigo hacia atrás. Antes de tomar impulso para el segundo, miro al cielo. Salto tres metros treinta y dos y quedo clasificada. En los resultados finales salgo sexta, lo que no significa nada. Solo se premia hasta el tercer puesto. No gané, pero estoy contenta. Muy contenta. El profesor se conmueve con mi alegría de perdedora. Hace una ceremonia en el colegio en donde me entrega una medalla que paga de su bolsillo. Años después vamos a hacer una reunión de ex compañeros, un asado en la casa de Coqui y vamos a ver la filmación de aquel día. Nos vamos a reír de nosotros mismos corriendo en ropa de gimnasia. En el minuto final de la película se me ve en el patio del colegio, peinada con una cola de caballo, mientras el profesor me pregunta qué fue lo que más me gustó de la competencia. Rodeada de mis antiguos compañeros siento vergüenza al verme. Pero también me emociono al escuchar la respuesta.

Categoría pelota al cesto

El mejor equipo es el del Dámaso Centeno. Las de mi colegio nos excusamos diciendo que tienen el mejor equipo pero no tienen nuestro nivel académico. Jugando somos mediocres, pero por lo menos tenemos gimnasia aprobada todo el año. Los partidos se juegan los domingos muy temprano. Es invierno y llegamos a la cancha tiritando. Alicia y yo somos los ataques. Alicia es la estrella, porque juega bien, pero sobre todo porque es alta. Hoy jugamos contra Lanús. Cuando las veo llegar me asusto. Digo en voz alta: “no, la gorda de Lanús no” y aunque nadie entiende a qué me refiero, enseguida se dan cuenta de quién hablo. A la gorda la conozco porque ella también jugaba al basket. La ponen para molestar. No toca la pelota en todo el partido. La gorda de Lanús escupe. Sólo escupe. En los partidos de basket siempre marcaba a Mariela. La escupía y la desconcentraba. Mariela, que era la mejor jugadora, nunca pudo anotar cuando ella la marcaba. No sé como hacía para que los jueces no la vieran. También decían que no estaba inscripta en la federación, que jugaba infiltrada. Si las de Lanús están bien informadas, hoy la gorda tendría que marcar a Alicia. Pero no. La veo caminar hacia mi puesto. Apenas empieza el partido salgo desde atrás para recibir el pase. La gorda me marca a la distancia, casi ni se mueve. Antes de recibir la pelota siento su saliva en la mejilla. Detengo el juego y le hago una seña al réferi. El réferi no vio nada. Lo que no se ve no se cobra. La escena se repite varias veces. Me preocupo más por esquivar las escupidas que por encestar. Mi profesora pide minuto libre para hablar con los jueces. La veo gesticulando. Suena el silbato y volvemos a la cancha. La gorda me sigue escupiendo. Estoy asqueada. Intento jugar, pero no puedo. Me digo que es solo saliva, que no pasa nada. Vamos perdiendo mil a uno. En el entretiempo mi profesora está indignada. No sabe qué hacer. Y Alicia está enojada. Me pide que juegue sucio. Que empuje, que pegue. En el segundo tiempo mis compañeras empiezan a gritarle cosas feas a la gorda. Ella se ríe y me sigue escupiendo. La profesora ya no disimula su enojo. Se empieza a poner furiosa. Me grita desde el banco: ¡escupí vos! ¡escupila! El partido ya no le interesa a nadie, está perdido. Solo quieren verme escupir. Yo no quiero. ¡Escupila! ¡escupila! me gritan todas. No sé qué hacer. Quizá tienen razón. De alguna manera tengo que defenderme. Miro a la gorda a la cara. Voy a hacerlo. Se lo merece. De golpe aparece un recuerdo. Me veo con diez años, en el patio del colegio, peinada con una cola de caballo, diciéndole al profesor Eduardo que lo que me gustó de la competencia es que me hizo mejor persona. Que me ayudó a superarme. Si el deporte no sirve para eso, no sirve para nada. Quedan diez minutos de partido. Sigo jugando lo mejor que puedo.

17 comentarios leave one →
  1. agosto 16, 2012 7:40 am

    Genial Judi.. me encantó! Como te digo siempre, me encanta el manejo que hacés de los tiempos. Muy bueno 🙂

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    • agosto 16, 2012 8:08 am

      Gracias Emi! aunque sólo manejo bien los tiempos en el ámbito literario, porque en la vida real… ejem 😀

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  2. leah bendahan permalink
    agosto 16, 2012 10:47 am

    JUDI, ME ENCANTO QUE PRECIOSO,Y COL AKABOD,,EN ESTOS TIEMPOS DE ESTO NOS FALTA MUCHO Y ESTOY SEGURA QUE EN LA VIDA REAL TE LAS ARREGLAS MUCHO MEJOR DE LO QUE TU MISMA TE CREES CON EL TIEMPO Y CON TODAS LAS COSAS ESTAS HISTORIAS QUE NOS CUENTAS ASI NOS LO DEMUESTRAN ,ADEMAS DE ESCRIBIR MUY BONITO ,UN SALUDO LEAH

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  3. Elizabeth permalink
    agosto 16, 2012 11:16 am

    Hola chicas!! Shalom Aleijem!!,
    ya volvi de una de las cosas mas lindas que me pudo pasar en mi vida que es conocer la tierra de Israel (y por supuesto verlo a mi hijo hecho un hombre).
    Nuestra vida es una olimpiada permanente, pero nuestro contricante somos nosotras mismas, Hashem hizo eso para que podamos autosuperarnos, los recuerdos tambien sirven para eso.
    Gracias por hacernos reflexionar con sus historias.
    Las quiero mucho.
    Elizabeth

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    • agosto 16, 2012 11:34 am

      ¡Elizabeth! ¡mazal tov por tu hijo! Que tengas muchísimas najas de tu familia.
      “Una olimpiada permanente” ¡muy buena definición de la vida! Tenemos que trabajar los músculos espirituales.

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  4. Leo Ghea permalink
    agosto 16, 2012 3:43 pm

    Judi querida… sencillamente brillante, en general, cuando leo estas cosas no contesto porque me quedo medio helada, pero desde “Tres historias” que quiero decirte, tal como afirma Leo Katz que CADA DIA ESCRIBIS MEJOR, no hay dudas. Me pregunto que diria Pedro Mairal si te leyese, (o quiza ya lo hizo y quedo tan pasmado como yo!)
    Un abrazo!

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  5. agosto 16, 2012 5:47 pm

    ¡Queridisima Leo! ¡me alegró mucho tu comentario! No me importa si Mairal me lee, porque ya tengo una lectora como vos.
    Aprovecho para agradecerte la promoción que me hacés… un “pajarito” siempre me cuenta que la mandás a leer los post. 😀
    un beso

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    • Leo permalink
      agosto 17, 2012 3:02 am

      Ah… viste? Hay que lograr que el “pajarito” se conecte. Pero te advierto, si se llega a conectar y se suma a comentar colapsa el blog, mi amiga es lo mas grande que hay!

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      • agosto 17, 2012 7:55 am

        Leo! Tu amiga te hace caso… lee los post, los analiza, desarrolla teorías, los “espiritualiza” y después me los comenta por teléfono mientras cocinamos para shabat, así que ¡misión cumplida!

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        • Leo Ghea permalink
          agosto 27, 2012 2:37 am

          Mision cumplida beshefa!, ¿Cuanto valen esas conversaciones telefónicas? ¿No las pueden grabar? Las quiero a las dos!

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  6. Ihitel permalink
    agosto 16, 2012 6:32 pm

    Gauuuuuuu Judi me sentí en el tunel del tiempo y pude verte muy bien!
    No recuerdo haber tenido “contrincantes” de esa categoría….pero B”H que “la escupidora” contribuyó en mucho para aumentar “tu condición espiritual” y hoy eres toda una atleta.

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    • agosto 17, 2012 8:00 am

      ¡¡¡¡ja ja ja ja!!!!! “la escupidora” ¡qué apodo se ganó!
      ¿Sabés que creo que todos tuvimos contrincantes de esa categoría? Hay muchas manera de “escupir”.

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  7. Gegi permalink
    agosto 16, 2012 10:17 pm

    Q Genia!
    Q asco!!
    Q Genia!!
    me encanto! y entre q no puedo creer lo q pasaste ese dia, es un zejut ser tu amiga!
    beso.

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    • agosto 17, 2012 8:05 am

      Gegin ¡estuve muy tentada de contar nuestra olimpiada de este verano! Categoría “watervoley” ah… ¿que no existe ese deporte? no importa… nada nos detiene, si no existe ¡lo inventamos!

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  8. agosto 19, 2012 12:44 pm

    Me dieron ganas de ir a Lanus a hacer justicia por mi amiga la escupida!!
    No hay venganza posible, sería escupir al cielo!! 🙂

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    • agosto 19, 2012 3:24 pm

      ja ja ja… qué graciosa… mejor pensemos que esa mujer ya debe estar arrepentida de sus métodos

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