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Día 26: Algo bueno

septiembre 28, 2016

 

En la película Bagdad Café la protagonista llega a un hotel en la mitad de una ruta desértica, se instala allí un tiempo y transforma para bien la vida de quienes la rodean.

Era muy joven cuando vi esa película y recuerdo haber salido del cine con la intención de convertirme en una persona que deja algo bueno por donde pasa.

Esa misma semana yo viajaba a la facultad y una chica cayó desplomada en el colectivo. Cuando llegó la ambulancia los paramédicos preguntaron quién la podía acompañar al hospital y yo me ofrecí impulsada por el recuerdo fresco de la película y también por sentirme identificada con la chica, quien llevaba una carpeta de la carrera de diseño igual a la mía.

Pasé aquella mañana sosteniéndole la mano, intentando localizar a sus familiares (en esa época todavía no existían los celulares) y hablando sobre su estado de salud con doctores que se dirigían a mí como si la desconocida estuviese a mi cargo. Ella casi no se despertó en todo ese tiempo, aunque su condición no era grave. Cuando llegó su mamá -a quien yo había logrado ubicar en su trabajo-, me fui.

Al día siguiente me la crucé en las escaleras de la facultad. Sonreí y tuve el impulso de abrazarla, pero cuando iba a acercarme, ella me ignoró y pasó a mi lado como si nada.

Me sentí mal. Muy mal. Si bien entendía que no tenía por qué reconocerme ya que en el hospital había pasado la mayoría del tiempo inconciente, no me sirvió esa racionalización.

Por lo visto yo no quería hacer el bien, yo quería que se supiese que había hecho el bien.

Hay un viejo chiste que cuenta que un año un judío decide no ir a rezar en Iom Kipur y en su lugar va a jugar al golf. Los ángeles se enfurecen y le piden a Hashem que lo castigue.

En el primer golpe, el hombre hace hoyo en uno, algo muy difícil de conseguir. En el segundo hoyo su suerte se repite. En el tercero también.

-¡Es Iom Kipur  y ese hombre en lugar de estar rezando está jugando al golf! –protestan los ángeles- ¿por qué le das tres hoyos en uno?
-¿A quién se lo puede contar? –contesta Hashem.

Hacer cosas buenas, nos convierte en buenas personas. Contar que hacemos cosas buenas, no.

No sirve de nada proclamar que uno desea que se acabe el hambre y las guerras en el mundo y después empujar a un anciano para subir antes al tren.

En cambio, aunque nuestras intenciones no sean tan puras, una mitzvá hecha con segundas intenciones -como por ejemplo con la intención de  recibir recompensa o reconocimiento-  también tiene un efecto en nuestra neshamá.

Los Sabios dijeron: Una persona siempre debería ocuparse en la Torá, aunque sea en lo lishmá, ya que de lo lishmá llega a lishmá (Rambam. Hiljot Teshuvá, Cap. 10).

El desafío de hoy será hacer algo bueno por un desconocido. Por nuestros seres queridos o por quienes sabemos que están pasando un momento difícil constantemente hacemos cosas buenas. Sería genial si nos acostumbrásemos a comportarnos así con todo el mundo.

No sabemos por lo que está pasando la otra persona, pero alcanza con saber que respira para entender que tiene alguna clase de problema. Seguramente no hubiésemos sido tan cortantes con el telemarketer que nos molestó a media mañana si hubiésemos sabido que a su hijo le acaban de diagnosticar una enfermedad. No hubiésemos sido tan rudos con la camarera de haber sabido que le acababan de recortar el sueldo.

Una técnica para desarrollar empatía pensar a la inversa y recordar alguna situación en la que hayamos sido maltratados o ignorados cuando lo que necesitábamos era comprensión porque estábamos pasando un momento difícil.

Yo me repito a mí misma siempre la misma historia para sensibilizarse y reconocer que no tengo idea por qué situación está pasando el otro: Hace algunos años, en una de las últimas internaciones de mi madre a´h, yo conseguí que una de sus amigas me suplantara unas horas en el hospital y corrí a hacer las compras.

En la caja del supermercado la cola era larga y esperé pacientemente. Justo antes de que llegara mi turno el cajero la cerró. Cuando le reclamé que desde hacía un largo rato yo estaba esperando mi turno, él me contestó de muy mala manera y me gritó que me había avisado y que yo me había hecho la distraída.

Esos días yo estaba muy sensible y ahí mismo, en el supermercado, me largué a llorar.

Visto desde afuera se podría haber pensado que yo estaba un poco loca o exagerando la situación, pero estoy segura de que si alguien hubiese sabido lo que yo estaba pasando en ese momento, hubiese intentado ayudar en lugar de quedarse mirando.

Para la propuesta de hoy necesitamos empatía. Desarrollarla es bastante fácil; basta cambiar una palabra, tal como se aprende de la siguiente historia:

El rab Lipschutz cuenta que su abuelo tuvo el mérito de estudiar en la Ieshivá del Jafetz Jaim, y que cuando dejó la ciudad de Radin para ir a estudiar a Kelm, el Jafetz Jaim lo despidió diciéndole: “Anda y habla con judíos”.

Primero le dijo “anda”.  No te quedes sentado esperando la oportunidad de convertirte en una gran persona, así no es como sucede, hay que ir hacia allí.

Y después agregó: “habla con judíos”. No dijo “habla de judíos”, no dijo “háblale a judíos”. Habla con judíos. Involúcrate con la gente, acepta el compromiso de que se puede hacer una diferencia.

Faltan 14 días para Iom Kipur. Que tengamos el zejut de hacer hoy muchas cosas buenas y una larga vida para multiplicarlas.

Día 25: Maratón de cocina

septiembre 27, 2016
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En el Diario de Elul de hace tres años a esta altura yo ya había pasado 12 horas cocinando.

No sé ustedes, pero esta vez ni en chiste voy tan adelantada en la cocina. Por un lado me pone contenta, porque quiere decir que estuve más concentrada en temas espirituales, pero por el otro me puse ansiosa y  tengo pesadillas en las que me persigue una cabeza de pescado.

Si bien este año la fiesta cae de manera distinta manera (en jutz l´haretz aqeulla vez tuvieron tres iamim tovim), creo que es momento de poner un poco de atención en los preparativos del jag.

La propuesta de hoy es resolver un tema técnico para Rosh Hashaná. Depende de dónde nos encontremos, puede ser hacer la lista de compras, salir a buscar zapatos para nuestros hijos, mandar el traje a la tintorería o empezar a cocinar.  El  desafío será hacerlo con alegría e intercalar nuestras tefilot para que esos actos conecten lo material con lo espiritual.

Faltan 15 días para Iom Kipur. Si mis cuentas no fallan, eso nos deja a cinco días de Rosh Hashaná, con shabat de por medio. No quiero crear ansiedad, pero es hora de ir acelerando.

Repito el post de hace tres años a ver si nos da un poco de impulso. Quizás se hereden de ahí algunas ideas:

12 horas cocinando

Es inevitable. Cuanto más se acerca el jag más terrenales se vuelven mis actos. Me gustaría postear algún jidush de Rosh Hashaná, revelar una kabaná secreta para el momento de escuchar el shofar o dar una técnica infalible para perdonar a los diseñadores que usan Comics Sans.  

Todo eso será otro día. Hoy tengo que cocinar.

Con tres Iamim Tovim (más este shabat) por delante, supongo que estamos a punto de un ataque de soberbios nervios. No es fácil organizarse. La verdad es que creo que las mujeres somos heroínas. Tendríamos que vivir con la música de carrozas de fuego de fondo. 

Como también tengo que trabajar, ir a la peanit y ocuparme de mis hijos, la idea es ir intercalando la cocina y que en todo momento haya algo en el fuego. Voy a poner una alarma para cada hora del día y en el instante exacto en el que la alarma suene, registraré fotográficamente lo que esté pasando en mi cocina ¿Me acompañan?

Campana de largada

10.03: Cuando volví ayer a la noche  el pedido de verduras estaba esperándome. Como no tenía fuerzas, sólo guardé lo que necesitaba heladera. Así que ahora tengo que ordenar el resto.

¿Quieren saber lo que hago con tantos ajos?  en un rato les cuento

¿Quieren saber lo que hago con tantos ajos?
en un rato les cuento

11.07: Empiezo con algunos simanim. Hiervo las remolachas y las cabezas de Moby y Dick pescado. La primera fuente de berenjenas lista para meter en el horno. Yo no pruebo una berenjena ni que me amenacen con obligarme a comerme los ojos del pescado, sin embargo preparo berenjenas porque mi marido no puede vivir sin mí sin ellas. Por la ventanilla de la derecha se puede apreciar el puerro en remojo.

¡¡¡que cacho de cabezas de pescado!!!

¡¡¡que cacho de cabezas de pescado!!!

12.02:  Ajos rostizados: cortarlos como se ve en la foto, agregarles un ladrón chorro de aceite de oliva, envolverlos en papel de aluminio y listo. Al horno 30 minutos.

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13.16: Milanesas de bácala para la cena. Mi sistema para cocinar para shabat es cocinar los pescados y las entradas al mismo tiempo y después limpiar la cocina y empezar con los pollos, carnes y acompañamientos. ¿El postre? -Bien, gracias.

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¿Qué le dijo un pez al otro? Nada.

14.38: Eterno hervor de las remolachas. Todavía no se hicieron. Por lo menos las milanesas están listas. Si no me ocupaba de la cena ahora, después me embrollo más y termino pidiendo pizza. Dejo lista verdura fresca para las ensaladas de shabat. Los puerros rehogados para hacer las tortillas de los simanim.

Salió todo amontonado. La casa es chica pero el corazón es grande.

Salió todo amontonado, disculpen, la casa es chica pero el corazón es grande.

15. 05: Guefilte fish para Rosh  Hashaná. En Israel los venden listos para meter en la olla o en el horno.  Hago dos o tres y los guardo en el freezer, así no tengo que hornearlos cada semana. Las remolachas siguen su curso… me tengo que ir un rato ¿las dejo hirviendo?

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16.13: Estos ajos son una delicia fríos o calientes. Para comerlos hay que presionar desde la parte inferior y el diente sale solito.

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17.24: Termina la primera etapa (verduras y pescados). Hice tortillas de puerro para los simanim y el kuguel para shabat. El pollo del sábado también está listo, pero no quiso salir en la foto porque dice que siempre sale con cara de pavo.

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18.48: Como ya tenía los pollos descongelados no me queda otra que prepararlos. La receta es la de cerveza y tomate. En general la preparo de una manera más simple, pero l´kvod Rosh Hashaná, esta vez seguí todos los pasos. En la foto se ve el pollo rehogado, pero no cocinado, todavía le falta más de una hora de horno.

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19. 56: Es tradición invención mía que en Rosh Hashaná en mi casa se comen ñoquis. Me imagino a mis bisnietos buscando el origen kabalista de esa tradición sin encontrarla por ningún lado.

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21.01: Con mis últimas fuerzas. En la olla del fondo, carne al vino para shabat a la noche. Los ñoquis van directo al freezer hasta erev jag.

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22.03: La foto no le hace justicia, pero en carne y hueso este pollo tiene una pinta bárbara. Abajo va la receta, por si quieren intentarlo.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAMisión cumplida. Doce horas cocinando. Ahora ¿quién me ayuda a limpiar la cocina?

Día 24: Fuga de cerebros

septiembre 26, 2016
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El gaucho es un entretenimiento para los caballos.

Macedonio Fernández

 

Me llamo Judi y desde hace ocho días y trece horas no uso Twitter.

Hace ocho días y catorce horas yo estaba leyendo mis actualizaciones de Twitter y se me ocurrió preguntarles a mis seguidores si ellos se conformaban con quienes eran o trataban de mejorar.

-Mejorar sería dejar Twitter –contestó un desconocido.
-¿Te referís a vos o a mí? –retruqué intentando esquivar el bulto.
-A los dos –insistió.
-Tenés razón –le hice caso y me desconecté.

 

Puedo justificar Twitter de varias maneras:

  1. Me mantiene al tanto de las noticias sin necesidad de leer diarios.
  2. Elijo a quien seguir, por lo que estoy expuesta sólo a las ideas de las personas que me interesan.
  3. Me entero por Twitter de cada tema de seguridad en Israel incluso antes de que salga en las noticias.
  4.  Escribir ideas en 140 caracteres es un ejercicio literario que me interesa.

Todo esto me lo creo, pero en algún lugar de mi recién rescatado corazón sé que también gracias a Twitter termino enterada de un millón de noticias intrascendentes, presenciando discusiones ajenas y perdiendo un tiempo que no tengo.

Yo acepté el desafío de un desconocido -bli neder hasta Iom Kipur, por lo menos- y me di la oportunidad de ver cómo sobrevivo sin enterarme al instante del último atentado antisemita.

Antes de dejar me hice las siguientes preguntas:

  • ¿Pierdo el tiempo en Twitter?
  • ¿Voy a Twitter cuando estoy aburrida?
  • ¿Utilizo Twitter para no pensar en mis problemas y como escape de mis preocupaciones?
  • ¿Alguna vez desatendí mi trabajo o a mi familia por culpa de Twitter?

De mis respuestas, dos de cuatro fueron sí. Más que suficiente para reconocer un exceso en el (mal) uso de esa red social.

El desafío de hoy es que ustedes se hagan esas mismas preguntas reemplazando Twitter con el entretenimiento que cada uno sienta que sería bueno disminuir.

Las respuestas pueden ir desde el Candy Crush hasta el chocolate de la alacena, pasando por Facebook, las eternas charlas telefónicas con amigas o chequear mails compulsivamente.

Les propongo que nos liberemos por un tiempo de la esclavitud de mantenernos constantemente entretenidos para que veamos cómo somos y  cómo funcionamos sin esos escapes automáticos y  esa búsqueda de satisfacción instantánea.

Si les gustó el desafío de hoy, mejor no le den like. Esa sería la primer decisión saludable para atravesar los 16 días que faltan para Iom Kipur un poco menos distraídos.

 

Es mi obligación aclarar que no me refiero a las adicciones. No me atrevería a insinuar que un ejercicio tan liviano puede ayudar en esos casos. Tampoco tengo en claro el límite entre mal hábito y adicción. Si alguna persona siente que podría beneficiarse de gente especializada en el tema, les recomiendo esta página en donde encontrarán toda la información necesaria y el contacto con gente capacitada en el mejor método para tratar las adicciones: https://guardyoureyes.com/spanish/index.php

 

watsapp

Por supuesto, la imagen es de Twitter…

 

Día 23: Hashem y yo un solo corazón

septiembre 25, 2016

“Amarás a Hashem, tu Dios, con todo tu corazón” (Devarim 6:5)

img_0059El corazón y la botella. Oliver Jeffers.

 

Hace un tiempo Andi me regaló un libro que cuenta la historia de una niña que guarda su corazón en una botella.

Me lo regaló porque sabe que ese cuento habla de mí. Fue una manera sutil de iluminar una zona opaca de mi vida.

Muchas veces salgo y dejo el corazón en casa. Lo dejo porque se me hace demasiado pesado y me parece que no puedo hacer lo que tengo que hacer si estoy condicionada por mis sentimientos. Además no puedo dejar de relacionar el corazón con la cursilería de una novela de Verónica Castro.

Sé que es un mecanismo desabrido que me convierte en una especie de hombre de hojalata. No como en El mago de Oz, donde Tin Woodman busca un corazón, sino que me transformo en un hombre de hojalata eficiente que avanza como un tren, sin detenerse y consigue en un día el triple que quienes navegan en el mar de sus emociones.

Soy tan rebuscada que hasta lo justifico con la mitzvá de no dejarse llevar por el corazón (Bamidbar 15:39).

Hay quienes  me ha refutado esa excusa preguntándome por qué entonces no cierro los ojos para cumplir con la segunda parte del versículo, pero en esos casos hago de cuenta que estoy pasando por un túnel y no tengo señal, por lo que la comunicación se corta. Utilizo ese recurso aunque no esté hablando por teléfono.

Como verán tenía todo bien resuelto hasta que estudiando el tema de la teshuvá llegué  al consejo de Shlomo HaMelej (Kohelet 11:9): “Sigue el camino de tu corazón”.

¿¡Qué!? Qué sé yo dónde está mi corazón. Es posible que haya tirado la botella en la limpieza de Pesaj.

Los sabios interpretan el versículo de Kohelet explicando que la persona debe comenzar su teshuvá mejorando en las áreas por las que su corazón siente inclinación. Quien sienta inclinación por el estudio, deberá comenzar por allí  y quien sienta inclinación por las relaciones humanas, deberá focalizar su teshuvá y comenzar a trabajar en esas áreas.

Parece que para llevar  una vida de Torá es indispensable el corazón: la última letra de la Torá es lamed y la primera es bet: juntas forman la palabra lev (corazón). De una punta a la otra la Torá forma un corazón.

En el Pirkei Avot (cap 2 mishná 9) Raban Iojanan ben Zakai le pregunta a sus alumnos cuál es el camino que debe seguir el hombre y entre las respuestas de todos sus alumnos se queda con la de Rabi Eleazar ben Araj: “Un buen corazón”. A continuación pregunta cuál es el camino del que se debe alejar el hombre y nuevamente se queda con la respuesta de Rabí Eleazar: “Un mal corazón”.

Nuestros caminos están guiados por el corazón.

Yo ahora mismo estoy sacando mi corazón de la botella. No digo que ustedes también lo tengan guardado, pero con el desafío de hoy los invito a examinarlo y aplicar el consejo de Shlomó HaMelej dirigiendo la teshuvá en la dirección que nuestro corazón indica.

 

Si sintieron predisposición por el tema de la conexión de Elul y el corazón, les recomiendo este artículo basado enlas enseñanzas del rab  Itzjak Guinzburg

Día 21: La gran teshuvá

septiembre 23, 2016

Mi interés por el medio ambiente es gigante, sin embargo mi contribución es microscópica. Mi realidad va por un lado y la ilusión por el otro.

Me gustaría vivir en una casa alimentada por energía solar, recostarme al atardecer en un sillón construido con materiales reciclados y comer uvas de la parra del jardín.

La verdad es que cuando tengo más de dos invitados, no tengo dudas en usar platos descartables.

Reconocer esta paradoja en mi comportamiento me enfrenta al dilema de si lo poco que hago vale la pena o no sirve para nada.

Conmigo es blanco o  negro. Si no soy la presidenta de Greenpeace creo que no tiene ningún valor reciclar las botellas de vidrio.

Ante todo la coherencia. Seré mezquina pero seré coherente. No sea cosa que me consideren un fraude si descubren que aparte de descomponer pilas en arena también uso desodorante en aerosol.

Lo que me sucede con la ecología, también me pasa con la teshuvá. Es todo o nada.

Mi interés es enorme, pero mis logros mínimos. Alguna vez he logrado hacer  la gran teshuvá, pero la mayoría de las veces pierdo energía a mitad del camino y hago teshu… ¡bah!

Es como que me pierdo en el proceso, me queda grande. Por supuesto conozco las halajot de teshuvá y sus 4 pasos, pero me falta algo práctico que me demuestre que estoy moviendo algo.

El desafío de hoy es fácil -especial para un viernes-: habrá que imprimir estas dos maravillosas clases de NLE  (Ner Le Elef) y leerlas en Shabat: Parte 1. Parte 2.

Quedan 19 días para Kipur. Si seguimos  dando pequeños pasos conseguiremos un gran avance.

 

 

Día 20: Slijá

septiembre 22, 2016
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Sería muy fácil hacerme la osa y no aparecer hoy por acá, pero tomé coraje y vino.

Ups. Tomé coraje y vine, quise decir.

Vine a pedir perdón por repetir un post que muchos ya han visto. Lo repito porque es perfecto para alentar el desafío de hoy y porque es una de las cosas más serias que he escrito.

La propuesta de hoy será reconciliarnos con alguna persona con quien estemos peleados.

Ya sé que pido algo difícil. Fácil es decir perdón como una palabra suelta: perdónporlatardanza, perdónporlamolestia, pero cuando de verdad necesitamos ser perdonados, necesitamos coraje para atrevernos a pedir perdón.

El arrepentimiento nos cuesta, nos moviliza. Y así debe ser, porque la teshuvá verdadera implica escalar nuestros miedos, superar la vergüenza y reconocer que más allá de ser tan buenos y especiales, a veces nos equivocamos.

Quedan 20 días hasta Iom Kipur, pero hoy les juego una carrera: Quien sea el primero en cumplir este desafío, que Hashem le otorgue una mayor recompensa.

 

10 formas en las que NO se pide perdón.

1. Burlarse sarcásticamente de los sentimientos ajenos

-¡Ay! ¡perdón si la señorita se ofende porque publiqué una foto en donde ella sale bizca y con lechuga en un diente!

2. Hacerse el desentendido y generalizando

-Quería disculparme por lo del otro día… todo el mundo comete errores… yo nunca tengo intención de lastimar a nadie.

3. Enojado y sin sentir que es a uno a quien le corresponde pedir perdón

-Querida, perdón por haber quemado tu sartén preferida mientras vos estabas de vacaciones con tus amigas y yo me ocupaba de los chicos y de la casa.

 

4. Restarle importancia

-¿Cómo te vas a enojar por esa tontería?  fue un chiste, bue, dale, si querés te pido perdón, pero no es tan grave si me llevé tu tapado de la fiesta y tuviste que volver sin abrigo bajo la lluvia y por eso te agarraste una pulmonía.

5. Exagerar melodramáticamente

-¡Perdón! ¡perdón!  No puedo superar lo que hice. ¡Necesito que me perdones! ¡No puedo seguir así! prometo no volver a comerme el último knishe que quedaba en la heladera.

6. Lavarse las manos

-A mí no me parece grave,  pero si querés te pido perdón.  Lo siento… aunque no sé por qué me estoy disculpando si en realidad no tengo la culpa de nada.

7. Enrollarse con las palabras y embarrar más las cosas

-Perdón por no haberte invitado a la cena, igual al final no se hizo en realidad se hizo otro día pero era mejor que no vinieras. ¡No! no quise decir eso, es que alguien me pidió que no te invitase porque te encuentra repulsivo

8. Expresarse de manera forzada

-He desarrollado por escrito un documento en el que certifico mi pedido de perdón. Quedaré muy agradecido si eres tan amable de firmarlo para dejar constancia de nuestro acuerdo.

9. Sin sentir ningún remordimiento

-Es verdad, hablé mal de vos, pero sólo porque te lo merecés.

10. Fingir arrepentimiento pero sabiendo que lo volverías a hacer

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-Perdón por no haber ido a la reunión de trabajo y en su lugar haberme quedado en casa en pijama, tomando helado y leyendo BuzzFeed.

Día 19: Orden en la sala

septiembre 21, 2016

cafe

Hace poco mi hija aprendió a marcar nuestro número de teléfono y se divierte llamando a mi casa desde el celular. Ella llama desde su habitación, yo la atiendo desde la cocina y charlamos un rato. Algunas veces llama y no atiendo porque estoy ocupada. En esos casos atiende el contestador automático y durante un rato se graba lo que sucede en mi casa.

Hoy abrí la casilla de mensajes:

-Usted tiene nueve  mensajes nuevos -dijo la voz robótica de la compañía telefónica -presione 2 para escucharlos.

Todos eran mensajes que se grabaron el viernes pasado cuando mi hija llamó jugando y yo, por estar ocupada con los preparativos de shabat, no le contesté.

-Hay que poner la mesa y llevar los zapatos a la habitación –se me escuchaba decir en el primero.
-Lleven los zapatos a la habitación, ordenen los libros –decía en el segundo.
-Preparen las velas, lleven las botellas a reciclar –pedía en el tercero.
-Saquen la basura, entren a bañarse –decía en el cuarto.
-Ordenen los libros, hay que poner la mesa –exigía en el quinto.
-Lleven las botellas a reciclar –ordenaba en el sexto.
-Entren a bañarse, preparen las velas, saquen la basura –se escuchaba en el séptimo.
-Pongan la basura, lleven la mesa, preparen las botellas, báñense los libros. –subía el tono en el octavo.
– ¡Basta! –gritaba en el último.

Me reí mucho al escuchar esos mensajes.

Mentira. No me reí nada.

Creo que el viernes me hubiese venido bien tomar un café y relajarme un rato. Está muy bien ser una persona activa, eficiente, organizada. Yo no lo estaba logrando. Quizá me hubiese ayudado tomarme un descanso.

La propuesta de hoy es que tomemos un café.

Los veo a través de esta pantallita respirando aliviados. Parecen mis hijos cuando digo que me voy a descansar un rato.

Estamos a mitad de la travesía y para evitar que con el trabajo de Elul  nos suceda lo mismo que a mí me pasó el viernes, tomémonos un día para ordenar las ideas.

Aquí ofrezco un resumen de lo que venimos haciendo hasta ahora. Si quedó algo pendiente es buen momento para ponernos al día.

  • Desafío 1: Nos comprometimos internamente a trabajar en Elul para llegar más preparados a Iom Kipur.
  • Desafío 2: Revisamos nuestra agenda y escribimos tres cualidades buenas junto a los nombres frente a los cuales se nos presentaban malos pensamientos. Por otro lado también hicimos llamados de acercamiento y pedimos perdón a quien correspondía.
  • Desafío 3: Elegimos cuatro “productos” espirituales que queríamos adquirir y comenzamos a trabajar para conseguirlos.
  • Desafío 4: Nos apresuramos a terminar un tema pequeño que teníamos postergado y revivimos un proyecto abandonado.
  • Desafío 5: Reconsideramos algún hecho de nuestro pasado que nos resultaba conflictivo o doloroso e intentamos descubrir sus consecuencias positivas.
  • Desafío 6: Dimos tzedaká le ilui nishmat (para la elevación del alma).
  • Desafío 7: Pensamos en una cualidad que mantenemos oculta y buscamos la manera de utilizarla de una manera útil para nuestra comunidad.
  • Desafío 8: Agrupamos ítems que no son nuestros, que nos prestaron y todavía no habíamos devuelto y nos ocupamos de resolverlo. Estudiamos la importancia de no quedarse con nada ajeno.
  • Desafío 9: Elegimos prestar más atención en una mitzvá fácil que hayamos descuidado (como por ejemplo cortarse las uñas erev shabat, o ponerse los zapatos de la manera que lo ordena la halajá).
  • Desafío 10: Definimos nuestro objetivo en la vida. Elegimos entre una vida espiritual o una vida material.
  • Desafío 11: Pensamos en algo  importante que no estamos haciendo porque “las condiciones no están dadas” y buscamos alternativas y recursos para llevarlo a cabo.
  • Desafío 12: Comenzamos a estudiar el vidui.
  • Desafío 13: Nos ejercitamos para empezar a reconocer la mano de Hashem detrás de cada acontecimiento fortaleciendo esa conciencia cada vez que decimos la brajá de  shehakol.
  • Desafío 14: Nos ocupamos de estudiar el tema de onat devarim en grupo o en jebruta.
  • Desafío 15: Nos tomamos un café (puede ser también mate o té), respiramos profundo, nos felicitamos por lo que hemos hecho y juntamos fuerzas para seguir trabajando con energía los 21 días que faltan.
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