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Día 39: Adivina quién viene esta noche

octubre 11, 2016

Mi hijo tuvo bar mitzva dos días antes de Pesaj. Eso es como decir que hice una fiesta el mismo día del Apocalipsis. Me atrevo a decir más; es como pretender que lleguen invitados a tu fiesta cuando ya se divisa el enorme meteorito que hará explotar la tierra.

En Jerusalem las invitaciones a las fiestas son amplias y generosas. No hay ubicaciones establecidas en las mesas, cada uno se sienta en donde encuentra lugar. Nadie confirma asistencia por lo que es imposible  tener una noción exacta de la cantidad de invitados que asistirán. Algunas personas llegan con sus hijos, algunos llegan solos, algunos pasan a saludar. Están quienes llegan temprano y están quienes llegan hacia el final.

Me opongo a las celebraciones ostentosas por lo que esta costumbre de mantener las cosas sencillas me parece genial. Sin embargo tengo que reconocer que esa flexibilidad complica la organización previa. Nada es previsible, no se sabe cuántos comerán el primer plato y cuántos estarán para el postre.

Yo no sabía cuántos cubiertos pedir. Por un lado, erev Pesaj es época de vacaciones y mis hijos invitaron a sus amigos, por lo que me imaginé que la fiesta se llenaría de bajurim hambrientos que verían la fiesta como una oportunidad de escapar de la limpieza de Pesaj y sentarse a comer en días en donde es bastante difícil conseguir una cena decente.

Por otro lado pensaba que no muchos podrían abandonar sus casas un día antes de bedikat jametz y que en el salón quedarían varias mesas vacías.

Para establecer un número aproximado de asistentes me basé en la relación que tenía con las personas. Por un lado estaban los infalibles: la familia y amigos cercanos con quienes sabía que podría contar. Por el otro estaban las personas con quienes no tengo tanta relación; una amplia zona gris  de vecinos, conocidos o contactos de trabajo con quienes no sabía qué pasaría.

Dicen que de los invitados a tu fiesta, a quién recuerdas es a quien te sorprende. Yo recuerdo a dos personas:

La primera es una persona que pertenecía al grupo de los no muy cercanos. Llegó temprano, vestida en sus mejores galas, bailó conmigo con muchísima alegría y se quedó hasta el final. A partir de ese momento nuestra relación se volvió más cercana.

La segunda persona que me sorprendió fue una vecina que llegó cuando la fiesta estaba a punto de terminar, pálida por el cansancio y en zapatillas. Me abrazó y se disculpó por no haber podido llegar, aunque igual había querido pasar a saludar. Ahora, cada vez que la veo me lleno de alegría y agradecimiento por el esfuerzo que hizo para llegar.

En Iom Kipur Hashem nos espera. Estamos todos invitados. No sé quienes serán considerados infalibles y  quienes de asistencia dudosa. No sé dónde está parado cada uno. Ni siquiera sé dónde estoy parada yo.

Aunque de la organización de esta fiesta yo no me encargo, el desafío de hoy es que nos aseguremos llegar.

Si creemos que somos de los invitados infalibles, asegurarnos de hacerle honor a esa situación y aprovechar Iom Kipur al máximo.

Si nos creemos en la lista de dudosos, imitar a la invitada que me sorprendió con su inesperada y cariñosa presencia y aprovechar el día para acercarnos más a Hashem y mejorar nuestra relación.

Y si se sienten lejos de Hashem -jas ve jalila-, por lo menos hagan como mi vecina:  pasen a saludar. El último rezo, el de Nehilá, es el más poderoso del año.

Gmar jatimá tová  y tzom kal para todo Am Israel.

 

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Día 38: Química de Iom Kipur  

octubre 10, 2016

 

En el bar de mi colegio había una zona perfecta para escaparse de clase. Era una mesa en la esquina del segundo piso que no se veía desde la puerta del bar ni desde ningún otro sector de la planta baja. Nunca supe si los preceptores eran demasiado haraganes para subir las escaleras del buffet y comprobar si había alumnos en esa zona, o si en realidad sabían que estábamos allí, pero nos dejaban como premio por haber descubierto un punto ciego en el edificio.

En cuarto año a mí me pareció buena idea pasar todas las horas de Química leyendo en aquella mesa del bar. Me interesaba más Borges que la Tabla Periódica y a la profesora de Química no parecía importarle quien estaba o no en su clase, ni siquiera pasaba lista.

El sistema parecía perfecto: un día antes de los exámenes de Química yo estudiaba los apuntes de una amiga y daba la prueba. No me iba muy bien, pero aprobaba. Mientras tanto terminé El libro de arena y El aleph.

El último día de clase la profesora pidió que todos los alumnos se presentaran y advirtió que para poner la nota del último cuatrimestre -la que definiría el promedio- usaría un método novedoso.

Ese día nos hizo formar una fila y pasar de a uno frente a su escritorio. La profesora miraba al alumno y si lo reconocía buscaba su nombre entre la pila de boletines y le ponía la nota que necesitaba para que el promedio lo salvara. Incluso aprobó a Manis, quien la volvió loca durante todo el año con chistes del estilo “nitrato de hacerlo, cloro que sí”. Más escandaloso aún, aprobó a Gutiérrez, que no sabía la diferencia entre átomo y molécula y que necesitaba un diez para salvarse.

Si la profesora no reconocía al alumno simplemente le indicaba que continuase su camino sin dirigirle la palabra. Así supo que todos los boletines que quedaban sin tocar en su escritorio pertenecían a alumnos a quien ella no conocía. En esos boletines sin distinción puso la nota que se necesitaba para que el alumno se llevase la materia a marzo.

Así fue como me llevé Química de cuarto.

Me  gustaría encontrar a aquella profesora para abrazarla y agradecerle esa enseñanza que sólo entiendo treinta años después: la importancia de la conexión y la presencia.

En el Musaf de Yom Kipur el shaliaj tzibur recita en nombre  de la congregación una tefilá que se llama Hineni: “Aquí estoy, con profunda humildad” comienza el rezo.

Aquí estoy, diremos en Iom Kipur. Aquí estoy, asumiendo la responsabilidad de mis actos y mis elecciones.

La raíz de la palabra teshuvá es regreso. Teshuvá significa regresar a Hashem acortando la distancia que se generó entre nosotros y nuestro Creador. Cada pequeño paso que demos en esa dirección será reconocido, aunque haya sido un paso incompleto.

“Busca a Hashem mientras puede ser encontrado” (Ishaiau 55:6). Jazal explica que este pasuk se refiere a los diez días de teshuvá (Rosh Hashaná 18a). Hasta el rezo de Nehila Hashem está en el campo y podemos encontrarlo más fácilmente.

Faltan dos días para Iom Kipur. El desafío de hoy es echar toda la carne al asador para acercarnos  y afianzar todavía más nuestro vínculo con Hashem. Digamos presente con nuestras tefilot, tzedaká y teshuvá. No nos llevemos ninguna de esas materias a marzo.

Gmar jatimá tová.

 

Día 37: Elogio del fracaso

octubre 9, 2016

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Según una investigación de la Universidad de Loughborough el mejor método para mantenerse despierto es tomar café y luego hacer una corta siesta de 15 minutos.

Espero que la técnica resulte, porque sin querer yo la utilicé.

Mi intención era mantenerme bien despierta -en el mismo estado de alerta en el que quedé luego de escuchar el shofar en Rosh Hashaná-, pero lo que hice estos últimos días fue tomar mucho café y dormirme en los laureles.

Por los mails que recibo y las charlas con amigas, sé que a esta altura a muchos les pasa lo mismo: les parece que cayeron o que ni siquiera empezaron su trabajo personal de Elul. Sienten que fracasaron.

Aseret imei teshuvá no es momento de perder el tiempo y desperdiciar  la inmensa siata dishmaia disponible, es verdad, pero esa sensación de fracaso solo sirve para querer tirar la toalla a último momento.  A menos que la reconozcamos como parte del proceso.

En su libro Cómo orquestar una comedia John Vorhaus ofrece recursos para creativos y propone la regla del nueve para liberarse del miedo al fracaso: “De cada diez chistes que cuentes, nueve serán malos. De cada diez ideas que tengas, nueve no funcionarán. De cada diez veces que te arriesgues, nueve fracasarás”.

Vorhaus explica que si uno baja la expectativas y entiende que de cada diez ideas sólo una va a funcionar no nos desalentamos ni nos parece extraño cuando se necesitan cientos de ideas malas para que por mera lógica matemática aparezcan las ideas valiosas. Él está convencido de que el proceso del fracaso resulta vital para el triunfo.

¿Se podría aplicar esta regla a la teshuvá y decir que de cada diez cambios que nos propongamos sólo en uno tendremos éxito?

No sé.

Sin embargo el recurso a mí me sirve porque cada año, haya hecho lo que haya hecho, llego a Iom Kipur  con la sensación de que no fue suficiente.

Quiero entender que es parte del camino haber fracasado en muchas de las cosas que me propuse. Que si entre tantas flechas lanzadas, por lo menos con una logré acertar en el blanco, ya es valioso para Hashem. Y sobre todo pretendo no desalentarme al ver cuántas kabalot pasadas no logré mantener.

Es costumbre antes de Iom Kipur tomar un pequeño compromiso para el año (kabala shel kaiama). El compromiso no es fácil.

El Rambam explica que la teshuvá completa se obtiene cuando Hashem mismo puede testificar que el individuo no volverá a cometer la transgresión (Hiljot Teshuvá 2:3). Como esto no se puede conseguir en todos los aspectos de la teshuvá, por lo menos  debemos intentar comprometernos en un aspecto.

La Rabanit Dina Schoonmaker también propone bajar las expectativas (revista Reflections número 17) y elegir una kabala fácil de ejecutar para tener más posibilidades de éxito.

Sugiere no elegir apresuradamente lo primero que se nos ocurre o lo que se presenta como más urgente, sino considerar seriamente algo que sí funcionará en nuestra vida.

Ofrece varias opciones:

  1. Elegir algo que se pueda realizar de una vez. Por ejemplo comprometerse a usar faldas del largo requerido por la halajá y en un solo acto tirar todas las faldas del placard que no cumplan con ese estándar. Eso quita de golpe la posibilidad de volver a usarlas (aunque habrá que resistir el iezter la próxima vez que salgamos de compras y el modelo de nuestros sueños tenga dos centímetros menos).
  2. Las kavalot negativas son más fáciles de cumplir que las positivas: Es más fácil quitar algo de la rutina que sumar. Más fácil acordarse de no hacer algo que recordar hacerlo. Por ejemplo en lugar de comprometerse a agregar dos perakim de tehilim por día la rabanit aconseja decidir no involucrarse en actividades domésticas durante los pesukei de Zimbra.
  3. Desaconseja comprometerse con kabalot que dependen de factores externos, como por ejemplo hacer birkat hamazon leyendo de un birkon.
  4. También desaconseja kabalot que necesiten demasiada concentración o energía emocional cómo sería recibir cada día al marido con una sonrisa (lo dijo ella ¿eh? yo no me animaría a sugerir que recibir al marido con una sonrisa requiere energía emocional).
  5. Usar la técnica de máximo-mínimo, sugerida por el padre del Rab Dessler. Por ejemplo comprometerse a llamar a los padres una vez por día –máximo-, pero nunca menos de una vez por semana -mínimo.

Faltan 3 días para Iom Kipur. El desafío es elegir (y escribir) nuestra kabalá para el año que entra con la intención de no abandonarla ni desalentarnos aunque fracasemos algunas veces.

Gmar jatimá tová.

Día 30: Rendirse no es una opción

octubre 2, 2016

La gente dice “Si no puedes atravesarlo, tendrás que retroceder”

Nosotros decimos: “Si no puedes atravesarlo, tendrás que atravesarlo”

Rab Israel Salanter.

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Mi  hija llegó el viernes del jardín de infantes explicando para qué se toca el shofar:

– Para despertar nuestra teshuvá -dijo muy segura-, para coronar a Hashem como Rey del mundo y para confundir al satán.

Mi hija de cinco años parecía saber lo mismo que yo.

La mitzvá del día es escuchar el sonido del shofar, ahí reside la esencia de Rosh Hashaná y yo parecía estar al nivel de lo que enseñan en el jardín de infantes con respecto a la idea de kavalat ol maljut shamaim.

La rabanit Tzipora Heller profundiza las kavanot que hay que poner en el momento de escuchar el shofar (en una serie de shiurim recopilados en el libro Return).

Primero explica que antes de que suene el shofar se dice siete veces “min hameitzar” (desde los estrechos te llamé) que representa la siete veces que el pueblo de Israel rodeó las murallas de Jericó, murallas que fueron derribadas con el sonido de los shofarot.

Nosotros también deberíamos en ese momento tener la kavaná de que somos capaces de derribar las murallas que nos rodean. Derribar las murallas que nos separan de Hashem, de Am Israel y de nosotros mismos.

La rabanit continua explicando que lo más importante en el momento de escuchar el shofar es la voz dentro de nosotros mismos. Esa voz que quiere conexión y que no se detiene frente a los obstáculos. Dice que hay tres sonidos básicos y cada uno despierta algo específico, no son sólo variaciones de un mismo tema, sino que cada sonido tiene su propio mensaje.

Cuando se escucha Tekia: De acuerdo al SheLaH Hakadosh, esta voz manifiesta el deseo de extenderse. El deseo de ir más allá de los límites reales para traer aún más bondad. Hay que pensar que uno quiere expresar su propia bondad y que quiere traer la bondad de Hashem al mundo. Quiero expresar mi bondad y la bondad de Hashem y nada va a detenerme.

Cuando se escucha Shevarim: Esta voz se rompe tres veces, es la voz del din. Es una declaración de que queremos romper las barreras que nos separan de Hashem. Cuando se anuncia shevarim deberíamos visualizar nuestra voluntad de superar todos los obstáculos y asegurar que nosotros sabemos cuáles son y manifestar la seguridad de que podemos hacerlo.

Cuando se escuchaTerua: Hay que pensar en las cosas que uno va a hacer para manifestar la bondad de Hashem y darle Kavod. También hay que pensar en que uno no quiere ver más cosas terribles en el mundo. Focalizarse en que uno sólo quiere ver el bien y presenciar la llegada del Mashiaj.

Rosh Hashana es  Iom Hadin en lo que respecta a lo material, pero ese material será enviado a través de lo espiritual. El sonido del shofar nos debería llevar a un lugar en donde nuestra rujaniut esté lista para recibir la gashmiut que Hashem quiere enviarnos.

(Este es un resumen apresurado de la conclusión de los shiurim de la rabanit Heller. Quien haya estudiado el tema en profundidad no necesitará  usar estos recordatorios. Los comparto porque quizá a alguien -al igual que a mí- le puede sumar y ayudar en el momento de escuchar el sonido del shofar).

Estamos en la puerta de Rosh Hashaná, una puerta que se abrirá dentro de unas horas y que tendremos que atravesar, sí o sí. Hagámoslo con alegría, con reverencia, y dando lo mejor que tengamos. Aprovechemos la energía de estos dos días y que nuestras tefilot sean escuchadas.

Ketivá ve jatimá tová para todo Am Israel.

Día 28: Tres exilios

septiembre 30, 2016

 

Dijo Rabi Sholom Rokeaj de Beltz: Hay tres tipos de exilio y son de creciente gravedad.

  1. El exilio de los judíos entre otras naciones.
  2. El exilio de los judíos entre hermanos judíos.
  3. (el más severo): El exilio de un judío dentro de sí mismo.

 

1. El Mashiaj puede llegar hoy

Ayer mi hijo vino con la primicia de que el Mashiaj llega hoy.

Un rab de su ieshivá trajo el makor en el Talmud en donde dice que el día en el que llegue el Mashiaj los reyes del mundo van a estar en Jerusalem. El rab se basó en que justamente hoy están en Jerusalem los presidentes de los principales países del mundo para presenciar el entierro de Shimon Peres.

Otro de mis hijos, al escucharlo, puso los ojos en blanco y lo desestimó con una larga lista de predicciones mal interpretadas. Comenzaron a discutir por qué esta vez sería posible y por qué no.

Yo los miraba en silencio. Uno estaba convencido de que el Mashiaj llegaría hoy. El otro sostenía que hoy no sería el día pero ninguno de los dos tenía dudas de que la Geulá llegará.

“Cualquiera que no crea en el concepto de Mashíaj o que no lo espere con ansias no sólo está negando las profecías de todos nuestros profetas, sino que está negando, la Torá en su totalidad”. (Mishne Torá. Hiljot Melajim).

¿Hacemos lo que está a nuestro alcance para que se termine este exilio?

2. El pueblo judío es mi ancla

El otro día fui testigo de una discusión entre dos señoras en la pescadería: Una decía que la otra persona había llegado primero y le correspondía ser atendida antes. La otra se negaba a anteponerse en el turno porque sostenía que la primera ya estaba esperando cuando ella entró al negocio.

Jerusalem en Elul parece un  reality show de talentos en donde se compite por quién trabaja más sus midot. Ya no tenemos lugar en casa para meter las cosas que nos han devuelto. A mí me han pedido perdón hasta por un pisotón que me dieron hace unos meses. Los taxistas te desean ketivá ve jatimá tová y si tenés mucha suerte, te toca uno que te colma de brajot. La gente se desvía de su camino para dar tzedaká. Desde todo el país llegan al kotel para los rezos de slijot.

Se cuenta que había cinco casas en una calle de Estados Unidos. Cada una con el mismo árbol en su puerta. Un huracán derribó a tres de esos árboles y dos quedaron de pie. Los científicos se preguntaron la causa de esa diferencia y descubrieron que los tres árboles derribados eran regados artificialmente, por lo que recibían agua desde la superficie mientras que los otros dos eran árboles que debían buscar agua en las profundidades de la tierra por lo que sus raíces eran más fuertes y fue eso lo que los ayudó a resistir el huracán.

Am Israel es nuestra raíz y es un zejut poder acceder a raíces tan profundas. Si nos mantenemos unidos como pueblo nada podrá derribarnos.

¿Hacemos lo que está a nuestro alcance para que se termine este exilio?

3. Ketoret remixado

Dijo Rabí Zusia: Si pudiera arreglar que yo fuera Abraham y que Abraham fuera Zusia, no lo haría, pues ¿qué ganaría Hashem con eso? Todavía habría sólo un Abraham y sólo un Zusia”.

Cada uno de nosotros en Rosh Hashaná renovará personalmente su conexión con Hashem. Es un trabajo íntimo que sólo uno puede hacer, pero para conectarse uno tiene que ser auténtico. Ser auténtico implica dejar ir la idea de lo que creemos que debemos ser y hacernos cargo de lo que somos.

La conexión en su máximo exponente está representada por los trabajos que se realizaban en el Beit Hamikdash, el templo de Jerusalem.

Todos esos trabajos eran trabajos de conexión con Hashem. Uno de esos trabajos era el que se hacía con incienso, el Ketoret. Un  incienso compuesto por 11 especias: 10 que huelen maravillosamente, más una llamada Jelbena, que por sí sola huele mal,  pero que cuando es mezclada con las otras especias, no solo pasa a oler bien, sino que intensifica el aroma de cada una de las otras. El Jebena es esencial para el incienso.

Jazal, los sabios de Israel, enseñan que el Ketoret representa a Am Israel: las 10 especias que huelen bien representan a los justos a los tzadikim, y la que huele mal, al malvado. Y eso nos enseña que la avodat Hashem  solo es posible con la unión de su pueblo.

Yo, descaradamente me atrevo a llevar esa enseñanza para otro lado, al lado de las midot, cualidades personales. No todos nuestros aromas son tan agradables, pero nuestra completitud es la única manera que tenemos para ofrecernos. Enteros. Siendo un todo. Aceptando nuestras virtudes y nuestros defectos.

No quiero decir que nos tenemos que conformar y dejar de mejorar y rendirnos ante nuestros defectos. Simplemente digo que tenemos que reconciliarnos con nosotros mismos y dejar de castigarnos por no ser perfectos.

¿Hacemos lo que está a nuestro alcance para que se termine este exilio?

Responder las tres preguntas es el desafío de hoy. 

Faltan 12 días para Iom Kipur.

Shabat shalom.

Día 26: Algo bueno

septiembre 28, 2016

 

En la película Bagdad Café la protagonista llega a un hotel en la mitad de una ruta desértica, se instala allí un tiempo y transforma para bien la vida de quienes la rodean.

Era muy joven cuando vi esa película y recuerdo haber salido del cine con la intención de convertirme en una persona que deja algo bueno por donde pasa.

Esa misma semana yo viajaba a la facultad y una chica cayó desplomada en el colectivo. Cuando llegó la ambulancia los paramédicos preguntaron quién la podía acompañar al hospital y yo me ofrecí impulsada por el recuerdo fresco de la película y también por sentirme identificada con la chica, quien llevaba una carpeta de la carrera de diseño igual a la mía.

Pasé aquella mañana sosteniéndole la mano, intentando localizar a sus familiares (en esa época todavía no existían los celulares) y hablando sobre su estado de salud con doctores que se dirigían a mí como si la desconocida estuviese a mi cargo. Ella casi no se despertó en todo ese tiempo, aunque su condición no era grave. Cuando llegó su mamá -a quien yo había logrado ubicar en su trabajo-, me fui.

Al día siguiente me la crucé en las escaleras de la facultad. Sonreí y tuve el impulso de abrazarla, pero cuando iba a acercarme, ella me ignoró y pasó a mi lado como si nada.

Me sentí mal. Muy mal. Si bien entendía que no tenía por qué reconocerme ya que en el hospital había pasado la mayoría del tiempo inconciente, no me sirvió esa racionalización.

Por lo visto yo no quería hacer el bien, yo quería que se supiese que había hecho el bien.

Hay un viejo chiste que cuenta que un año un judío decide no ir a rezar en Iom Kipur y en su lugar va a jugar al golf. Los ángeles se enfurecen y le piden a Hashem que lo castigue.

En el primer golpe, el hombre hace hoyo en uno, algo muy difícil de conseguir. En el segundo hoyo su suerte se repite. En el tercero también.

-¡Es Iom Kipur  y ese hombre en lugar de estar rezando está jugando al golf! –protestan los ángeles- ¿por qué le das tres hoyos en uno?
-¿A quién se lo puede contar? –contesta Hashem.

Hacer cosas buenas, nos convierte en buenas personas. Contar que hacemos cosas buenas, no.

No sirve de nada proclamar que uno desea que se acabe el hambre y las guerras en el mundo y después empujar a un anciano para subir antes al tren.

En cambio, aunque nuestras intenciones no sean tan puras, una mitzvá hecha con segundas intenciones -como por ejemplo con la intención de  recibir recompensa o reconocimiento-  también tiene un efecto en nuestra neshamá.

Los Sabios dijeron: Una persona siempre debería ocuparse en la Torá, aunque sea en lo lishmá, ya que de lo lishmá llega a lishmá (Rambam. Hiljot Teshuvá, Cap. 10).

El desafío de hoy será hacer algo bueno por un desconocido. Por nuestros seres queridos o por quienes sabemos que están pasando un momento difícil constantemente hacemos cosas buenas. Sería genial si nos acostumbrásemos a comportarnos así con todo el mundo.

No sabemos por lo que está pasando la otra persona, pero alcanza con saber que respira para entender que tiene alguna clase de problema. Seguramente no hubiésemos sido tan cortantes con el telemarketer que nos molestó a media mañana si hubiésemos sabido que a su hijo le acaban de diagnosticar una enfermedad. No hubiésemos sido tan rudos con la camarera de haber sabido que le acababan de recortar el sueldo.

Una técnica para desarrollar empatía pensar a la inversa y recordar alguna situación en la que hayamos sido maltratados o ignorados cuando lo que necesitábamos era comprensión porque estábamos pasando un momento difícil.

Yo me repito a mí misma siempre la misma historia para sensibilizarse y reconocer que no tengo idea por qué situación está pasando el otro: Hace algunos años, en una de las últimas internaciones de mi madre a´h, yo conseguí que una de sus amigas me suplantara unas horas en el hospital y corrí a hacer las compras.

En la caja del supermercado la cola era larga y esperé pacientemente. Justo antes de que llegara mi turno el cajero la cerró. Cuando le reclamé que desde hacía un largo rato yo estaba esperando mi turno, él me contestó de muy mala manera y me gritó que me había avisado y que yo me había hecho la distraída.

Esos días yo estaba muy sensible y ahí mismo, en el supermercado, me largué a llorar.

Visto desde afuera se podría haber pensado que yo estaba un poco loca o exagerando la situación, pero estoy segura de que si alguien hubiese sabido lo que yo estaba pasando en ese momento, hubiese intentado ayudar en lugar de quedarse mirando.

Para la propuesta de hoy necesitamos empatía. Desarrollarla es bastante fácil; basta cambiar una palabra, tal como se aprende de la siguiente historia:

El rab Lipschutz cuenta que su abuelo tuvo el mérito de estudiar en la Ieshivá del Jafetz Jaim, y que cuando dejó la ciudad de Radin para ir a estudiar a Kelm, el Jafetz Jaim lo despidió diciéndole: “Anda y habla con judíos”.

Primero le dijo “anda”.  No te quedes sentado esperando la oportunidad de convertirte en una gran persona, así no es como sucede, hay que ir hacia allí.

Y después agregó: “habla con judíos”. No dijo “habla de judíos”, no dijo “háblale a judíos”. Habla con judíos. Involúcrate con la gente, acepta el compromiso de que se puede hacer una diferencia.

Faltan 14 días para Iom Kipur. Que tengamos el zejut de hacer hoy muchas cosas buenas y una larga vida para multiplicarlas.

Día 25: Maratón de cocina

septiembre 27, 2016
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En el Diario de Elul de hace tres años a esta altura yo ya había pasado 12 horas cocinando.

No sé ustedes, pero esta vez ni en chiste voy tan adelantada en la cocina. Por un lado me pone contenta, porque quiere decir que estuve más concentrada en temas espirituales, pero por el otro me puse ansiosa y  tengo pesadillas en las que me persigue una cabeza de pescado.

Si bien este año la fiesta cae de manera distinta manera (en jutz l´haretz aqeulla vez tuvieron tres iamim tovim), creo que es momento de poner un poco de atención en los preparativos del jag.

La propuesta de hoy es resolver un tema técnico para Rosh Hashaná. Depende de dónde nos encontremos, puede ser hacer la lista de compras, salir a buscar zapatos para nuestros hijos, mandar el traje a la tintorería o empezar a cocinar.  El  desafío será hacerlo con alegría e intercalar nuestras tefilot para que esos actos conecten lo material con lo espiritual.

Faltan 15 días para Iom Kipur. Si mis cuentas no fallan, eso nos deja a cinco días de Rosh Hashaná, con shabat de por medio. No quiero crear ansiedad, pero es hora de ir acelerando.

Repito el post de hace tres años a ver si nos da un poco de impulso. Quizás se hereden de ahí algunas ideas:

12 horas cocinando

Es inevitable. Cuanto más se acerca el jag más terrenales se vuelven mis actos. Me gustaría postear algún jidush de Rosh Hashaná, revelar una kabaná secreta para el momento de escuchar el shofar o dar una técnica infalible para perdonar a los diseñadores que usan Comics Sans.  

Todo eso será otro día. Hoy tengo que cocinar.

Con tres Iamim Tovim (más este shabat) por delante, supongo que estamos a punto de un ataque de soberbios nervios. No es fácil organizarse. La verdad es que creo que las mujeres somos heroínas. Tendríamos que vivir con la música de carrozas de fuego de fondo. 

Como también tengo que trabajar, ir a la peanit y ocuparme de mis hijos, la idea es ir intercalando la cocina y que en todo momento haya algo en el fuego. Voy a poner una alarma para cada hora del día y en el instante exacto en el que la alarma suene, registraré fotográficamente lo que esté pasando en mi cocina ¿Me acompañan?

Campana de largada

10.03: Cuando volví ayer a la noche  el pedido de verduras estaba esperándome. Como no tenía fuerzas, sólo guardé lo que necesitaba heladera. Así que ahora tengo que ordenar el resto.

¿Quieren saber lo que hago con tantos ajos?  en un rato les cuento

¿Quieren saber lo que hago con tantos ajos?
en un rato les cuento

11.07: Empiezo con algunos simanim. Hiervo las remolachas y las cabezas de Moby y Dick pescado. La primera fuente de berenjenas lista para meter en el horno. Yo no pruebo una berenjena ni que me amenacen con obligarme a comerme los ojos del pescado, sin embargo preparo berenjenas porque mi marido no puede vivir sin mí sin ellas. Por la ventanilla de la derecha se puede apreciar el puerro en remojo.

¡¡¡que cacho de cabezas de pescado!!!

¡¡¡que cacho de cabezas de pescado!!!

12.02:  Ajos rostizados: cortarlos como se ve en la foto, agregarles un ladrón chorro de aceite de oliva, envolverlos en papel de aluminio y listo. Al horno 30 minutos.

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13.16: Milanesas de bácala para la cena. Mi sistema para cocinar para shabat es cocinar los pescados y las entradas al mismo tiempo y después limpiar la cocina y empezar con los pollos, carnes y acompañamientos. ¿El postre? -Bien, gracias.

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¿Qué le dijo un pez al otro? Nada.

14.38: Eterno hervor de las remolachas. Todavía no se hicieron. Por lo menos las milanesas están listas. Si no me ocupaba de la cena ahora, después me embrollo más y termino pidiendo pizza. Dejo lista verdura fresca para las ensaladas de shabat. Los puerros rehogados para hacer las tortillas de los simanim.

Salió todo amontonado. La casa es chica pero el corazón es grande.

Salió todo amontonado, disculpen, la casa es chica pero el corazón es grande.

15. 05: Guefilte fish para Rosh  Hashaná. En Israel los venden listos para meter en la olla o en el horno.  Hago dos o tres y los guardo en el freezer, así no tengo que hornearlos cada semana. Las remolachas siguen su curso… me tengo que ir un rato ¿las dejo hirviendo?

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16.13: Estos ajos son una delicia fríos o calientes. Para comerlos hay que presionar desde la parte inferior y el diente sale solito.

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17.24: Termina la primera etapa (verduras y pescados). Hice tortillas de puerro para los simanim y el kuguel para shabat. El pollo del sábado también está listo, pero no quiso salir en la foto porque dice que siempre sale con cara de pavo.

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18.48: Como ya tenía los pollos descongelados no me queda otra que prepararlos. La receta es la de cerveza y tomate. En general la preparo de una manera más simple, pero l´kvod Rosh Hashaná, esta vez seguí todos los pasos. En la foto se ve el pollo rehogado, pero no cocinado, todavía le falta más de una hora de horno.

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19. 56: Es tradición invención mía que en Rosh Hashaná en mi casa se comen ñoquis. Me imagino a mis bisnietos buscando el origen kabalista de esa tradición sin encontrarla por ningún lado.

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21.01: Con mis últimas fuerzas. En la olla del fondo, carne al vino para shabat a la noche. Los ñoquis van directo al freezer hasta erev jag.

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22.03: La foto no le hace justicia, pero en carne y hueso este pollo tiene una pinta bárbara. Abajo va la receta, por si quieren intentarlo.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAMisión cumplida. Doce horas cocinando. Ahora ¿quién me ayuda a limpiar la cocina?

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