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Ahí viene la plaga (diez instantáneas de pesaj)

abril 1, 2015
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pesajwecandoit

Sangre

A ver, explicame de dónde saqué la idea de romper la esponja de acero con las manos. Ahora ajo y agua, las heridas seguirán allí por mucho tiempo. Esponja de acero inolvidable. Ni hablar de los dedos lastimados. Me duelen y ya no hay guante que aguante. Se me cuela la lavandina y me arde. Me arde y después sangra.

Ranas

¿De dónde salieron tantas perchas? Deben ser mutaciones genéticas de las lapiceras que nunca aparecen. En el placard de arriba, perchas de “tintorería San Carlos”. Perchas turquesas en el fondo de la cajonera. Aparecen por todos lados. Las debo haber guardado para cuando las necesite. O sea, nunca. Tiro todas menos la de terciopelo verde con cabeza de rana.

Piojos

¡Pero si estoy segura de que esas migas ya las limpié! ¡Si!  ¡si! son las mismas migas. Las reconozco. Deben tener vida propia. Van de acá para allá, se me escapan. Es Houdini reencarnado en harina. Es como si tuviesen patas. Una miga con patas sería una hormiga. Y si pudiese saltar sería un piojito.

Animales salvajes

Los chicos de vacaciones. Abro la puerta y se me tiran encima. Todo es quiero quiero y quiero. O peor aún: no quiero no quiero y no quiero. Saltan en los sillones, tiran las cosas al suelo, gritan, pelean. Es una lucha. ¿Quién crió a estos salvajes? ¿Son Rómulo y Remo? Criados entre los lobos. Entre animales salvajes.

Pestilencia

Hora de ocuparme de la limpieza interior. Tantas emociones leudadas, historias infladas. Lo que leva no me eleva. Adiós. Adiós a todo lo que me retiene, lo que no construye, lo que no acerca, lo que hace perder el tiempo. Adiós a las malas influencias, las malas costumbres, las malas compañías. ¡Fuera! El new age es como la peste.

Sarpullido

¡Exijo una explicación! Hace diez años que vivo en Israel. Llegué con tres valijas y dos cajas ¿cómo pude acumular tanto en estos años? ¿De dónde saqué estas cosas? Este pesaj tiro la casa por la ventana. Corchos en el cajón de los cubiertos. Caracoles, recuerdo de un día en la playa. Tanta cosa inútil me da resquemor. Parece una oficina pública.  ¿Hay algún médico en la sala? ¿Pueden ochenta y cuatro bolsas de plástico guardadas en un cajón producir un sarpullido?

Granizo y fuego

Día D: D de derrumbar un castillo de hielo. El glaciar perito Moreno. La heladera. El gran desafío que se lleva todas mis fuerzas. Como si la limpiase con kryiptonita. Me agota raspar los burletes con escarbadientes. Recordar el orden de los estantes. El freezer me quema las manos. Hielo submarine. Quema el hielo de mi heladera bipolar. Señores del servicio meteorológico: pronostiquen granizo y fuego.

Langostas

¡Que alguien me ayude a tomar estas decisiones! Ayudín. ¿qué se tira? ¿que se guarda? Me vuelvo loca con esa cajita que siempre queda para el final repleta de cosas que no sé a dónde van. Piedra, papel o tijera. ¿Qué es lo importante? No quiero conservar nada que no sea necesario. No quiero ser esclava. Estar bajo el dominio de las cosas. Ni de la gente. Deshacerme de lo que me saca la energía. De lo que me chupa el néctar como langostas.

Oscuridad

Friego, friego y friego. No puedo dejar de pasar el paño, de sacar lustre. Hay algo obsesivo en querer que las cosas brillen. Que la luz se refleje. Me gustaría decir que me da lo mismo, pero no, friego para alejar las tinieblas. Ya he visto cómo hasta mi sombra me abandona en la oscuridad.

Muerte de los primogénitos

La noche del seder cada uno tiene que sentir que es él mismo que está saliendo de Egipto ¿no? A ver: ¿Yo hubiese sido de los que se quedaron o de los que salieron? No lo sé. No estoy segura de que hubiese podido dejar atrás todo para ser libre. La niña que fui si lo hubiese hecho. Tendría que ir a rescatarla. En algún lugar todavía vive. Los justos siempre se salvan.

La venganza será terrible

marzo 9, 2015
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No pienses que nos perdiste, es que la pobreza nos pone tristes.

Jorge Fandermole

Escucho a Dolina. Todas las noches, desde hace veintiséis años. Los estudiantes de diseño, vaya uno a saber por qué, eligen trabajar a esas horas, así que en la época de la facultad, el programa de Dolina era el aperitivo de largas noches pasadas entre lapiceras Rotring.

Me reía mucho en esa época. Algunas veces hasta tuve que detenerme para que las carcajadas no me hicieran temblar la mano y arruinar con un trazo torpe alguna entrega de Morfología.

La alegría duraba hasta la mañana siguiente, cuando sus chistes me seguían causando gracia y eran tema de conversación con Ariel en el bar del pabellón tres:

-¿Escuchaste “Demasiado tarde para lágrimas”?
-Claro, me maté de risa con la historia de los paseadores de perros.
-Buenísima “¿100 dólares por pasear un perro? Por esa plata hasta te paseo a un cristiano”. –repetía él de memoria.
-Jua jua “¿Sabés cómo empezó Rockefeller? Paseando perros… empezó con un chiguagua, después un Gran Danés y después un perro Doberman mató al padre y él heredó 500 millones de dólares” – yo completaba la parodia, riéndome con ganas.

En mi habitación de soltera tenía un radioreloj con una pequeña antena que hacía interferencia, pero cuando me mudé con Ariel lo escuchaba mucho más claro, desde un radiograbador doble casetera. En esa época, más o menos a la una y media, Ariel llegaba de Torneos  y cenábamos trasnochando con el sordo Gancé de fondo mientras seguíamos con la costumbre de repasar el segmento humorístico entre risas.

El año que pasamos estudiando en  Israel, lo escuchábamos desde sesenta y cuatro cassettes que grabamos con obsesión fanática antes de la partida. Supongo que allí comencé con la costumbre de cocinar para Shabat acompañada por alguna historia de la mitología griega, rebobinando el walkman meticulosamente cuando me perdía alguna parte por culpa del ruido del agua de la canilla.

Después tuvimos un equipo de música que ni siquiera con sus parlantes enormes y su sonido stereo podía acallar el llanto de nuestro hijo. Durante muchas noches insomnes paseé descalza por la casa, intentando dormir a mis bebés, con el radioteatro de fondo. Aunque agotada y asustada, Dolina lograba sacarme alguna sonrisa.

Pasó el tiempo y los formatos de audio. Ahora bajo los programas a un pequeño mp3 y desde allí Dolina fue mi compañía durante el año de duelo por mi madre, cuando no podía escuchar música y las noches que pasé inmovilizada en el hospital.

Muy pocas cosas me causan gracia, me convertí en una persona difícil de divertir*. Por eso sigo escuchando a Dolina. Por eso y porque algunas noches, antes de quedarme dormida, por un instante en el ensueño, me olvido de todo y me imagino que Ariel me está esperando en el bar de la facultad para reírnos de la historia del hombre a quien una mano le quedó atrapada en un buzón.

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*Bonus track

Aparte de Dolina, pocas cosas me divierten, así que me aferro a ellas como un náufrago a su tabla de madera. Comparto algunas por si alguien anda necesitando una sonrisa:

15 momentos que se repiten cada Purim

febrero 25, 2015
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1. El momento en el que terminás de armar los mishlojei manot.

star wars animated GIF Durante horas pusiste la ensalada en los potes, acomodaste las galletas. cerraste el papel celofán, hiciste moños, enrulaste cinta con la tijera. No das más. Al final ya hacías moños con la ensalada y enrulabas las galletas. Estás exhausta y eso que todavía Purim no comenzó.

2. Vas a escuchar meguilát Esther y el baal koré  bate un record de velocidad.

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El baal koré es Usain Bolt. No lo podés seguir de lo rápido que lee. Te perdés. Buscás en los primeros renglones pero no encontrás por dónde van.  Empezás a buscar dando vuelta las  páginas. Oís una palabra y la tratás de ubicar, al rato elegís otra y seguís buscando. Así hasta que llegan a U Mordejai iatzá. Ahí si, ahí te ponés en ritmo

3. A la mañana te sorprenden con el primer “mishloaj desayuno” cuando todavía estás en jaluk y desarreglada.

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¿Qué? ¿En serio? ¿Cómo hace la vecina del quinto para estar maquillada y con sus seis hijos impecablemente disfrazados a las siete de la mañana?

4. Vas a la lectura de la meguilá bien temprano para aprovechar el día, pero el baal koré lee despacio y perdés media mañana.

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De tan lento que lee, considerás la posibilidad de ir a entregar mishlojim entre palabra y palabra. Calculás que hasta te sobraría tiempo. Veeeeeee shuuuuuuuushaaaaaaannnnnnnnnnnnnnn aaaaaaaavvviiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiraaaaaaaaaa. Dale, dale, no necesitamos suspenso, ya sabemos cómo termina el cuento.

5. Exageran con los gritos cuando nombran a Hamán.

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Matracas, pitos, cornetas, palmas, gritos, zapateos, silbidos. Nada alcanza, nada los detiene. Vos aprovechás los primeros para sonarte la nariz y a partir del quinto empezás a chistar.

6. Llega una amiga a la que le gusta beber.

Entra como pancho por su casa, se sienta en el sillón  y saca de la cartera una botella de tequila.

7. La vecina creativa trae su mishloaj.

fun animated GIF Guau. Un barco armado de shushi adentro de una bottella. Se te cae la mandibula y a las apuradas abrochás otro moño en el misholaj que le entregás para que parezca más elaborado.

8. Y también lo trae la no tan creativa.

Una pita adentro del tubo de cartón del papel higiénico.

9. Pretendés hacerte la divertida poniéndote una peluca.

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Otra peluca, no la de todos los días. Una que en cualquier otra persona se vería  graciosa pero a vos te hace quedar desubicada. Justo te cruzás con la rabanit de tu barrio.

10. Te das cuenta de que tu marido está más borracho de lo que pensabas.

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-Querido, ¿me alcanzás la fuente del pollo? mmm… no, dejá mejor la traigo yo.

11. Le pedís a tu marido que no tome más.

– Pero todavía diferencio a Haman de Mordejai. – Si, pero recién llamaste abuela a tu mamá.

12. Un borracho empieza a  filosofar en la seudá.

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Da un divrei Torá larguísimo y delirante entre remolinos de niños disfrazados de payasos y serpentinas de colores. Nadie le presta atención y ni siquiera le avisan cuando llega el momento de birkat hamazón.

13. LLegan bajurim a quienes nadie invitó.

Están descontrolados. Cantan y no lográs interpretar sus movimientos. No sabés si están dando indicaciones para estacionar un auto o bailando breakdance.

14. Decidís que es hora de que la fiesta termine.

24 Stereotypes Women Are Sick And Tired Of Hearing

Alguien tiene que poner un poco de orden. Todos a arvit, ¡Ya! ¡Dije ya!

15. Se van todos y te tomás… un merecido descanso.

Festejás que sobreviviste otro Purim, aunque, como cada año, todo haya salido ve nafoju.

La noche boca arriba

febrero 16, 2015
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El techo. Más que nada miro el techo. Lo miré desde el piso la noche en que me partió un rayo la espalda, lo miré en la ambulancia y también durante las veintidós horas que me dejaron en una camilla en el pasillo del hospital. Desde entonces lo sigo mirando desde mi cama.

El techo no habla. Es silencioso. Los días en los que me recetaron morfina quizá dibujó unos rostros en sus grietas, pero no mucho más. Nada de confundir la vigilia y el sueño, como en el cuento La noche boca arriba. El dolor ni siquiera me regaló material para un relato.

Y para colmo cada mañana le agradezco a Hashem por haberle dado al gallo el poder de diferenciar entre el día y la noche- asher natan lasejvi vina lehavjin bein iom ubein laila-. Nunca pensé sentir envida de un gallo. Si los sabios lo dicen, yo Le agradezco por esa proeza, pero la verdad es que hubiese preferido esa capacidad para mí. Porque la brajá dice día y noche pero se refiere al bien y al mal.

No me resigno a mi incapacidad de diferenciarlos. Podría ser que lo que duele es malo y lo que no duele es bueno. También podría ser a la inversa. Lo que pasa, no lo entiendo. Bueno o malo, bueno o malo me pregunto todo el tiempo. No. Todo el tiempo no. Últimamente solo sospecho el bien, porque no lo veo. Entre el bien y yo, el techo. Ahí es donde rebotan mis rezos.

Ese techo no lo traspaso. Y hace rato que dejé de hablar de mí y de mi dolorcito de morondanga. Ese techo es la enfermedad terminal de mi vecino, la muerte de una niña en la ruta, los veintiún decapitados frente al mar.

Están quienes vienen y dicen gam zu le tová, esto también es para bien, que dentro de la mayor oscuridad es desde donde se genera la luz. Yo les sonrío y les creo. Pero no lo veo.

Ya quisiera yo ver más allá del techo. Y no es que quiera ver a mi vecina de arriba, insomne deambulando a las tres de la mañana. Me refiero a poder ver a través de su sufrimiento. Vivir con la seguridad, al igual que el gallo, que esta larga noche en algún momento termina. Y que tanto dolor tiene sentido.

Ningún año nuevo

diciembre 29, 2014

A los baalei teshuvá nadie nos pregunta por qué no festejamos navidad. Nadie espera que decoremos un árbol con bolas de cristal o nos regalemos calcetines y pantuflas. Eso les parece obvio. Sin embargo, cuando nos vamos acercando al 31 de diciembre todos parecen ponerse de acuerdo para preguntarnos por qué no festejamos año nuevo.

Nuestra respuesta debería ser simple: que sí festejamos el año nuevo. Punto. Si queremos extendernos un poco podríamos agregar que ese es uno de los momentos más importantes del calendario. Que los preparativos duran un mes entero. Y que no sólo lo festejamos un día, sino dos.

Pero esa respuesta no serviría porque lo que en realidad nos están preguntando es por qué no nos juntamos el 31 de diciembre a brindar con sidra, arruinarnos los dientes con turrón y estallar petardos rompeportones.

Y allí es cuando deberíamos cerrar la boca. Digamos lo que digamos, vamos a quedar mal parados así que lo mejor sería recordar en ese instante que tenemos un compromiso impostergable y salir disparados.

Pero no, la mayoría de nosotros nos quedamos allí para dar explicaciones. Si hay algo que un baal teshuvá no puede soportar es que se lo tilde de intolerante. No nos importa si nos llaman raros, sumisos y hasta me atrevo a decir que no nos afecta si piensan que somos un poco tontos.

Pero intolerantes no. Allí salimos a defendernos a capa y espada.

Ya dije que si nos encontrásemos en esa situación lo mejor sería cambiar de tema como cuando nos preguntan la edad, pero si no podemos evitar las preguntas, esta vez seamos nosotros los que preguntemos.

Que hablen ellos. Que nos expliquen por qué deberíamos festejar hoy. Quizá nos convencen y salimos corriendo a comprar un pan dulce. Adelante. Que revelen el secreto del festejo. Nos gustaría entender el significado de comer doce uvas, salir a la vereda a torturar a los perros con el ruido de los fuegos artificiales y emborracharse hasta no distinguir al tío Mordejai. Y por favor, sobre todo no se olviden de explicar por hay que usar ropa interior rosa. .

Si quieren debatir podemos debatir. Nosotros podríamos llevar varios expertos en el masejet Rosh Hashaná para explicar ese tratado del talmud que se refiere a las fiestas y que explica en profundidad por qué no sólo tenemos uno, sino cuatro años nuevos al año. Ellos podrían traer a Ludovica Squirru para que de las predicciones para 2015.

Basta de tener miedo de decirlo: El 31 de diciembre no es ningún año nuevo. Esa es una fecha elegida por el papa Gregorio XIII para corregir el calendario juliano y que sirve para que los bancos realicen su balance anual. Los judíos tenemos muchísimas oportunidades para celebrar, pero parece que no alcanzan. Algunos también quieren reunirse a comer vitel toné para festejar un ajuste de fechas y les molesta cuando los baalei teshuvá no participamos.

Festejar año nuevo no tiene sentido pero quieren convencernos de lo contrario. Nosotros, intentando encajar para que no nos miren raro y para agradar a todos, al final tenemos miedo de decir lo que pensamos. No debería ser así. La respuesta a por qué no festejamos hoy debería ser simplemente porque no queremos.

Ya que estamos, no.

diciembre 17, 2014
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Panzutti. Es gordita y para colmo se apellida Panzutti. Parece una broma del universo. Nos da un poco de lástima, es verdad. Pero también. No la queremos en nuestros juegos. Nivela para abajo. La sacan primera en el quemado. Además no podemos dejar de reír cuando se burlan de ella. En los recreos nos queremos divertir. Necesitamos divertirnos. Buscamos la diversión como agua en el desierto. -Panzutti, comete un sanguche de milanesa –le grita Cuki. ¿Cómo no nos vamos reír?  Cuki es muy graciosa. Panzutti, no te sientes acá que vas a romper el banco –la excluye Marta. Nosotras hacemos de cuenta que no escuchamos. Ninguna se corre para hacerle lugar.

Un día llega una nueva. Vanessa. Con doble ese. Es rubia. De pelo lacio. Campeona de natación. Se saca el único diez en la prueba de raíz cuadrada. La eligen como solista del coro. Es obvio que va a ser nuestra amiga. Obvio pero ella no parece darse cuenta. Somos las líderes, ella es una de las nuestras. No la vamos a dejar escapar. Una personalidad como la suya  merece pertenecer a nuestro grupo. Le abrimos la puerta el día que Sandra la invita a su cumpleaños. Vanessa no va. Le decimos que puede hacer el trabajo para la feria de ciencias con nosotras. Ella lo hace con Claudia. Porque para ella Panzutti es Claudia.

No funcionan nuestros intentos por acercarla. Nos esforzamos un poco más, tenemos recursos. Agustina le regala  una cartuchera de Sara Kay que su tía le trajo de Miami. Camila abruptamente se muestra interesada en las técnicas de crol. Juliana la retiene a la salida del colegio convidándole Toblerone. Vanessa acepta un triangulito y sin permiso corta otro para llevárselo a Panzutti.

Seguimos insistiendo aunque con el paso de los meses empezamos a sospechar que su rechazo tiene que ver más con una declaración de principios que con seguir sus deseos e intereses personales. Elige ayudar con la tarea a Claudia el mismo día en que nosotras la invitamos gratis al Italpark. Habrase visto. Muy atenta. No se distrae ni un segundo esta Vanessa. No se deja sobornar. No se olvida. No se tienta.

Cada año, en jánuca recuerdo esta historia. Me inspira para mejorar. Representa a la perfección la lucha de los macabim contra la cultura griega. El mundo helenista era tan tentador. La belleza, la filosofía, la diversión. Y tantos ieudim, sus amigos, dejándose helenizar. Pero ellos nada. Vanessa.

La guerra ba iamim hahem  es la misma que libramos bazman hazeh. Lo sé y lo sufro. Me tienta su moda, me confunden sus ideas, me atrae su satisfacción instantánea.

Dicen que hay que saber elegir las batallas. A mí esta me parece una buena para librar. Que cuando nos den ganas de ceder, Vanessa. Cuando nos ofrezcan una oportunidad imposible de desaprovechar, Vanessa. Cuando nos quieran llevar gratis lejos de nuestras convicciones, Vanessa.

Grande, Iemima. Gracias por darme luz.

diciembre 12, 2014
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Este video (en inglés) es de un shiur que la rabanit Iemima Mizraji dio antes de “The Shabbat Project” y se lo recomiendo a quien quiera entrar a este shabat de una manera distinta. Aprovechen que son pocas las clases de ella que están libres para compartir.

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