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Tres historias. Muchas gracias.

junio 28, 2012
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Hay cosas que nunca se olvidan. Son cosas que parecen que se olvidan porque quedan en el mismo lugar de la memoria que los acontecimientos cotidianos, pero estos sucesos se distinguen del resto. Sobresalen. Son como un pochoclo en una bolsa de maíz. Son lo mismo, pero no.

Entre esa clase de recuerdos, encontré tres historias acerca del agradecimiento. No es casual que haya pensado en ellas porque estoy haciendo el trabajo que plantean Sara Yoheved Rigler y la rabanit Tziporah Heller en su libro “Battle Plans”, donde proponen escribir cinco cosas por día por las que uno está agradecido. Los primeros días son fáciles (gracias a la vida que me ha dado tanto) pero como una de las reglas es que no se puede repetir ningún agradecimiento, durante el transcurso de los meses hay que empezar a escarbar e hilar más fino. Así es como entre recuerdos añejos, encontré estas historias por las que todavía no había agradecido.

Una bicicleta para la vuelta manzana

Nací en un barrio “barrio”. Con gente que se sentaba en la vereda a tomar mate. Con un club en donde los jubilados jugaban al dominó y las niñas tomaban clases de gimnasia rítmica. Eran vecinos que se conocían, no que sólo se saludaban al pasar, sino que se detenían a preguntarse por el dolor de espalda.

A Karina la conocí “desde la panza” porque nuestras madres embarazadas se cruzaban en el ascensor. Nacimos con dos meses de diferencia y nos sentamos juntas toda la primaria. Cada tarde los chicos de la cuadra salían a andar en bicicleta. El recorrido fijo era Gavilán, Escalada de San Martín, pasaje La Fronda y Juan B. Justo. Karina tenía una bicicleta celeste que le había regalado su abuela. Tenía canastita y una bocina roja. Yo no tenía bicicleta. Era raro porque nunca me faltó nada, pero no tuve bicicleta hasta los quince años.

Cada tarde, Karina compartía conmigo su bicicleta. Nos turnábamos para dar la vuelta manzana: una vez ella, una vez yo. Mientras una andaba, la otra esperaba sentada en el umbral del edificio. A Karina no le parecía nada extraordinario lo que estaba haciendo. Yo era su amiga y no tenía bicicleta. Recuerdo muy bien su sonrisa cuando me veía venir pedaleando al doblar a la esquina.

Un strogonoff para Paola

Después salí del barrio, porque como todas mis amigas se fueron a un colegio de monjas, yo me fui para otro lado: a una escuela de gente tan interesante como esnob donde nunca sentí formar parte. Entre tanta diva de “Gloria Vanderbilt” encontré a Paola. Paola era muy sencilla y vivía cerca de mi casa. Supongo que sentía que eso nos unía, pero el día que me invitó por primera vez, me di cuenta de que me equivocaba: Paola vivía en una mansión con pileta, con una decoración vanguardista y una madre que no sabía jugar al buraco.

A pesar de que me hice muy amiga de ella, yo no la invitaba a mi casa. Me daba vergüenza nuestro departamento de tres ambientes decorado con la alfombra ecuatoriana y el cuadro de un gallo. Mi mamá debía sospechar algo, porque sutilmente me empezó a preguntar cuándo iba a venir mi amiga a casa. Tanto me debe haber preguntado que al final confesé mi temor de que Paola no quisiese ser mi amiga si descubría que yo no tenía una mesa de ping pong en la sala de juegos.

El día que finalmente me animé a invitarla, mi mamá preparó el strogonoff más rico que probé en mi vida. Lo sirvió en el comedor usando la vajilla del dragón y los cubiertos que se guardaban en un cajón del modular, cosas que solo se usaban en acontecimientos importantes. Recuerdo muy bien el orgullo que sentí cuando Paola pidió el tercer plato.

Un che Guevara para Arthur

En ese colegio pasé los peores años de mi vida. No tengo muchos buenos recuerdos de esa época. Una manada de adolescentes inquietos combinados con un sistema de educación estricto nunca da buenos resultados. Eran los primeros años de democracia en Argentina y todavía arrastrábamos el miedo a hablar libremente. No estábamos seguros de lo que se podía decir y lo que no.

Aprendíamos inglés con el libro “Starting Out”, un libro de comics donde las aventuras de los protagonistas, Arthur y Mary nos divertían mientras estudiábamos los tiempos de verbos. Un día la profesora nos informó que a partir de la próxima clase utilizaríamos otro libro. No recuerdo bien si era porque las aventuras de Arthur (o “Aarzzzur”, como debíamos pronunciarlo) le parecían demasiado de avanzada o simplemente le molestaba que disfrutáramos del estudio. La cuestión es que quiso cambiar el libro que tanto nos gustaba.

Mi división comenzó un pequeño movimiento revolucionario. Imagínense, todos habíamos visto “the Wall” en esa época. Nos juntábamos en los recreos y diseñábamos el plan de educación perfecto: Estudiar las canciones de Los Beatles y Led Zepelling. Leer “Oliver Twist” en su idioma original. Y por supuesto no cambiar a Arthur. A Aaarzzur lo queríamos todos.

Todo esto sucedía entre bambalinas, pero nadie se animaba a planteárselo a la profesora. Nos juntábamos en el buffet del colegio a darnos ánimos : “no podemos dejar que nos pasen por arriba” “¿qué puede pasar? hay que animarse y hablarlo” “¡que nos amonesten a todos!”

Un jueves, en la segunda hora, Alejandro Cohen pidió permiso para hablar en mitad de la clase de inglés. Aunque expuso todo con respeto, la profesora se enojó muchísimo. Daba miedo. Amenazó con expulsarlo ¿Quién era él para decidir cómo debía dar su clase? ¿cómo se atrevía a cuestionar sus métodos? En el medio de su diatriba nerviosa, la profesora miró al resto de la clase y dijo en perfecto inglés: “Que levante la mano quien esté de acuerdo con Alejandro”

Muchos años después me crucé con Alejandro en el centro cultural Recoleta. No teníamos mucho para hablar, así que solamente intercambiamos saludos: Antes de despedirnos me dijo:

-Nunca me voy a olvidar de que fuiste la única que se atrevió a levantar la mano.

Tres historias para mi libreta. Tres cosas más por las que agradecer: Haber tenido una amiga que valoró mi amistad. Haber tenido una madre que valoró mis sentimientos. Haber tenido un compañero de colegio que valoró mi valentía.

28 comentarios leave one →
  1. junio 28, 2012 2:26 pm

    2 cosas Judi: cada vez estás escribiendo mejor (y no porque antes lo hacías mal). Creo que la regularidad del ejercicio y de postear en general te obliga a sacar conejos de la galera cada vez más auténticos, más personales y al mismo tiempo más universales. ¡Te felicito!

    La segunda es que el novio de Mary se llamaba Bruce.

    Saludos,

    Leandro

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  2. junio 28, 2012 2:39 pm

    Arthur y Mary eran los protagonistas, claro! Pero Mary se ponía de novia con Bruce y Arthuer se ponía celoso. ¡Yo también estudiaba de ese libro!

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    • junio 28, 2012 2:44 pm

      ahhh… ¡de Bruce no me acordaba! Creo que toda una generación estudió con esos libros.

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  3. Ariana permalink
    junio 28, 2012 3:42 pm

    Hoy fue uno de esos días… Y de pronto te leí y en un momento la pantalla se borró de tantas lágrimas…. ¡Gracias por haberme permitido llorar de emoción y no de enojo, de cansancio, de bronca de…!
    ¿Sabés algo? Yo había oído la historia de Paola contada por tu mamá: cómo se preparó para que te sintieras orgullosa…
    Otra cosa: ¡Justo saqué “Battle plans” de la biblioteca!!!
    Coincido con Leandro en que “Cada día escribís mejor”
    ¡Te quiero mucho!!!!

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    • junio 28, 2012 4:23 pm

      ¡Ari! perdón por las lágrimas… aunque si sirvieron de catarsis, bienvenidas.

      Igual la que me emocionó sos vos. Yo no sabía que mi mamá tenía tan consciente ese hecho. Nunca lo hablamos. Nunca se lo agradecí…

      ¡¡El libro es lo más!! yo lo uso mucho en mis momentos de batalla…

      Te mando un beso enorme y otro más.

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    • sonita permalink
      junio 29, 2012 2:57 pm

      arianita; si te consuela, que sepas que yo últimamente casi todos los días son uno (o unos???) de esos días. cuándo te venís con el mate y la bombilla? sos gaucha o no, vos?

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  4. sonita permalink
    junio 28, 2012 5:32 pm

    uai, judi, como me identifique con tu post y en especial con eso de que vos vivias en departamentito de tres ambientes y tus compañeros de colegio en mansiones con pileta. a mí me pasó exactamente lo mismo y se me formó un conflicto terrible por eso de que nunca me atrevía a invitar a mis amigos a mi casa de la verguenza que sentía… uy… y la avda san martin y juan be justo, yo pasaba por ahi todos los domingos cuando íbamos a visitar a mi abuela en Saenz Peña… en fin.. y la profesora de ingles, cómo se llamaba? me olvidé… pero starting out, getting on, turning point y open road siguen vigentes en mi cabeza porque despues los use durante años para enseñar en el liceo britanico.. ay arthur y mary, bruce y compañía… qué época… gracias por compartir con nosotros tu pasado y tu presente

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    • junio 28, 2012 6:28 pm

      ¡Sonita! ¡tenemos tantas cosas en común! Pensé muchísimo en vos mientras escribía el post.
      Durante un buen rato traté de acordarme del nombre de aquella profesora, pero al final me di por vencida y me dije: “total después Sonita me lo dice” 😀

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      • sonita permalink
        junio 29, 2012 2:49 pm

        para qué romperse la cabeza, najón? si sonita con sus ataques de nostalgia se acuerda de todos los profes del pelle… no, pero de esta no me acuerdo. A quién te referís? a la de primer año? una petisita y muy coqueta? ella enseñaba el starting out, me acuerdo… y tenía un impecable acento oxford, me acuerdo que nos obligó (!!!) a ver la transmisión del casamiento del príncipe charles y lady di… y yo me dije: guau qué profesora tan piola nos da de deberes mirar la tele!!! eso fue en el primer año del pelle… después ya me fui dando cuenta de con quién estaba tratando….

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        • junio 30, 2012 6:48 pm

          ¡shavua tov! Supongo que era esa misma… la verdad es que no me acuerdo de casi ningún profesor (hasta que me pongo a escribir un post, y aparecen) de todo el secundario sólo recuerdo con cariño a Vidal, de literatura ¿la tuviste?

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          • sonita permalink
            junio 30, 2012 8:27 pm

            la verdad que no me acuerdo, en qué año estaba? Yo me acuerdo, fuera de moreno y la baci, de la de frances de primer año, la stagnaro de ingles comercial, la de musica que me mando a diciembre, la acosta de matematica en tercer año, una de biología muy piola de quinto año, un profesor de física tambien muy joven en fin apenas me acuerdo, como que tengo un borron, un blanco casi total de esos años. Pero de verdad, tendriamos que organizarnos como le dijiste a andre… te acordas de la prueba de resistencia en la ciudad universitaria, doce minutos interminables dando vueltas a ese circuito oval, hasta que te caías totalmente out? y los partidos de hockey?

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          • sonita permalink
            junio 30, 2012 8:32 pm

            ah! me olvide de ceballos de ingles, pero no en primero, creo que en segundo o tercero. vos estabas en primera division turno mañana?

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  5. Ihitel permalink
    junio 28, 2012 5:49 pm

    Judi perdón que intervenga, pero creo que ya le agradeciste a tu mamá. Lo acabas de hacer de una manera bella.
    Me encantó el post. Me recordaste tantas cosas…..todas hermosas de aquellos años.
    Gracias por el buen sabor de boca que me dejaste con esas tres historias de valores universales: amistad,gratitud,valentía.

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    • junio 28, 2012 6:37 pm

      ithiel ¿vos crees que es así? Alevai. Mientras escribía pensaba en el cliché ¿por qué no se lo dije en su momento? Igual supongo que “en su momento” se debe haber dado cuenta de cuánto me había ayudado.
      Te mando un beso y ¡shabat shalom!

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  6. leah bendahan permalink
    junio 28, 2012 9:31 pm

    QUERIDA YUDI, ME ENCANTO EL POST TE ASEGURO QUE VIVA DONDE VIVA LA PERSONA QUE LO LEA , ESTAS HISTORIAS SON COMPLETAMENTE UNIVERSALES, SE PUEDEN TRASLADAR A CUALQUIER LUGAR ,Y SER IGUALMENTE VALIDAS, PERO LO QUE ME GUSTO DE VERDAD ES LA IDEA DE AGRADECER ,POR TODO LO BUENO QUE TENEMOS ,Y EL EJERCICIO DE ESCRIBIRLO TODOS LOS DIAS Y SIN REPETIR ME PARECE ESTUPENDO, SOLO ASI SEREMOS CAPACES DE TENER VERDADERA CONCIENCIA DE LO QUE TENEMOS ,Y AL MISMO TIEMPO, NO ECHAR NADA EN FALTA SHABAT SHALOM Y MIL GRACIAS. LEAH

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    • junio 29, 2012 3:09 am

      ¡Leah! ¡mamash el ejercicio es fantástico! A mi me cambió la vida. En realidad no me cambió la vida… me cambió la manera en que veo la vida.
      Cuando subamos el shiur de Ruth Shira de este mes, escuchalo porque también en un momento habla de esto.
      te mando un beso

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  7. Andre Cit permalink
    junio 29, 2012 7:40 pm

    Titulo este comentario “cosas que a nadie le van a importar pero las quiero escribir igual”
    1) El “starting out” de mi época se llamaba Snap. 1 2 y 3. Hello hello I´m Pat, I´m Carol, y T42 el robot.
    Después el Pelle subió la categoría, nos mandaban a estudiar a contraturno inglés en los talleres de la UBA. Eso estuvo genial.
    2) Justo mis amigas de la primaria y secundaria, tenían casas grandes y lindas, y papás simpáticos. Mis padres BH los amo son lo más, pero mi papá les hacía chistes que ellas no entendían y no sabías si reirte o no. Y justo el día que invitaba a alguna a comer todos hacían chanchadas en la mesa y me daba vergüenza. Mi mamá gritando “chicas chicas no muestren todo lo que saben hacer”
    3) Ahora que vi un hombre entre las extrañas, me dio un poco de vergüenza comentar. Me sentí deschavada, please que no comente lo que hablamos sobre los maridos! Menos mal que los avatares no tienen foto. Zeu.

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    • junio 30, 2012 6:44 pm

      Andre ¿me perdí algo? ¿vos fuiste al Pelle? ¡¡¡¿lo contaste acá?!!! Quiero saber año, turno y división.
      ¡Armemos un blog de las religiosas del pelle! Que se llame: gimnasia en ciudad universitaria

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  8. Andre Cit permalink
    julio 1, 2012 1:00 am

    Hola Judi, sí, fui al pelle, tengo mil recuerdos, todos lindos, me transportan a una época muy especial de mi vida. Títulos de recuerdos, el 42 que me llevaba a ciudad, el coro en el que canté hasta 3 años después de egresar, mi militancia en el centro de estudiantes, y hasta mis visitas al psicólogo del gabinete de “tutoría”. uf, me abrí una puerta que estuvo super cerrada muchos años!!
    Iba a la tarde, 1ra division, pero terminé hace 10 años, bastante poco como para compartir profesores y esas cosas….

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    • julio 2, 2012 11:08 am

      La pregunta clave es: ¿¿¿¿en tu época se daba examen de ingreso????

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      • Andre Cit permalink
        julio 2, 2012 8:36 pm

        Sí, de marzo a diciembre, un embarazo mas o menos.
        insoportable el nivel de stress para niños de 12 años.
        Encima después te matabas para entrar bien y el turno te lo sorteaban, por ej recuerdo que al chico que entró nro 1 de todos los ingresantes le tocó turno vespertino!!

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  9. Denise permalink
    julio 1, 2012 4:18 am

    Judi, muy lindo tu post, y me sumo a agradecerte por este post y todos los post de Extrañas, también los de Caro y de Andy!!. Estuve varios meses con el libro Battle Plans, muy útil, pero no hice este ejercicio…
    Me reí mucho con el recuerdo de los libros de inglés y la historia de Arthur, Mary y Bruce, y creo que también usamos el Turning Point, en (el Lenguas Vivas o en la Cultural inglesa?, no lo tengo tan claro). Te mando un beso grande,
    Denise

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    • julio 2, 2012 11:07 am

      Hola Den! Si no me acuerdo mal, entre el Lenugas Vivas y el Pellegrini siempre hubo un poquito de competencia ¿o me equivoco? ¡Ahora solo falta que venga alguien del Buenos Aires para decir que ese colegio era el mejor! Por suerte ya estamos grandes para esas cosas ¿o no? ah, cierto… seguimos haciendo lo mismo con otras cosas 😀

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  10. julio 2, 2012 11:13 am

    Sonita!!! me hiciste acordar de todos esos profesores que había enterrado en la memoria. No me acordaba de ellos. Sólo creo que puedo agregar uno de matemática… ¿Ramone?

    ¡Si sigo así Andy y Caro me van a expulsar del blog! O por lo menos suspender hasta que se me pase el ataque escuelista

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    • sonita permalink
      julio 2, 2012 11:21 am

      lo que sea, siempre y cuando no te manden a marzo!! jajajaja!!

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  11. carina mile permalink
    julio 2, 2012 6:08 pm

    judit muy lindo el post

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